Opinión
Justo Vigil: un legado olvidado pero valioso
La vida y las contribuciones de un ilustre notario mierense
A principios del año pasado se habló mucho de la recuperación de la gran casona de Fausto Vigil, un acontecimiento que pese a haber finalizado su reforma aún está pendiente de ser dotada de contenido. En este artículo, me gustaría sacar del olvido y destacar la figura de Justo Vigil, un notable notario y erudito que pasó la mayor parte de su vida en Mieres.
Las figuras de Justo y Fausto Vigil no pueden entenderse sin la presencia de su padre, quien era maestro de obras en el concejo de Siero durante el último cuarto del siglo XIX. Tras la triste pérdida de su madre cuando Justo tenía tan solo dos años, fue su tía materna quien los crió en la parroquia de Siero. Seria en la escuela de primeras letras de esta localidad donde realizó sus primeros estudios. Posteriormente, él y su hermano Fausto continuaron su educación en el Colegio San Luis de instrucción primaria de Pola de Siero. Justo Vigil continuó su formación académica y obtuvo el Bachillerato en Artes en el Instituto de Segunda Enseñanza de Oviedo.
Ingresó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo, donde completó su licenciatura y luego pasó a la Universidad Central de Madrid, donde obtuvo su doctorado. Durante su tiempo en Madrid, también participó en actividades de Extensión Universitaria. Comenzó su carrera profesional como pasante en la capital, período en el que colaboró con varios periódicos de Madrid y Oviedo.
En 1899, Justo Vigil contrajo matrimonio con Teresa Vázquez-Prada Vázquez, quien tenía 24 años en ese momento. Tuvieron un hijo y dos hijas: Manuel, María del Carmen Consuelo (licenciada en Filosofía y Letras) y Elena (licenciada en Derecho). Estas hermanas desempeñaron un papel destacado en la vida social y política del concejo de Mieres durante muchos años.
En octubre de 1901, Justo Vigil realizó las oposiciones de notario y obtuvo una de las plazas vacantes en la provincia. En 1902, se convirtió en notario de Mieres y estableció su despacho en La Pasera, en el número 7, bajo.
En 1906, el periódico gijonés "El Noroeste" organizó un concurso para premiar trabajos literarios y periodísticos en la provincia. Justo Vigil participó en el apartado de cuentos y su obra "Más vale maña que fuerza" resultó ganadora. Este cuento fue publicado el 8 de febrero de 1908 y posteriormente adaptado al teatro por Emilio Robles Muñiz, conocido como Pachín de Melás. La obra se estrenó el 7 de enero de 1910 y se representó durante muchos años en toda la región.
En 1908, Justo Vigil también participó como profesor en la universidad popular municipal de Mieres, donde impartió nociones de Derecho. Esta universidad fue fundada por el alcalde en funciones Inocencio Muñiz Menéndez, junto con dos concejales y el entusiasta Vital A. Buylla, quien fue el iniciador de esta institución educativa en Mieres. Durante esos años, Justo Vigil también organizó intercambios culturales con otras localidades de la región, lo que llevó a visitas recíprocas a Mieres.
En 1913, Justo y otros mierenses decidieron rendir un homenaje a Teodoro Cuesta, colocando una placa en la fachada de la vivienda donde nació. Esta placa aún se encuentra en dicha casa.
Durante aquellos años, la familia Vigil solía pasar los veranos en Gijón, cuando la playa comenzaba a ser utilizada con fines recreativos. Hasta entonces, los pueblos y costas eran considerados lugares "poco acogedores", donde la gente pobre trabajaba principalmente en la pesca y en la construcción de embarcaciones.
En cierta ocasión, durante una de las visitas de Vital Aza a Mieres, Vigil pidió al escritor que le firmara uno de sus libros. Aza, haciendo gala de su humor asturiano, escribió lo siguiente: "Dedico esta obra a Justo Vigil, con el mayor afecto, el único notario que conozco justo".
Dado que la notaría de La Pasera se quedó pequeña, Justo Vigil adquirió dos parcelas al Ayuntamiento de Mieres en 1922 para construir su casa familiar en la calle Ernesto Guilhou. Este hermoso chalet fue diseñado por el arquitecto vasco Teodoro Anasagasti y construido por la empresa de Eduardo Gallego, responsable también de las conocidas como "casas baratas" de la Fábrica Mieres. Durante ese tiempo, hubo una gran afluencia de albañiles de otras regiones, especialmente de Cataluña, debido a una larga huelga de albañiles que obligó a enviar grupos de trabajadores a otras provincias.
A partir de entonces, este edificio se convirtió en la "Notaría" y también en un lugar donde se gestaron numerosos proyectos que contribuyeron al desarrollo de la vida en Mieres.
Desafortunadamente, la salud de Justo Vigil empezó a debilitarse en 1939, y su hermano Fausto, quien era profesor de Matemáticas en el Instituto de Logroño, comenzó a visitar Mieres con más frecuencia para ayudarle.
La salud de Justo Vigil empeoró progresivamente y falleció el 2 de mayo de 1943, después de más de cuarenta años dedicados a su despacho y de residencia en Mieres. Sin embargo, su legado incluyó el hecho de que durante la Guerra Civil pudo salvar el archivo de la notaría de Mieres de la destrucción.
Justo era el padre de Elena Vigil, delegada provincial de la Sección Femenina de Asturias, y también fue padre adoptivo de sus sobrinos Fernando y Manuel Vázquez Prada y Blanco, quienes desempeñaron sus trabajos, uno como redactor jefe de "Solidaridad Nacional" de Barcelona, y el otro, como jefe del gabinete de Prensa de la Secretaría General del Movimiento, y jefe de información y confección de "Arriba", respectivamente.
El entierro de Justo Vigil se llevó a cabo al día siguiente, en horario vespertino, con la asistencia de una multitud abrumadora. El decano y los demás miembros del Colegio Notarial de Oviedo, representantes del gobierno de aquel entonces y del Ayuntamiento de Mieres presidieron el duelo.
A finales de agosto de 1947, cuando se encontraba pasando unos días en Barcelona en casa del sobrino Fernando Vázquez-Prada Blanco, falleció la esposa de Justo, añadiendo tristeza a la pérdida de una familia admirable.
Con la desaparición del matrimonio Vigil-Vázquez Prada, el edificio de la calle Guilhou fue heredado por los tres hijos, aunque Carmen y Elena decidieron ocuparlo por separado debido a tensiones en su relación y a que su hermano ya no residía en Mieres.
Lamentablemente, después de la muerte de ambas hermanas, el edificio quedó cerrado durante años, conservando en su interior valiosa documentación familiar. Esto facilitó el expolio del lugar y de los documentos de interés, y numerosos libros y fotografías fueron encontrados en diferentes mercadillos de Asturias y algunas localidades de Santander.
Es una triste realidad que un tesoro cultural y familiar haya sido despojado y dispersado. Es necesario que tomemos conciencia de la importancia de preservar nuestra historia y patrimonio, y de valorar el legado de personas como Justo Vigil, cuyo impacto trascendió su profesión y dejó huella en la sociedad mierense. Su vida y contribuciones merecen ser recordadas y reconocidas, y es nuestro deber honrar su memoria y legado.
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