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Javier García Cellino

Velando el fuego

Javier García Cellino

Otra vez Duro

Los problemas de la histórica compañía, que tuvo una fuerte implantación en las Cuencas

"El panorama está negro, muy negro". Esta fue la frase que escuché al sentarme a la mesa habitual de la tertulia.

Aunque no tenemos un horario prefijado, acostumbramos a llegar a una hora parecida, de modo que, cuando se inicia cualquier tema, por lo común estamos todos prestos a ensanchar bien los oídos.

Era lógico que preguntara por el asunto que se estaba tratando, y no me extraño mucho que la empresa Duro Felguera fuera la principal protagonista. "Una vez más, por desgracia", matizó uno de los presentes.

Otro de los participantes había trabajado en Duro, de modo que fue desgranando –con la complicidad de algunos de nosotros que habíamos participado también en anteriores luchas laborales del grupo– un relato que comenzaba muchos años atrás. Huelgas, despidos… y un episodio capital como fue el encierro en la catedral de Oviedo.

De ahí a mencionar a alguno de los líderes sindicales no había más que un paso. El puente se cruzó de inmediato cuando se hicieron las oportunas referencias a dos destacados protagonistas –sin olvidarse del resto de los afectados– como fueron en su momento Terán y Tino.

Era obligatorio recordar las palabras de estos, más o menos: "Si la empresa no presenta un plan de futuro, todo quedará en aguas de borrajas".

Y es bien sabido que así sucedió (entre otros significados, la frase hace referencia a algo que termina teniendo un desenlace decepcionante). Colocados ya en primera línea del debate, hasta se hicieron alusiones a cuestiones más o menos metafísicas. Pronto nos pusimos de acuerdo en que la empresa tenía alma y, por tanto, poseía movimientos propios.

Si bien, estos viajaban siempre en la misma dirección: cuando más ganancias obtenga, mejor. Y, además, sin importarle nada el sufrimiento de los trabajadores o los territorios en barbecho que va dejando a su paso. De estos apartados dieron fe numerosos sucesos que se fueron desempolvando de la memoria.

Cuando los tertulianos comenzaron a retirarse, me quedé con la frase de uno de ellos: "El panorama está negro, muy negro", y a continuación abrí el periódico para leer (mi amiga Jovi, la dueña del bar, diría mejor "estudiar") las noticias que aparecían ese día en LA NUEVA ESPAÑA de las Cuencas.

En una, de un modo literal, se anunciaba que "Duro planteará hoy “in extremis” su última oferta para el despido de 248 trabajadores".

Encogido aún mi ánimo ante el inminente desenlace, me di de bruces con la receta del BCE que cuestiona el impuesto a la banca y recomienda trasladarlo al cliente. Y para que nada faltara en ese museo de la inmoralidad, Madera y Alonso encabezaban el escalafón de las familias asturianas más ricas, poseedoras cada una de ellas de un patrimonio de tantísimos y tantísimos millones de euros que, a buen seguro, servirían para hacer más llevadera la situación de muchas personas que son incapaces de consumir alimentos más allá de mediados de mes. Y eso en el mejor de los casos.

Volví a repensar la frase del tertuliano, y me dije que si bien era cierta su expresión, aún distaba de acercarse fielmente a la realidad. "El panorama está negro", sí; "muy negro", ciertamente; pero, sobre todo, negrísimo a más no poder.

Y lo que es peor: ciudadanía inerme, partidos políticos y sindicatos faltos de músculo…, sin que de momento haya indicios de que se pueda aclarar el paisaje.

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