Suscríbete La Nueva España

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Jesús Menéndez Peláez

Tribuna

Jesús Menéndez Peláez

Catedrático de la Universidad de Oviedo

El "Peque" y "Kike", unidos para siempre

El fallecimiento de dos sacerdotes que dejan una profunda huella entre quienes los conocieron

El pasado viernes día 13, fue un día luctuoso para la iglesia asturiana. Será una fecha referencial en el futuro. Al funeral de José Manuel Álvarez, el "Peque", gijonés de adopción, se unía la trágica muerte de otro sacerdote gijonés, Enrique Álvarez Moro, "Kike", encargado de la parroquia de Turón.

A José Manuel, "El Peque", le traté muy de cerca por ser sobrino de Ramón Álvarez Viña, natural de San Martín de Podes, reconocido empresario, nombrado hijo adoptivo de Gijón no solo por su labor industrial, de la que se beneficiaron y benefician muchas familias de la Villa de Jovellanos, sino también por su mecenazgo y por su "donación" al Ayuntamiento de Gijón de su biblioteca cervantista, bibliográfica e iconográfica, una de las más importantes (en el ámbito privado), del mundo. Esta circunstancia propició muchos encuentros con el "Peque". Periódicamente venía a traer la comunión a su tía Mary Carmen, durante bastantes años impedida por una enfermedad, que le mantuvo postrada en el lecho doméstico. Ramón, sus hijos, sus yernos y nietos, a los que se unía el cariño de su sobrino, el "Peque", aliviaban, en parte, aquella penosísima situación.

El "Peque" transmitía cariño a raudales hacia su tía y, a sus familiares, paz y sosiego. Era la bondad y la amistad hechas carne. Prueba de ello fue el multitudinario funeral en el que participaron, además del señor Arzobispo, decenas de sacerdotes y antiguos compañeros. Que descanse en paz en el pueblo que le vio nacer, San Martín de Podes. La muerte trágica de Enrique Alvarez Moro ("Kike"), cuando venía a despedir a su compañero, el "Peque", nos dejó desolados a cuantos le conocíamos. Mi relación con él fue muy cercana, como alumno de Filología Hispánica en la Universidad de Oviedo.

Dos asignaturas cursó conmigo sobre Literatura Medieval y Literatura del Siglo de Oro. Un alumno brillante. Dos matrículas de honor. Seguí muy de cerca su decisión de hacerse sacerdote. Le recomendé que terminase antes sus estudios universitarios. Así lo hizo. Asistí siempre a la recepción de sus órdenes sagradas. En su función sacerdotal le visité con frecuencia en Teverga. Como presidente entonces de la Fundación Foro Jovellanos visité, en su compañía, las distintas parroquias.

Una biografía de Jovellanos, escrita por el profesor Caso González, que regalaba a cada vecino, era mi tarjeta de presentación. Recuerdo que en la Faciecha solo vivía una persona, a quien "Kike" saludó con un "Hola Luisín", quien estaba sayando el huerto. Se limpió las manos previamente, en señal de respeto, me dio la mano y recogió aquel libro. "Kike" fue testigo de la emoción que sentí. Me alegré mucho cuando me comunicó que iba a estudiar Patrología a Roma, una especialidad que siempre me cautivó y que estuve a punto de realizar. La última vez que nos vimos fue el verano pasado. Estaba ya ultimando sus estudios patrísticos, que había de conjugar con su función sacerdotal en la Parroquia de Turón. Estaba muy ilusionado al servicio de la gente. Su muerte, de esa manera tan trágica e inesperada, nos dejó sobrecogidos a cuantos le conocíamos.

Si la iglesia asturiana está de luto por esta pérdida, muchos de sus profesores y compañeros de la especialidad de Filología Hispánica de la Universidad de Oviedo también lo estamos.

A "Kike" le queríamos entrañablemente por su aplicación como estudiante, su bondad, su afecto y su sonrisa permanente. Que la palabra de Dios, en lenguaje humano, en el que "Kike" era un especialista, nos conforte a todos, pero de manera muy especial a su familia. No hay dolor humano mayor que sobrevivir a un hijo.

Compartir el artículo

stats