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Opinión

De nones

De nones

De nones

Bueno, pues el romance acabó y ella dijo no. El espectáculo bancario que nos han dado el BBVA y el Sabadell, un disco de Pimpinela que duró año y medio, escapa de la tradicional ortodoxia que rige en un sector que para sus asuntos siempre ha preferido la discreción. El banco vasco le tiró los trastos al catalán y cuando parecía que las dotes conquistadoras de aquel serían irresistibles, toma ya, el Sabadell dijo que de novia a la fuerza tururú. El tema alcanzó tal dimensión pública que incluso en nuestra tertulia llegó a producirse un enconado enfrentamiento entre los accionistas de ambas entidades. Y unos venga a pelar la pava mientras los otros no se apearon del morrito de desaprobación. Ni flores, ni galletas, ni cartas perfumadas, ni rondas a la luz de la luna, ni nada. Que nones. Y nones fueron. Y, claro, a los que ni nos va ni nos viene esta larga y pesada pretensión de arrimar cuerpos y bolsillos, nos tenían hasta el copete y con unas ganas locas de que esto concluyera, en boda, en amistad con derecho a roce o cada uno por su lado, pero que la serenata cesara de una vez.

Ahora tenemos a unos despechados, heridos de amor y dolidos por el rechazo. Y los otros, subidos a la parra y la mar de gallitos, como si hubieran repelido a las tropas invasoras. Por si no fueran suficientes los Barça-Madrid, los PSOE-PP, los Oviedo-Sporting, los monarquía-república, los eternos debates de la tortilla con o sin cebolla y el pote con o sin fabes, ahora hay que soportar a los de un banco y a los de otro. Mamina, qué tabarra.

Y, para colmo, ayer me enteré de que el que nos ha dado la mayor murga con el romance, que no paró de meter baza y de chinchar bien chinchado, sólo tiene cuenta abierta con los Botín. ¿No es para arrojarlo dentro del contenedor? Esta chifladura de los partidismos nos está matando.

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