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José Luis Álvarez Valdés

El Padre Eugenio, eterno en La Felguera

El dominico fue profesor del Colegio Santo Tomás y dejó una profunda huella de cariño y respeto

Fr. Eugenio Martínez Valle nació el 2 de junio de 1938, en La Velilla de Valdoré, provincia de León. Sus padres, Julián y Guadalupe, tuvieron nueve hijos. Con ellos creció Eugenio y se educó en la fe y en los valores humanos de la laboriosidad, el respeto, la acogida y la atención mutuas.

Cursó sus primeros estudios en su pueblo natal y el bachillerato en la Escuela Apostólica de San Juan Bautista de Corias, en Asturias.

Tomó el hábito de la Orden Dominicana el 25 de septiembre de 1957, en el convento de Santo Domingo de Caleruega (Burgos), donde emite su primera profesión. Continua los estudios de filosofía en el Instituto del Convento de Nuestra Señora de Las Caldas de Besaya, en Santander, y de teología en la Facultad del convento de San Esteban Protomártir, de Salamanca donde hace la profesión solemne el treinta de septiembre de 1961. Culminada su formación, se ordena sacerdote en Salamanca el 11 de julio de 1965.

En 1966, es destinado al convento de Jesús Obrero de La Felguera, donde permanecerá la mayor parte de su vida.

Compañero atento, cumplidor en sus obligaciones, devoto en la oración común, predicador elocuente e incisivo que mostraba un notable nivel cultural.

Fue en el Colegio Santo Tomás de La Felguera donde desplegó su actividad docente, casi siempre en el área de la Historia, y de gestión como Tutor, Secretario, Jefe del Departamento de Historia y Geografía y Subdirector.

Con sus numerosos alumnos y exalumnos, padres y madres de colegiales y compañeros profesores mantuvo siempre una magnífica relación profesional y personal.

Fue muy valorado por su presencia cercana, paciente y respetuosa. Para muchos, un amigo entrañable. Volcado en la enseñanza, supo compaginar su trabajo con las tareas sacerdotales.

El Padre Eugenio, en un oficio religioso celebrado al aire libre.

Amor por la naturaleza

Deportista nato y competitivo, montañero y esquiador, desarrolló y contagió un amor grande por la naturaleza del que provenían su jovialidad y compañerismo.

En 2002, se traslada a la comunidad de la parroquia de Covadonga, en Torrelavega, hasta 2005, en que es reclamado por la comunidad de La Felguera y vuelve a la cuenca minera.

En 2011, regresa a Torrelavega y permanece en esta comunidad como miembro del equipo pastoral hasta que esta comunidad se cierra en septiembre de 2020.

En Torrelavega, desarrolló otra veta de su personalidad en la que se había iniciado en La Felguera: la atención pastoral. Se hizo querer por propios y extraños. Sirvió con sensibilidad religiosa a las celebraciones y destacó por su capacidad de escucha y consejo en el despacho parroquial.

Fue destinado en 2020 a La Virgen del Camino, a donde llega con un proyecto de colaboración pastoral que no pudo apenas desarrollar por la suspensión de actividades ocasionada por la pandemia de covid-19.

En mayo de 2021, aquejado ya por la enfermedad que ha segado su vida, pide espontánea y lúcidamente, incorporarse a la enfermería provincial, donde ha vivido este largo año dejando entre sus hermanos y cuidadores una imagen de bondad y de aceptación serena de sus limitaciones. En silencio cultivó sus dotes para la creación poética. Breves y sentidas composiciones, parte de las cuales fueron publicadas en 2015 con motivo del cincuenta aniversario de su ordenación, con un título elocuente y autobiográfico: "Encuentro".

En la madrugada del 20 de agosto, Eugenio, aparcando tantas cosas, encontró para siempre su destino. Sus cenizas esperarán la resurrección junto a los suyos en La Velilla de Valdoré, donde comenzó su vida. Descansa ya, amigo y hermano, en la paz del Señor.

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