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Opinión | Como el río

Albino Suárez

Cuando la Virgen bajó del Otero en un carro de vacas

Un acontecimiento singular en la celebración lavianesa de 1931

La procesión de la virgen del Otero, el pasado 14 de agosto.

La procesión de la virgen del Otero, el pasado 14 de agosto. / Albino Suárez

Las fiestas del Otero de Laviana, tienen su historia, diversa y extraña. Uno recuerda algunas ediciones, cuando al compás de las luces oscilantes de velas y antorchas, llegaban a la plaza de la Pontona, las voces melodiosas de las jóvenes de la Pola, que conmovían a quienes las escuchaban...Bajaban del Otero, acompañando a la llamada patrona de Laviana. Cantaban el "Himno a Nuestra Señora del Otero" escrito por Faustino Martínez, hermano de Emilio, a quien hemos referido como el cantor de la Virgen del Otero. Faustino muere en 1912 en Fuerte Ventura, hay quien dice que murió loco, pero no fue así, sino que murió después de haber apostatado de su fe religiosa, cuando había sido misionero.

Hace algunos años –no muchos– las dulces voces de María Jesús Baraja, de Nievines Valdés, Mari luz Morán y otras, no se sentían acompañando a la Virgen del Otero llegando a la Pontona: se sentían los estruendos de tambores, semejantes a tropas romanas desfilando ante los Césares...¡Pon, porrón, pon, plon ...!

O sea que, ante tal estruendo, aquello acabó por hacerme correr lejos de aquellas manifestaciones religiosas, reafirmando mi ateísmo justificado. Sin embargo, este año, hubo estruendosos cohetes y fuegos artificiales, demostrando que en el cielo hay bombazos y luces de colores...Lo vi desde mi ventana...

El hecho es que, en el año de 1931, cuando se proclamó la República, el alcalde, Julio Castaños Nieves, dispuso que las fiestas de Pola de Laviana se celebrasen al margen de los actos religiosos. Que cada cual fuese a lo suyo. Por lo mismo, no se celebrarían actos religiosos ni, por supuesto, la procesión nocturna del Otero. Lo que originó molestar en unos y regocijo en otros, como Secundino Suárez, nada creyente, que aseveró: "El que quiera procesiones que las haga por su cuenta".

Y por su cuenta y riesgo, Marcelo Fanjul, un popular llagareru establecido en la hoy calle Padre Graciano, junto a la Pontona, tomó una decisión: "¡Sandios! Claro que la Virgen del Otero va a baxar hoy, como todos los años. Si non ye de una manera, será de otra. Pero baxar va a baxar".

¡Y baxó! El hombre unce su carro a su pareja de vacas y sube carretera del Otero arriba, hasta el santuario. Bueno, hay que decir que con cierta cautela y secreto entre las gentes creyentes que deambulaban por la plaza de la Pontona y en torno a la iglesia aquel año donde las luces públicas eran más que escasas. Eran sombras que hablaban con otras sombras.

Al cabo de un rato, llegaba a la Pontona, camino del Otero abajo, el lagarero guiando su pareja de vacas que tiraba por un carro de país, cubierto con unos sábanos...La gente que sabía lo que había, queda asombrada y ven que Fanjul sale de la plaza de la Pontona y enfila al lado del río de la Rebollá, que entonces estaba descubierto, por delante de su lagar, cruza la carretera, hoy calle Libertad, y se acerca a la iglesia, rodeado de convecinos...Aparta los sábanos y saca del carro la imagen de la Virgen del Otero, a la que coge debajo del brazo y se va con ella por la puerta de la iglesia adentro, donde se dice que el cura, al ver llegar al lagarero Marcelo Fanjul portando la virgen de aquella manera, levantó los brazos y exclamó mirando al cielo del templo: "¡Milagro, milagro!, ¡gracias, Señor! ¡gracias!"

No se sabe si se refería a Marcelo Fanjul o a otro señor, lo que dicen que mosqueó bastante al lagarero.

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