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Adrián Vega

Tribuna

Adrián Vega

Valle-Inclán estuvo aquí

El breve paso del escritor por Turón en 1926 para dar una conferencia en vísperas de la festividad del Cristo, un evento que generó una gran expectación entre los vecinos de la zona y que no decepcionó

Decía Manuel Azaña que resultaba muy difícil atisbar el rostro del escritor del que nos ocupamos en la historia de hoy, pues "estaba oculto tras una máscara construida con el variopinto muestrario de anécdotas auténticas o atribuidas". Lo cierto es que el creador del esperpento siempre entendió eso que ahora conocemos como "personal branding" mejor que nadie, logrando una imagen personal muy atractiva para las grandes masas, con su barba "hipsteriana" y su forma de vida bohemia, evidenciando además que la actitud "hater" probablemente sea tan antigua como la humanidad y no sea solo cosa del internet, a pesar de que a Valle –como popularmente se le conocía– calidad literaria para divertir, emocionar y conectar con los lectores le sobraba.

Fuese como fuese, es fácil de imaginar la gran expectación que generaría la visita que nuestro personaje realizaría al valle de Turón en el año 1926 con el fin de ofrecer una conferencia titulada como "Algunos caracteres de la literatura española" tras haber sido invitado por el Ateneo de Turón. Por aquel entonces, el literato ya había publicado su obra "Luces de bohemia" y era todo un ídolo de masas, como demuestra el hecho de que en una ocasión en la que el escritor gallego necesitaba una transfusión de sangre, el pueblo madrileño se volcó en donarla para salvar a uno de sus escritores más queridos. De hecho, se cuenta que el mismísimo José de Echegaray –auténtico hombre orquesta: escritor de éxito (hasta el punto de obtener el Premio Nobel de Literatura en 1904 , ministro de Hacienda y matemático)– se acercó al hospital para colaborar de igual forma con su colega, a lo que Don Ramón María respondería al enterarse con la siguiente lindeza: "No quiero la sangre de ese, pues está llena de gerundios".

Retomando la historia de la institución que organizaría dicho acto, mencionaré que por aquel entonces, los ateneos obreros nacían como espacio de socialización y de difusión cultural, creando bibliotecas populares, centros de lectura, impulsando además actividades de ocio, deporte y esparcimiento, siendo el Ateneo de Turón obra de los señores Dámaso Díaz, César Llaneza y Sandalio Suárez, datando su reglamento del 9 de marzo de 1925 y no contando aún con una sede física permanente. Por ello, su directiva solicitaría formalmente al empresario Froilan Álvarez y a su esposa Adela Suárez –quienes eran por aquel entonces propietarios del "Salón Variedades"– el poder utilizar sus instalaciones situadas en La Veguina como espacio para sus actividades, accediendo estos a sus pretensiones con cierto entusiasmo, llegando a ofrecer gratuitamente el teatro que tenían pensado construir en poco tiempo y que llevaría el nombre de "Cine Froiladela" y contaría con mucho más aforo.

Curiosamente, la conferencia de Valle-Inclán sería la encargada de estrenar dicho edificio el 10 de septiembre de 1926 a las 19.30 horas a pesar de que su inauguración oficial correría a cargo del Orfeón de Mieres cuatro días más tarde durante la celebración de las fiestas del Cristo. Según relatan las crónicas de la época, serían numerosísimas las personas que se congregaron ante sus instalaciones a las cuales, en principio, solo accederían los socios mediante invitaciones, ofreciendo una ensordecedora ovación al padre del esperpento ya sentados en sus butacas. De su presentación se encargaría José Lorenzo en su condición de presidente de dicha institución, dedicándole unas breves pero cariñosas palabras, encontrando también tiempo para elogiar la labor de todos los socios que habían hecho posible dicho evento.

Una vez comenzada la exposición brindada por Valle, llamó poderosísimamente la atención su tono de voz grave y su entonación lenta, dirigiendo su primer "zasca" hacia la población española, la cual, en su opinión, estaba mucho más acostumbrada a recibir discursos por parte de los ponentes que a dialogar con ellos tal y como sucedía en Estados Unidos, donde el literato había comprobado en diciembre de 1921 que el conferenciante proponía unos puntos de debate para intercambiar opiniones con todos los espectadores de dicha charla, para mostrar a continuación su decepción por la ingratitud que recogía de su trabajo, manifestando resignado que "el arte es el consuelo del trabajo, por ser su expresión estética".

En su discurso también habría sitio para el Valle-Inclán más personal, quien con gesto de melancolía confesaría que había aspirado a ser militar, fracasando en el intento "al asomarse en el antro de la milicia". Es de sobra conocido, que la familia Valle contaba con abolengo militar, pues un antepasado suyo, Miguel del Valle-Inclán había sido soldado en la conquista del Perú y esta visión que tenía sobre lo castrense sería analizado por Anthony Gooch en tres etapas. La primera, mucho más romántica, idealista y heroica, enclavándose esta conferencia en la segunda etapa en la que Valle vería al ejército español como desorganizado. Poco tiempo después de este acto, vendría la tercera etapa en la que el literato mostraba en "El ruedo ibérico" al pueblo como oprimido y al mismo tiempo era tachado por el dictador Primo de Rivera como "extravagante" y se sentía perseguido, llegando a ser encarcelado tras negarse a pagar 250 pesetas tras realizar comentarios jocosos sobre el Régimen.

