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Ernesto Burgos

de lo nuestro Historias Heterodoxas

Ernesto Burgos

Historiador

Una carrera de motos en 1912

Las fiestas de San Juan en Mieres incluyeron ese año una competición hasta León ida y vuelta, pero ninguno de los siete motoristas la completó

Hasta dónde tenemos noticias, la primera carrera de motos celebrada en España se hizo coincidir con la primera de automóviles, el día de la Merced de 1899, en el parque barcelonés de la Ciutadella. Solo se inscribieron tres pilotos, pero uno de ellos se retiró al inicio de la prueba, otro con una Clement fue descalificado y, finalmente, el único que llegó hasta la meta lo hizo montando una Phebus llevándose como premio una figura de cerámica fina de fayenza.

Sin embargo, hubo que esperar hasta noviembre de 1911 para ver una competición de larga distancia. Se desarrolló entre Bilbao y San Sebastián ida y vuelta, y la ganó Pedro Sorriguieta conduciendo una Alcyon de 2 HP. Meses más tarde las carreras de este tipo que se habían celebrado en todo el Estado podían contarse con los dedos de una mano. Sin embargo, y aún no me explicó por qué, en junio de 1912 se incluyó una de estas pruebas como número fuerte en las fiestas de San Xuan de Mieres con un recorrido imposible para la época: Mieres-León ida y vuelta.

En aquel año había en Asturias 157 personas –todos hombres– con permiso para conducir automóviles y de ellos solo menos de una decena en la Montaña Central. Posiblemente el número de vehículos de cuatro ruedas coincidía con el de conductores, pero sin embargo es más difícil saber cuántas motocicletas circulaban por nuestras carreteras, aunque tampoco debían de ser muchas más.

Estas primeras máquinas se diferenciaban en poco de las bicicletas y de hecho sus frenos eran similares, contaban con una o dos velocidades, transmisión por correas de cuero, luces de poco alcance y una suspensión delantera prehistórica para unas ruedas grandes y estrechas que eran absolutamente inapropiadas para transitar por aquellas carreteras sembradas de baches.

Si además pensamos en la carencia de surtidores de gasolina y el pobre equipamiento de los pilotos, casi vestidos de calle, protegidos del frío con gruesos jerséis de lana y un gorro de la misma fibra en la cabeza o en el mejor de los casos un casco de cuero y gafas, que en caso de lluvia se convertían en un engorro, comprenderemos que abordar el paso del puerto de Pajares era una aventura más que arriesgada.

Ignorando todo esto la carrera se fechó para el día 25 junio dentro de un programa que ese año no estuvo exento de polémica, porque en él se mantuvieron unas actividades tradicionales que ya no parecían cuadrar con los nuevos tiempos. Tal vez por eso se incluyeron las motocicletas que aportaban la nota de modernidad para acallar a los más críticos.

No faltó como siempre la música. En una de las jornadas festivas, la Banda de Langreo fue acompañada en un pasacalles desde la estación del Norte por la Banda de Mieres y, el día 24, llegó hasta la estación del Vasco el Orfeón de Oviedo, donde lo esperaba junto a numeroso público el Orfeón socialista y de nuevo la Banda municipal, junto a la de la Fábrica, que acompañaron a los de la capital haciendo una entrada marcial en esta villa.

Aquella tarde se ofreció un concierto conjunto en la plaza de toros provisional, con un lleno completo y mucho éxito, aunque según la prensa algunos exaltados silbaron y profirieron frases injuriosas contra las bandas, por algún motivo que yo no conozco. Con esta actividad musical tal vez se quiso acallar a quienes en aquel momento ya no estaban conformes con las corridas de toros, a pesar de que tenían en Mieres gran relevancia y atraían a numerosos aficionados desde Gijón y de Oviedo.

Una carrera de motos en 1912

Con todo, la actividad más criticada fue la tradicional comida a los pobres, que muchos veían ya como algo anacrónico, pidiendo su supresión. Así, un cronista calificó de viejísimo y miserable espectáculo el dar una comida pública a los menesterosos en medio de la curiosidad de centenares de espectadores. Según escribió: "La caridad así practicada es un vulgar sarcasmo que pone en ridículo ciertas creencias religiosas y una injuria a los sentimientos de dignidad de los favorecidos".

