Opinión | Velando el fuego

Espacios en blanco

Un debate desde la Champions del Real Madrid a las elecciones europeas

"Si perdemos la memoria caemos al pozo". La frase no es mía, pertenece al comentario de uno de los tertulianos de ese bar al que tantas veces me refiero, un Chamamé langreano en el que, y eso lo puedo afirmar, conviven personajes dignos de la Santa María de Onetti.

Cierto es que me extrañó la frase. Cuando caminaba hacia el bar pensé que la tertulia de esa mañana iba a estar copada por la nueva gesta del Real Madrid en la Champions, sobre todo porque una buena parte de mis colegas de charla son hinchas del equipo merengue.

Mas me equivoqué. El tercio estaba cambiado; las banderillas se clavaban en otra dirección; las gradas debatían intensamente sobre las próximas elecciones europeas; de modo que la tertulia se había sumado a esa música electoral.

Cuando llegué era un poco tarde y me dijeron que me había perdido la parte correspondiente a las encuestas de los medios públicos, más o menos intencionadas, y a las declaraciones, escasamente objetivas por lo común, de los principales líderes de los partidos. Ahora le tocaba el turno a la juventud, y ello porque uno de los tertulianos insistía en que su respuesta, y más en adelante, sería clave para diseñar un futuro prometedor.

Habían hablado, naturalmente, de las acampadas de jóvenes universitarios en distintos lugares de este país y de otros, como protesta por el genocidio que está cometiendo el ejército israelita en Gaza, lo que, naturalmente, concedía un plus importante a su favor; pero, a un tiempo, también se había puesto sobre el tapete el siempre fundamental juego de la memoria. Y de ahí la frase que comento al principio:

A la falta o a la escasez de ese museo de la memoria se refirió después otro tertuliano que, si bien centró su reflexión en los jóvenes, no se olvidó de esa otra orilla de la sociedad formada por personas adultas alejadas de ese estuche capital donde se guardan los recuerdos. Y como todo tiene que ver con todo (me alegré de que se hubiera recogido esa frase que yo repito en bastantes ocasiones), el tertuliano se deslizó por una pendiente actual y de difícil recorrido, que sintetizó, emplazándonos a todos, en la siguiente pregunta: ¿No os parece que esa falta de memoria tiene mucho que ver con los apoyos que reciben las fuerzas más conservadoras?

Era fácil recordar todo lo que costó conseguir el actual Estado de bienestar, o la bonanza de una educación y de una sanidad pública, al igual que tantos derechos y libertades. Por ello, ¿cómo era posible olvidar –ahora fuimos varios tertulianos los que insistimos– tantas luchas y sacrificios, cárceles y muertes en muchos casos?

El debate nos ocupó casi un par de horas, durante las que se repartieron variadas y distintas hipótesis y teorías. Nos internamos con pasión en la influencia de la calle, de los medios, del sistema en general. Sin olvidarnos, naturalmente, de la siempre precaria condición humana. El asunto se enardeció aún más cuando otro tertuliano apuntó a los padres, más en concreto a una cierta pasividad de los mismos a la hora de mostrar a sus hijos el álbum donde se recogen las experiencias colectivas, esa intrahistoria que poseemos cada uno de nosotros pero que sacamos a relucir en contadas ocasiones. Entre el pertinaz olvido y la figura del abuelo que no deja de contar batallitas había aún mucho margen para narrar, a lo que asentimos todos. Y así despedimos la tertulia.

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