Opinión | Velando el fuego

¿Quién chocó primero?

Los resultados de las elecciones europeas con el auge de la extrema derecha y la debilidad de la izquierda

En esta ocasión me apresuré a llegar pronto a la tertulia. La semana anterior, tal como comentaba en esta columna, cuando me senté ya se había consumido una parte del debate. Dado que se trata de un encuentro más o menos informal, sin horarios ni reglas fijas, sin embargo, quien llega antes, acostumbra a elegir el tema que vamos a tratar. Es un privilegio no escrito, una fórmula que se va afianzando con el tiempo (varios años ya). De modo que en este caso me dio tiempo a sentarme, pedir mi descafeinado mañanero y aguardar a que fueran llegando los habituales tertulianos (entre cinco o seis casi siempre).

Sabedor de que los contertulios estarían deseando debatir sobre la pasadas elecciones al Parlamento Europeo (es obvio su interés por los temas socio políticos), pensé en buscar el punto de vista más adecuado. Se podría comenzar por el triunfo de la derecha, por el estrépito de cristales rotos que va a significar esa cuarta parte de Eurodiputados, y así. Sin embargo, pensé que lo mejor era centrarnos en nosotros, en nuestras responsabilidades, en línea con lo que apuntan algunos diarios: "Triunfo indiscutible de la derecha; ahora toca a la izquierda reaccionar".

Y casi sin querer, me asaltó la imagen de un guardia de tráfico, de esos que cogen la libreta y no paran de poner multas a diestro y siniestro, siempre buscando culpables: ¿quién chocó primero?, y sin interesarse por el estado en que queda la carrocería de los que colisionan.

Poco a poco fueron incorporándose los tertulianos. Café para unos, cervezas para otros, hasta que la mesa habitual completó su cupo de peticiones. No fue necesario mirarnos unos a otros, o decir quién empieza hoy o qué temas os parecen más interesantes. Faltó tiempo para advertir que yo había llegado primero y que a buen seguro ya tendría la chuleta preparada.

Así es, respondí de inmediato. Y hoy va de normas de tráfico. Era lógico que se sorprendieran, y que incluso uno de ellos dijera, entre risas de los demás, que ojo al parche, que yo no tenía carné de conducir y que a ver a dónde quería llevarlos. Pasado ese momento de desconcierto, cargué todas las baterías para explicar que una parte de la debilidad de la izquierda, y por tanto de los éxitos de las fuerzas conservadores, radicaba en el modo que tenemos de comportarnos unos partidos con otros. O cambiamos la mirada, recalqué, o estamos perdidos. Nos parecemos a ese guardia de tráfico al que lo único que le interesa es encontrar la paja en el ojo ajeno (quién chocó primero), como si de ese modo cumpliera mejor su misión. Y eso que los tropezones se producen siempre entre vehículos de la misma familia, con sus distintas características en el motor, chasis o batería, pero que, en todo caso (PSOE, IU, Sumar o Podemos), pertenecen a la fábrica situada a la izquierda. De ahí que, antes de buscar culpas en los demás, sea conveniente hacer ejercicios de autocrática. Seguro que de este modo, finalicé, nos iría mejor a todos.

Nadie se mostró en desacuerdo con la imagen, pero se fueron deslizando distintas objeciones: desde el excesivo idealismo hasta la siempre confusa condición humana. No obstante, al final llegamos a una conclusión: es normal que de cuando en cuando se produzca algún encontronazo en la carretera, pero lo que es inadmisible es que la práctica política habitual se haya convertido en un insoportable parque de atracciones: montañas rusas que suben y bajan según los raíles económicos que interesen en cada momento; rápidos de agua donde se ahogan siempre los más débiles y coches de choque cargados de electricidad que no dejan de golpearse unos a otros durante las veinticuatro horas del día.

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