Este comentario actualmente sigue manteniendo su corrección política, aunque iba seguido de una observación que ya no sería aceptable: entre los 160 comensales "había pocos varones, eran casi en su totalidad hembras las que tomaron parte en el festín. Los hombres por razones que me explico perfectamente huyeron de esta comedia social que pondría en entredicho su cualidad masculina".

En fin, yendo a las carreras del día grande, hubo una de afiladores en la que participaron aquellos gallegos que recorrían nuestros pueblos empujando sus máquinas, algo que ahora también sería criticable cuando vemos que el objetivo no era otro que el de mofarse del esfuerzo de estos trabajadores, ya que los espectadores se rieron y disfrutaron mucho. También otra carrera pedestre, que debió de ser diseñada por los mismos genios que plantearon la de motocicletas, en la que tomaron parte una docena de aficionados de los que solo tres lograron llegar hasta la meta.

Y por fin la surrealista competición de la que hoy les estoy hablando, cuyo eco llegó hasta la prensa nacional que tomó nota de las horas de desasosiego vividas en esta villa. Veamos como lo contaron dos de los principales diarios de la época.

"Trágica carrera de motocicletas" tituló "El Imparcial" del jueves 27 de junio de 1912 la reseña enviada por su corresponsal la tarde anterior: "En Mieres se ha celebrado la anunciada carrera de motocicletas a León y vuelta, atravesando el puerto de Pajares. La pendiente que había que atravesar es pronunciadísima. A las once de la mañana salieron siete corredores con intervalos de dos minutos y Pedro Rodríguez, que marchó el primero, se cayó a la subida del puerto y se produjo contusiones retirándose de la carrera. El mismo ejemplo siguió otro corredor. De los restantes solo ha regresado a Mieres Francisco Ruiz, que empleó en el recorrido seis horas y treinta minutos. A las doce de la noche se sigue ignorando el paradero de los otros cuatro corredores y se teme que les haya ocurrido alguna desgracia".

Siguiendo la costumbre de entonces se apuntaba la hora en la que había llegado la noticia por telégrafo –las 9,15 de la tarde del 26– lo que hizo que se incluyese en la edición que se preparaba para la jornada inmediata. Sin embargo, cuando el diario ya estaba casi listo para la imprenta se recibió en la redacción otro telegrama más breve que explicaba lo sucedido y ante la dificultad de desmontar la página para retirar la primera noticia, la incluyeron debajo: "Los motociclistas cuyo paradero se ignoraba preocupando a la opinión, se quedaron a pernoctar por varias averías ocurridas en sus máquinas, uno de ellos en Pajares, dos en León y otro fue recogido por un automóvil que había salido a buscarles".

Lo mismo sucedió con "El País", que prefirió un titular menos sensacionalista: "Motociclistas que no aparecen", coincidiendo en señalar la misma inquietud, pero recortando el número de los corredores que habían tomado la salida: "Dicen de Mieres que reina gran alarma porque no se sabe el paradero de cuatro corredores de motocicletas que salieron ayer mañana haciendo las carreras de aquella ciudad a León. El trayecto era en parte muy peligroso por las pendientes pronunciadísimas que hay en él. Tomaban parte en las carreras seis corredores de los cuales uno llamado Pedro Rodríguez se cayó a la subida del puerto causándose varias contusiones. Otro llegó a León empleando seis horas y media. Ha salido un automóvil para buscar a los que faltan".

Y al igual que había hecho "El Imparcial" también incluyó en la misma página un breve y apresurado párrafo con la feliz resolución de la noticia: "Acaba de saberse que los cuatro corredores de motocicletas cuya falta de noticias preocupaba en Mieres pernoctaron en Pajares tres de ellos y que otro fue recogido en el automóvil que salió a buscarlos. La causa de la detención de todos fue el haber sufrido averías las máquinas que montaban".

Fiándonos de lo más cercano, el diario regional "El Noroeste", los corredores que tomaron la salida fueron siete, de los que uno regresó accidentado a Mieres a las cuatro y media de la tarde y otro poco después. Solo Francisco Ruiz consiguió la heroicidad de llegar hasta León empleando en el recorrido seis horas y media, aunque decidió no hacer la vuelta. Luego, dada la dificultad que suponía la comunicación telefónica, la población mierense estuvo expectante hasta que a las dos de la madrugada llegó un telegrama explicando el paradero de los demás pilotos.

Lógicamente no hubo premios y se tardó muchos años en ver otra competición de motocicletas en Mieres.

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