Opinión | A mi aire

Enfermedades raras

El trato en la sanidad pública a los pacientes con dolencias minoritarias

Me entra congoja y profundo malestar, así como tremendo enfado cuando leo o contemplo, casi a diario, actos de diverso tipo por parte de particulares u organizaciones diversas como la convocatoria de acciones en favor de personas diagnosticadas con "enfermedades raras", generalmente niños, pero también mayores.

Obviamente, todas esas iniciativas son muy loables y dignas de agradecer, pero mi enfado, y en esto coincido con infinidad de personas, viene dado porque la sanidad española, que está considerada como una de las mejores del mundo (¿?), no tiene en su vademécum de asistencia cubrir las necesidades al cien por cien de quienes por desgracia han tenido la mala suerte de ser atrapados en ese tipo de dolencias. A menudo, su estado se agrava de día a día sin la esperanza de mejoría, con lo que conlleva para ellos y los suyos, que contemplan como el tiempo transcurre y las soluciones no llegan. Las esperanzas se diluyen.

Por el contrario, los gastos se disparan hasta límites insospechados con el llamado "turismo vacacional" con los visitantes extranjeros, que se las saben todas, y aprovechan para hacerse operaciones costosas con mil y una trapacerías en nuestro país, sin que nadie le ponga coto.

E incluso estos foráneos gozan de más privilegios que los nacionales, pues uno mismo en viaje a Canarias –si es en Cataluña ni me dejan entrar–, en visita a un consultorio de las islas, al final recibí el aviso de que si la sanidad asturiana no se hacía cargo de la consulta debería hacerlo yo, con firma incluida. ¡Toma castaña, españolito!

Y, miren ustedes, resulta muy guay y progresista tener una sanidad gratis total para todo el mundo, incluidos millones de ellos que nunca han cotizado ni un solo euro, pero de algún sitio tiene salir el dinero para cubrir estas necesidades. Así que irremisiblemente se va deteriorando todo el sistema, mientras nuestros niños con "enfermedades raras" tienen que depender de actividades solidarias para poder paliar un poco su enfermedad, cuando deberían de ser prioritarios para los mandamases de la sanidad. El mundo al revés.

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