Opinión

La noble mentira platónica y el bien común

Este tiempo de politiquería y de antagonismos frustrantes y lesivos

La mentira es utilizada con frecuencia como un arma política de primer orden. Un arma que ha demostrado su eficacia a lo largo de la historia en las sociedades civilizadas.Y sigue siendo así. Socialmente se miente por las razones más diversas. Los políticos lo hacen para apuntarse algún mérito que a veces no les corresponde. Para facilitar negociaciones provechosas que les permitan mantenerse en el poder. O mantenerlo a cualquier precio: estos suelen algunos de sus principales objetivos.

Se ha definido la naturaleza de la mentira política como el arte de convencer a la gente de las falsedades benéficas par un buen fin. En España tenemos ejemplos recientes de ese género de mentiras.

Hace más de 25 siglos que Platón escribió en "La República" que la mentira política es una forma de dominar a los hombres Y aunque se trate muchas veces de mentiras retóricas, de mitos o de ficciones, sus efectos sociales eran patentes.

En esta obra, Platón afirma también que la vida social requiere que algunos hombres manden y otros obedezcan para mantener el orden político de la ciudad. Los que mandan están hecho de oro, son los filósofos. Los que obedecen lo están de bronce: son los agricultores y artesanos. Y de plata están hechos los guardianes de la ciudad.

Y para que ese orden se mantenga tiene que estar basado en una noble mentira. Una mentira que todos se crean. Es decir, se puede faltar a la verdad, siempre y cuando sea con un fin noble y se haga por la estabilidad social y en beneficio del bien común. Al mismo tiempo, sigue Platón, se corre el peligro de que ese noble mentir pueda utilizarse por los que persiguen fines innobles, lo que conlleva irreparables consecuencias políticas y sociales para la comunidad.

Esta versión metafísica y jerárquica de Platón de la mentira política la convirtió Maquiavelo en un principio político pragmático y determinante: el fin justifica los medios, aunque matizaba que tales medios tendrían que ser siempre lícitos.

En el siglo XIX, y a propósito de la revolución de francesa de 1830, Víctor Hugo resaltaba los aspectos negativos de la política cuando degenera en simple politiquería. Escribió entonces que la política, que puede ser muy noble, y la politiquería, que siempre es mezquina, son cosas distintas. La política piensa en el medio y largo plazo a partir de una determinada visión del mundo, la politiquería en el mero día a día. La política intenta trabajar para mejorar las cosas para la mayoría, la politiquería se mueve por los beneficios inmediatos de sus autores.

Esa degeneración en el mundo de la política es evidente cuando las mentiras son fácilmente contrastables.Y que sólo las oculta una propaganda repetitiva, basada en una retórica vacua y agresiva más que en hechos probados.

Es cierto que la politiquería existe desde que existen las democracias. Pero no lo es menos que en nuestra tiempo, en que la información se puede obtener por muy diferentes medios, la politiquería ha ido adquiriendo tintes verdaderamente irracionales. Pues en el repertorio de los políticos no solo abundan las mentiras (y no precisamente las mentiras nobles del filósofo griego), sino también los órdagos, las líneas rojas, los vetos, las amenazas, las bravatas y otros dislates parecidos.

Asimismo, en la actual España actual predomina cada vez con más fuerza la política de antagonismos frustrantes y lesivos, con graves repercusiones en muchos aspectos de la vida social. Todo ello muy lejos de la idealizada noble mentira que pregonaba Platón: una utopía anacrónica en los tiempos que corren.

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