Opinión

Ana Álvarez

Orlé, amnistía para una palabra asturiana

Años de silencio administrativo ante la petición de la localidad casina para que se restituya su auténtico nombre, reemplazado erróneamente por el de Orllé en la toponimia oficial

Hay un lugar donde algunas palabras asturianas esperan su final, sumidas en la oscuridad, el silencio y el frío. En esta especie de "corredor de la muerte llingüística" languidece el nombre de Orlé tras ser condenado al olvido, cuando el Decreto 52/2007 estableció la toponimia oficial del Concejo de Caso.

Esta injusta sentencia tiene su origen en la deficiente instrucción del expediente que precedió a la aprobación del citado decreto. Como ya expusimos en estas páginas, (LNE, 24 de octubre de 2022), el expediente partía de una relación de topónimos en la que constaban varios nombres extraños a la realidad sociolingüística del concejo de Caso, tales como "Guspriz" por Buspriz, "La Fo" por La Foz, "Ñeves" por Nieves y "Orllé" por Orlé, entre otros. La mayoría fueron posteriormente corregidos, pero "Orllé" no fue rectificado porque la Parroquia Rural de Orlé no fue convocada para participar en las sesiones de formación del expediente, ni tampoco se le trasladó el expediente final con lo actuado. Como consecuencia, los vecinos de Orlé no fuimos consultados, permaneciendo ajenos hasta que, con la publicación del decreto, Orlé dejaba de ser el nombre oficial de este pueblo casín después de ocho siglos de uso ininterrumpido. Un procedimiento opaco, topónimos extraños y falta de información a los vecinos. Oscuridad.

El nombre tradicional de nuestro pueblo es Orlé, pues es el que han usado nuestros antepasados desde tiempo inmemorial y es el que nos han transmitido mediante la tradición oral y escrita. Además, Orlé es un topónimo genuinamente asturiano, pues las fuentes históricas lo recogen desde el año 1201, y aparece en los textos escritos en llingua asturiana desde el siglo XIX. En definitiva, es un topónimo tradicional, histórico, asturiano y de uso generalizado, pues es el que usan todos los casinos, y por extensión, todos los asturianos.

Por el contrario, "Orllé" no es una forma tradicional, pues no está presente en el habla popular de los vecinos de Orlé, y los más ancianos manifiestan que ni siquiera sus abuelos la han usado nunca. Tampoco consta en ningún texto histórico, ni documento público o privado de Orlé. Tan sólo se trata de una variante residual y externa al pueblo que, junto con el apodo y con ánimo peyorativo, se dirige a los vecinos de Orlé. Lógicamente, por un elemental sentido de la dignidad, es una forma que rechazamos totalmente.

Cuando los vecinos fuimos conscientes de que el nombre de Orlé ya no era el oficial, y que por lo tanto estaba condenado a desaparecer, solicitamos al Ayuntamiento de Caso que instara a la Consejería de Cultura para que procediera a la modificación del citado decreto, de manera que fuera restituido Orlé como nombre oficial de nuestro pueblo. Esta solicitud, tras ser aprobada por unanimidad en el pleno del Ayuntamiento de Caso, fue remitida a la Consejería de Cultura.

Han pasado más de dos años y el decreto de la toponimia oficial de Caso aún no ha sido modificado. Y ello a pesar de que, durante este tiempo, la Parroquia Rural de Orlé ha remitido numerosas pruebas documentales para que la Consejería de Cultura y la Junta Asesora de Toponimia, como órgano asesor en esta materia, pudieran actuar conforme al principio de legalidad. Entre diversa documentación, se han enviado tres informes toponímicos en los que varios expertos acreditan que Orlé es el nombre tradicional. Asimismo, se han indicado las referencias de los documentos históricos más antiguos y de las obras literarias en llingua asturiana que citan a Orlé. Además, y esto es lo más importante, se han remitido veintidós declaraciones autógrafas de personas mayores de ochenta años nacidas en Orlé, en las que declaran que sólo y exclusivamente han empleado la forma Orlé y nunca "Orllé".

Por su parte, el Ayuntamiento de Caso, que siempre ha apoyado a los vecinos de Orlé, ha reiterado por segunda vez la solicitud de que Orlé sea el único nombre oficial de nuestro pueblo. Asimismo, ha propuesto que expertos en la cultura y la toponimia de Caso puedan comparecer ante la Junta Asesora de Toponimia, para ofrecerles los elementos de juicio que precisen. Como respuesta a toda esta actividad probatoria tan sólo se escucha el silencio administrativo. Silencio.

Ante la falta de respuesta de la Administración, y como presidenta de la Parroquia rural de Orlé, he intentado solicitar ayuda a quienes deben liderar la defensa de la Asturias rural, de la cultura y de la llingua asturiana. En este sentido, durante estos dos años, y además de muchas llamadas telefónicas, he dirigido cuatro escritos al presidente del Principado, tres a la consejera de Cultura y otros tres al presidente de la Academia de la Llingua Asturiana. Llamadas de auxilio que se ahogan en un océano de indolencia y falta de empatía. Frío.

En la oscuridad, el silencio y el frío del "corredor de la muerte llingüística", la esperanza de una amnistía para el nombre de Orlé parece que se desvanece por falta de voluntad política, pues las razones de carácter democrático, histórico, sociológico, lingüístico y ético avalan sobradamente la justa petición de los vecinos de Orlé.

Voluntad política que parece guiarse por otros intereses, pues, salvando las distancias geográficas e institucionales, es capaz de aprobar leyes orgánicas especiales en breve plazo de tiempo para otorgar la amnistía a los presuntos autores de graves delitos. Sin embargo, a este pueblo asturiano, sin influencia política, económica y social, se le ignora y se le opone todo tipo de cortapisas administrativas y de objeciones academicistas para modificar un simple decreto.

Los vecinos de Orlé no pedimos ningún trato especial, tan sólo queremos que se aplique la Ley 1/98 de Uso y Promoción del Asturiano, pues en su artículo 15 se establece que "los topónimos de la comunidad autónoma del Principado de Asturias tendrán la denominación oficial en su forma tradicional", y la forma tradicional de nuestro pueblo es Orlé, como bien sabemos todos los casinos y todos los asturianos.

Mientras se consuma esta crónica de una muerte anunciada, el tiempo corre en nuestra contra, pues cada vez somos menos los que podemos dar testimonio fehaciente del nombre tradicional de nuestro pueblo. Por el contrario, las publicaciones oficiales del Principado, los autores "obligados" a usar la toponimia oficial y los medios de comunicación desinformados van encontrando eco en las redes sociales, e infiltrando un "topónimo fake" en los repositorios digitales sobre cultura asturiana, fuentes de donde ya beben los sistemas de inteligencia artifi cial que adoctrinarán a la próxima generación de asturianos.

Ante el desamparo institucional y la inquietante inteligencia artificial, los vecinos de Orlé oponemos nuestra dignidad y nuestra modesta inteligencia campesina para sacar el nombre de Orlé del "corredor de la muerte lingüística". Por eso escribimos en estas páginas su nombre, confiando que la luz de la imprenta ilumine la oscuridad y permita ver a nuestros lectores la injusticia que se comete con un pueblo asturiano. Por eso pronunciamos el nombre de Orlé, para que nuestra voz rompa el silencio cómplice de quienes callan. Por eso, con el amor que sentimos por nuestro pueblo, mantenemos día a día su pulso vital, dándole el calor y el aliento que le permita superar el frío de esta noche interminable.

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