Opinión

La triste y temprana muerte de Daniel García Posada

La pérdida de un intelectual íntegro con el que se podía hablar de todo

El reciente fallecimiento de Daniel García Posada (1980-2024) ha generado una profunda consternación en San Martín del Rey Aurelio, de donde era natural este reconocido filólogo, asentado por motivos profesionales en Almería. Las muestras de condolencia y tristeza por la temprana pérdida de este intelectual se han venido sucediendo desde que se conociera la dolorosa noticia

En un mundo que ignora vivir en los años 20 de este siglo, por supuesto sin la creatividad que aquel periodo usó como refugio ante lo que todos sabían que se avecinaba. En un mundo sin intelectuales relevantes, mejor expresado en el que se llama intelectual a cualquiera, yo había encontrado a un buen hombre, a un intelectual íntegro, solido, con el que podía hablar de política, arte, educación, latín, griego, incluso aprendí palabras en persa antiguo para desde ese conocimiento etimológico llegar a conclusiones filosóficas. Y se ha muerto, Daniel García Posada se ha muerto.

Tenía casi la misma edad de mi hija, un año más, y me hacía sentir ansias por conocer, por saber… Y sobre todo me hacía sentir joven. Jamás noté la diferencia de edad que nos separaba. Magníficas fueron sus intervenciones en aquella jornada que con entusiasmo preparó sobre Emilia Pardo Bazán organizadas por la Universidad de Oviedo y SOPHVM, entidad de la que tengo el honor de ser socia honoraria. Disfruté de aquellos debates después de mi ponencia sobre doña Emilia como si aún tuviese 20 años, todos jóvenes, beligerantes, y Dani a la cabeza. Me sentí una más, cosa que en mí es difícil…

Se ha muerto un asturiano de esos que no suelen recibir homenajes aun mereciéndolos, de los que marcan el camino a generaciones, pero luego caen en el olvido. Se ha muerto un asturiano hijo del esfuerzo. Un chaval que no nació en familia pudiente, ni cultivada, de esas para las que ir a la Universidad es lo normal, pero que hizo todo lo posible para que Dani y su hermana se formasen como ellos no habían podido hacerlo. Un asturiano que ejercía de asturianía profunda y que sufrió lo indecible los años de la pandemia, por no poder venir, por saber si podría hacerlo. Amaba Asturias y la honraba con ese amor desmedido que le tenía a la tierra.

Creo que será este mes cuando saldrá publicado a nivel internacional un ensayo que presenté en la Universidad de Salamanca y me negué a publicar en un libro de esa Universidad al observar que la ideología podía con el pensamiento propio. Con el mío no pudo. Ese ensayo, "Posse comitatus", será publicado por la Universidad de Buenos Aires y llegará a todos los rincones del mundo con universidades que tienen departamentos de castellano. No sólo eso, la UNESCO –creo- lo incluirá en su contenido. Ese trabajo, ese ensayo jamás habría sido posible sin Daniel. Noches enteras discutiendo fondo y forma, etimologías… En ese ensayo sale su nombre y sé que él estaba contento, pese a la tardanza en su publicación provocada por la pandemia. Rompía moldes el contenido y tenía ganas de verlo publicado. Lo verá, estoy segura de que lo verá.

No quiero pensar en cómo estarán esos padres y esa hermana. Esa madre de mirada franca, directa. Igual a la de Daniel, que sonreía hasta con los ojos.

"Posse comitatus" no se refiere a la "Posse comitatus Act" de Estados Unidos. La traducción es "ir en compañía". Daniel, yo no sé si los espíritus leen los periódicos, quiero creer que sí, yo siempre tendré tu compañía, por siempre jamás y hasta el día que volvamos a encontrarnos. Las medallas del Principado están para reconocer méritos, de los de verdad. Tú te mereces una.

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