Opinión

Las voladuras de Herminio

La exposición del escultor asturiano, clausurada ayer en Turón

Lograr la armonía de la horizontalidad es casi una obsesión en la obra calculada, milimétrica, exacta, y a la vez espontánea y natural de este artista de sensibilidad única, pleno de humanidad y con brotes de genialidad frecuentes y sencillos.

Las esculturas de Herminio alzan el vuelo, se mecen, bailan caprichosas al tacto de las manos que generosas las acarician para empujarlas hacia lo alto. Todo en ellas es estético, limpio, de una belleza sutil que muestra a la perfección la personalidad del artista.

Herminio es como su obra, imposible, ligero, impecable, de una presencia rompedora a pesar de su sencillez.

El Pozo de Santa Bárbara, único en España declarado Bien de Interés Cultural, encumbró estos meses a Herminio mimetizando su obra con el entorno de la mina, un espacio de indudable tensión, pero de perfecto y humano equilibrio. Y Herminio encumbró al "Pozu" haciéndolo sentir vivo, mostrándole que la vida es un devenir constante, que nada es lo que parece, que las cosas ocurren, las personas pasan, y que todo permanece a la vez que cambia.

La obra de Herminio es inmortal, imperecedera, maravilla gloriosa de fluidez que en tiempos convulsos nos reposa, nos detiene, nos amaina para mecernos bajo la brisa suave y delicada de la vida.

Siempre en el camino de la búsqueda incansable de la pureza de los sentidos y de la geometría delicada de la grandeza del aluminio, el acero y el cristal imantados. Porque el magnetismo se convierte ahora en un elemento creativo imprescindible para hacer volar a Herminio a horcajadas sobre la cálida y armoniosa horizontalidad de sus obras. Libres, volátiles, intuitivas. Porque es la intuición la que siempre dota de vida a la creación artística. Sin embargo, y para contradecir al magistral Kandinsky, aquí lo matemático y deductivo, basado en medidas y pesos exactos, producen arte en sentido puro, espiritual.

Herminio es rotundo, definitivo, trabaja con el espacio y el tiempo como un moderno leonardino, encontrando su propio lenguaje, innovador, colorista, puro, mental y material.

Gracias al Ayuntamiento de Mieres por acercarnos a Herminio, por democratizar el arte y darle sentido a través de quienes curiosos nos acercamos a él. Porque la obra cobra sentido cuando nos hace vibrar el alma, cuando misteriosamente abre puertas y caminos y envía luz a las partes más oscuras de nuestra conciencia.

Herminio, nuestro artista más internacional, merece ser reconocido, homenajeado, repetido. Su alma es sutil, emocionante, exigente, perfecta, refinada. Ante él, el tiempo y el espacio se detienen, le reverencian y continúan para ampliar el círculo de la estridente intensidad de la vida.

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