Opinión | Dando la lata

Mieres y los perros

Esta mañana, en el tramo que va desde mi casa al despacho, unos 200 metros, vi a 20 personas y 15 perros. Lo de la población canina de Mieres es algo asombroso. Y en constante crecimiento. De ahí la bonanza de las clínicas veterinarias y la implantación de nuevos negocios como los lavaderos y los spa para perros. Lo dije y lo repito: no conozco ningún caso como el nuestro. Vale, en Gijón también hay muchísimos canes. ¿Por qué? Fácil: Gijón está lleno de gente de Mieres.

Seguro que esta peculiaridad, lo de "yes de Mieres, tienes perru, tien cadena", ha de provenir de algo. ¿Qué motiva que en este concejo haya muchas más mascotas perrunas que, por ejemplo, en los concejos vecinos? Me parece tan especial y característico que creo que merece un estudio. Porque estoy seguro de que hallaríamos la explicación en la historia.

Y como yo soy dado a opinar sobre lo que tengo poco o nulo conocimiento, me lanzo a sugerir una hipótesis: Mieres, antes del carbón, era un territorio dedicado principalmente a la agricultura y ganadería, actividades en las que el perro siempre fue un instrumento de trabajo. Luego el ascenso en su consideración hasta convertirse en mascota y uno más de la familia debió de ser posterior a ese tiempo. ¿Serían los empresarios del carbón y los técnicos extranjeros, gente con dinero, los que introdujeron la figura del perro como muestra de prosperidad, un símbolo de estatus y, en consecuencia, una aspiración?

La pintura clásica está repleta de ejemplos de ricos y poderosos acompañados por sus hermosas mascotas caninas. Y en España, hasta no hace mucho, los perros que no cazaban, guardaban ganado o fincas, sólo servían para apedrearlos.

Esto nuestro tuvo que venir de fuera, una costumbre importada de los europeos y que adoptamos con tal entusiasmo que hoy no nos tose nadie. Lo que no entiendo es que, así las cosas, no hayamos avanzado más como centro de referencia canina, con todo lo que podría mover.

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