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Santa Ana (El Entrego) hace cien años

El relato de la estampa de trabajadores de Duro Felguera posando con un ferrocarril de la empresa en 1923

Incorporando material del archivo fotográfico, me quedé contemplado durante un buen rato una estampa –de las más antiguas en mi poder– que consideré que podría ser un acotado reflejo de lo que era la sociedad industrial hace cien años en nuestra comarca. Esta foto forma parte de una serie heredada de mi abuelo, correspondiente a los ferrocarriles en los que prestó servicio como maquinista: Minas de Santa Ana y Duro-Felguera. Está presente en casi todas. La que ilustra este relato está tomada en los talleres de Santa Ana (El Entrego) en 1923.

En aquella época, aún el ferrocarril provocaba cierta fascinación entre la gente, por lo que muchos consideraban una hazaña posar cerca de uno de aquellos monstruos de hierro, que iban echando humo por un tubo, mientras remolcaban vagones con carbón. Hasta no hacía mucho, esta labor era llevada a cabo por mulas o bueyes.

Aunque en esta imagen el "vehículo que lanza humo por la chimenea" no es de gran porte, a la gente también le gusta posar ante él. Como podemos apreciar en este caso, el púbico que acompaña al convoy de la foto es primordialmente personal de la empresa –en este caso Duro-Felguera– dedicada a variados oficios. Empezando por el guarda jurado, serio él, que por su pose parece estar cumpliendo la misión de que nadie se salga del guion programado. Le sigue un mecánico con un martillo de "bola" en mano, como dispuesto a usarlo a la primera ocasión que se presente. ¿Y el vigilante? Sombrero de ala puesto con unas buenas madreñas como calzado, ¿de seguridad?

Sé del nombre de algunos personajes que figuran en esta estampa. Por ejemplo: César, el que está sentado en la puerta de la locomotora, o Juan Roces, administrador del ferrocarril, que está apoyado en César. En la locomotora que está al fondo, en la cabina se sitúa mi abuelo Benito Lobo y sobre el bastidor su cuñado "Lin". No conozco la identidad del resto, pero eso no es obstáculo para que no pueda apreciar algunas peculiaridades que quedan plasmadas en la imagen. Por ejemplo, la proliferación de un operario con mazas y martillos. El "ferreru", incluso con dos, una en cada mano. A su lado vemos al que, supuestamente, es su ayudante, que parece tener dolor de muelas, a tenor del pañuelo con que sujeta su cara. ¡Y a trabajar!

Las madreñas, todos con ellas, salvo Juan, César, el de la maza en ristre y otro más, que parece también ayudante del "ferreru". Los del techo del coche por supuesto que tampoco las calzaban. Faltaría más, escalar con ellas puestas sería tarea harto difícil.

Y la mujer con el caldero en la cabeza podría formar parte de la plantilla de la empresa o simplemente pasaba por allí. De todos modos, es curiosa su presencia. Y los niños. Alguno ya estaría ganando un mísero jornal, pero el que está subido al techo del coche no parece tener edad para ello.

¿Qué no hago mención al convoy? Pues, ahora: se trata de un "rápido" compuesto por dos coches destinados a transportar a la jefatura de la empresa, lo demuestra el tipo de coches cerrados y provistos de linternón, que hace creer que estaban preparados para su iluminación interior, bien por lámparas de aceite o carburos. Los vehículos en que se trasladaba a los mineros no tenían cristales en las ventanillas y, por tanto, estaban desprovistos de protección contra las inclemencias del tiempo. La locomotora es la número 13, de nombre "TERESA", construida por la casa "Falcon", en Inglaterra, en 1892, para "Minas de Santa Ana". Con la incorporación de esta empresa a Duro-Felguera paso a prestar servicio en su Ferrocarril General de Minas.

Todo vestigio de esa época ha desparecido. La mayoría de los que habitamos en las cuencas no podemos hacernos idea de la vida que llevaban nuestros antepasados, teniendo que sortear mil y una dificultades. No hay más que mirar al ayudante del herrero –indudablemente enfermo– seguramente obligado a acudir al trabajo para no perder parte de su exiguo salario.

En Santa Ana, 1923, hace cien años.

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