Prosiguió su relato afirmando que se marchó para América lleno de amargura tras esta decepción pero "pletórico de optimismo y juventud" refiriéndose al primer periodo de los tres en los que visitaría América. Pese a ello, aún le quedaba alguna afición hacia lo castrense pues mandó confeccionar un traje militar considerándose a sí mismo como "soldado en las tierras de la Nueva España". Continuó haciendo referencia al último viaje en el que conocería "a un hombre que realizó su sueño" refiriéndose al que fuera presidente de México, Álvaro Obregón, quien lo había invitado para las fiestas conmemorativas del centenario de la independencia mejicana. En ese punto conviene detenernos, pues la figura de dicho militar y labrador, pudo inspirar, según algunos autores, al personaje de Filomeno Cuevas de su novela "Tirano Banderas", pues este era un criollo ranchero que planificó el levantamiento revolucionario contra dicho sátrapa, en quienes algunos ven reflejada la figura de Porfirio Díaz en su antagonista, aunque con toques de Rodríguez de Francia y de Juan Manuel de Rosas, entre otros.

Sobre dicha novela no haría ninguna mención más en su parloteo, pese a que estaba próxima su publicación ya que esta vería la luz el 15 de diciembre de ese mismo año, siendo muy posible que durante su gira asturiana estuviera realizando reubicaciones y correcciones, ya que según Francisco Caudet, uno de los mejores historiadores de la literatura de nuestro país y recientemente fallecido, la versión final la perfiló durante el verano-otoño de 1926. A pesar de ello, dicha obra se trata de una novela excepcional, considerada por muchos como su gran obra maestra, llegando a ser incluida en la lista de las mejores cien novelas en español del siglo XX.

Sí que encontró palabras el bueno de Valle para atizar con extrema dureza a Blasco Ibáñez a quien calificó de "mal patriota" sin entrar en más detalles, afirmando que "con hombres así nunca iréis a la revolución", quizás más por su vida lujosa en la Costa Azul o por su aventura colonizadora en Argentina que por la publicación del libelo que el valenciano había redactado durante su exilio en Francia y que se titulaba "Por España y contra la Monarquía" en el que culpaba a Alfonso XIII de todos los males que tenía el país.

Entre las paredes del Ateneo, resonó la acusación que le hizo de ser "ruidoso chantajista" durante su visita a México, haciendo probablemente referencia a una serie de artículos publicados por el autor valenciano en más de 700 periódicos americanos en los que según la postura mexicana se había vendido a los yanquis.

Tal era el odio que le profesaba, que a la muerte de Vicente Blasco Ibáñez en 1928, nuestro personaje manifestaría al conocer tal suceso que no había muerto, dando a entender que era "un reclamo para vender más libros". Se cuenta que Valle llegó a pensar que Blasco era el jefe de una conspiración dedicada a que no vendiera libros y parece bastante probable que tuviera cierta envidia del éxito abrumador de ventas que tenía Ibáñez, cuya obra "Los cuatro jinetes del apocalipsis" había vendido a la Metro por 20.000 dólares conquistando Hollywood en 1921 con Rodolfo Valentino en la gran pantalla, siendo considerado por los lectores de todo América como el segundo autor internacional más conocido de ese año 1926, solo por detrás de H.G.Wells, tras vender dos millones de ejemplares de dicha novela, un auténtico best-seller.

Otro aspecto a destacar en su conferencia fue la mención a su vida como "cafetín" en los populares cafés madrileños a los que describe como vulgares peñas "donde todos los días poníamos un personaje sobre el tapete y lo atacábamos hasta tumbarle" asegurando que "les enterrábamos sin rezarles el responso". Buena prueba de que los habituales del madrileño Café de la Montaña sabían como se las gastaba Valle-Inclán fue la pérdida de su brazo en 1899 tras un acalorado debate sobre la valía de españoles y portugueses con el también escritor Manuel Bueno.

Su aventura turonesa terminaría con Don Ramón pidiendo un esfuerzo a todos los asistentes "para el mejoramiento de la patria para que nuestros hijos se encuentre con un país mejor preparado literariamente" y con una inenarrable ovación del público. Lamentablemente, el 28 de marzo de 1927 hacia la una de la madrugada, unas llamas de aspecto imponente redujeron a escombros el edificio en el que Valle-Inclán había dado su conferencia tras haberse iniciado el fuego en una droguería repleta de materiales inflamables, tales como alcohol, gasolina y carburo.

Los festejos continuarían desde el día 11 hasta el día 19 y contarían con las interpretaciones de la laureada banda de Ingenieros de Madrid, carreras de bicicletas hasta Collanzo, partidos entre el Real Sporting de Gijón y el Real Stadium de Avilés y durante ese Cristo, el Ateneo de Turón celebraría un acto en el que se hacía la entrega de la donación número mil a su biblioteca. Curiosamente, pudimos conocer un año más tarde la lista de los diez autores más consultados de su librería, entre los que figuraba lógicamente Valle-Inclán como uno de los diez autores más consultados y en el que no pudo evitar que Vicente Blasco Ibáñez liderase dicho ranking a pesar de su masterclass turonesa.

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