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Ricardo Labra

Tribuna

Ricardo Labra

Miguel Rojo, escritor inmersivo

La presentación, el viernes 20 en El Entrego de su libro "Pequeños barcos a la deriva"

El añorado Javier Marías solía agrupar a los escritores en dos categorías diferentes, con las que condicionaba su relación y modo de afrontar la escritura: los escritores de mapa y los escritores de brújula. Los escritores de mapa, de acuerdo con la taxonomía mariana, serían aquellos que tienen la obra que van a escribir plenamente definida y estructurada antes de iniciar su primera palabra, y que saben no solo de cuántos capítulos va a constar su novela, sino cada una de las peripecias y avatares que a lo largo de sus páginas van a padecer sus personajes. El escritor de brújula, en cambio, sería aquel que inicia su aventura escritural sin una idea clara de hacia dónde lo llevarán los dédalos y sinuosidades de la propia escritura, y que desconoce, más allá de las primeras pulsiones creativas, en qué se concretarán los alcances de su historia. Yo diría que Miguel Rojo, si nos atenemos al título de su última novela, "Pequeños barcos a la deriva", que se presentará este viernes en la Casa de la Cultura de El Entrego bajo los auspicios de la Asociación "Cauce del Nalón", se corresponde más con los escritores de brújula que con los escritores de mapa. Aunque en su caso podría abundarse aún más, y solo basta para comprobarlo con leer alguna de sus novelas, al encontrarnos ante un escritor inmersivo, con un buceador a pulmón libre de nuestra realidad cotidiana, siempre en busca de las palabras a la deriva o de la deriva de las palabras con las que develar las sombras y las luces de nuestra pequeña historia. Miguel Rojo, puede decirse sin exageración, no imagina a sus personajes de ficción, sino que los interioriza, viviendo durante el tiempo de escritura bajo su piel.

Pequeños barcos a la deriva es la última novela de una trilogía del mal –"Siempre estaré a tu lado" (2017), "Resulta fácil hablar de día que vas a morir" (2019) y "Pequeños barcos a la deriva" (2021)–, en la que Miguel Rojo nos ofrece, como si siguiese al Bosco de "El jardín de las delicias", un reflejo del mal que prefigura nuestras sociedades y nuestras acciones: el mal vicario, los fundamentalismos religiosos y los actos irreversibles.

"Pequeños barcos a la deriva", con un magnífico prólogo de Jaime Priede, está estructurado en torno a dos novelas cortas que se simultanean y yuxtaponen, al mismo tiempo que se complementan desde la perspectiva de diferentes edades, la infancia y la senectud: "El Chico del reformatorio" y "Una larga jornada".

La primera novela se basa en un conocido hecho que desasosegó y convulsionó a la opinión pública de las sociedades occidentales, y la segunda, totalmente ficcional, narra unos hechos que se corresponden con la etopeya humana de cada día, de un tipo que podría ser cualquiera de los sexagenarios que deambulan rumiando sus fracasos por nuestras calles.

Dos novelas de la estirpe de "El inmoralista" de André Gide o del inquietante "Un encuentro" de Dublineses de James Joyce.

Miguel Rojo es, además de un sólido narrador, un destacado poeta que no entiende de fronteras lingüísticas, que desarrolla sus historias y poemas según las exigencias de los insondables fonemas de su escritura inmersiva. Diglosia que conlleva con naturalidad y convicción, quizá porque hace tiempo que ha llegado a la conclusión, como en su día señaló proverbialmente nuestro marqués de Santillana, de que cualquier escritura es una "fermosa cobertura".

Recuerden, mañana, a las ocho de la tarde, se presentará el libro de Miguel Rojo Pequeños barcos a la deriva, en la Casa de la Cultura de El Entrego, en compañía de Enedina Suárez Laviana y de los amigos de "Cauce del Nalón" que organizan el acto en colaboración con el Ayuntamiento de San Martín del Rey Aurelio y LA NUEVA ESPAÑA. Allí estaremos los dos, sin mapa y sin brújula, dispuestos a perdernos y a reencontrarnos de nuevo como pequeños barcos a la deriva.

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