Opinión | Historias Heterodoxas
Los alegres muchachos de Luis Bárzana
La historia de este maestro y miliciano nacido en Castropol

El comandante Bárzana.
En todas las guerras los soldados tienen momentos de descanso en retaguardia para evadirse por un tiempo, que suele ser muy corto, de la tensión del frente. En 1937, el batallón motorizado de Luis Bárzana descansó en Mieres en tres ocasiones, simpatizando con la población y repitiendo el mismo programa: mitin, baile popular, concurso de asturianadas y partido de futbol contra un equipo formado por los vecinos.
El semanario Estampa recogió la última de estas paradas en un artículo titulado «Los alegres muchachos del batallón Luis Bárzana juegan al futbol». El periodista alabó en su crónica el valor y la simpatía de los milicianos, pero también incluyó un párrafo derrotista que pasó desapercibido a la censura de los comisarios políticos: «Nada importa que quien cantó en Mieres no pueda volver a cantar ya en el nuevo punto de descanso adonde les destinen tras la batalla. No hay porque pensar en que el once del batallón ha sido ya dos veces renovado. De los que jugaron el primer partido solo quedan cuatro, pero el equipo sigue jugando con la misma alegría que comunican a los lugares donde van».
Leyendo esto resulta difícil comprender con que naturalidad se coexistía entonces con la muerte; pero la realidad cotidiana obligaba a ello, y de hecho aquel partido no pudo concluirse y se interrumpió a las cinco de la tarde cuando los alegres muchachos tuvieron que subir rápidamente a sus doce autocares para incorporarse al cerco de Oviedo.
Hay que decir que no todos los oficiales republicanos cuidaron la relación con la población civil como lo hizo Luis Bárzana, quien integró en el cuadro de mandos de su batallón a varios maestros, el mismo trabajo que él ejercía en tiempo de paz.
Luis había nacido en Castropol (no en Gijón como se apunta en algún escrito) porque allí pasaban sus padres los veranos. Fue maestro nacional y trabajó en la escuelas de Barredos, La Felguera y Gijón, compaginando su trabajo con la militancia en las Milicias Antifascistas Obreras y Comunistas MAOC, organizadas por el Partido Comunista en 1933. Sus hermanos también compartieron con él la ideología y en algunos casos su profesión.
José, uno de ellos, fue ayudante durante la contienda del consejero de Instrucción Pública, Juan Ambou. Después se exilió en la República Dominicana, vivió en varios países hispanoamericanos y se estableció en Francia formando parte de la dirección del PC hasta que en agosto de 1970 fue expulsado por Santiago Carrillo. Entonces, junto con Enrique Lister, Celestino Uriarte, Luis Balaguer y Luis Saiz formó el Partido Comunista Obrero Español, PCOE.
Jesús, otro de los maestros nacionales, fue detenido y juzgado cuando acabó la guerra con la acusación de haber formado parte de una checa. Por ello, lo fusilaron el 3 de julio de 1938 cuando tenía 28 años. Su cuerpo reposa en la Fosa Común de Oviedo.
Félix tuvo la historia más breve, ya que murió en el frente de Madrid.
Eduardo, a su vez maestro nacional, fue oficial de enlace del XXIII Cuerpo del Ejército y cayó prisionero de los franquistas que lo llevaron hasta el campo de concentración de Albatera, pero logró fugarse y consiguió llegar a Francia antes de viajar a México en 1946.
Por último, César, que había sido movilizado en la llamada «quinta del biberón» enfermó en el frente del Ebro y tuvo que regresar a Asturias donde pasó el resto de su vida.
Volviendo ya a Luis Barzana, tras participar en primera línea en la revolución de 1934 ocupó cargos de importancia en el Ejército Popular durante la guerra española. Mandó primero el batallón que llevaba su nombre, después el regimiento «Muñiz», la 10ª Brigada asturiana y la 57ª División y en la fase final del frente de Asturias, la División C que defendía la cordillera Cantábrica. Combatió con heroísmo en los frentes de Asturias, Euskadi y Cantabria y estuvo en la mítica resistencia de El Mazucu; pero su concepto humanista de la sociedad le hizo tener algunos choques con sus compañeros de partido.
Por ejemplo, en Gijón intentó oponerse arma en mano al asalto y la saca de los derechistas que estaban detenidos en la «Iglesiona» y que acabaron fusilados; según otro testimonio, también ofreció a su cuñado, Ramón Eguía, preso por falangista, liberarlo si le prometía no pasarse al campo sublevado; sin embargo, este se negó y lo dejó en su celda. Su valentía hizo que se pasasen por alto estas actitudes: durante uno de los combates quedó cercado junto con varios compañeros, entonces se hizo cargo de una ametralladora y se quedó solo con el ayudante del arma y un chófer para cubrir la salida de sus compañeros. Por esta acción fue propuesto para un ascenso, aunque el Partido Comunista se opuso porque al ser maestro no lo consideraba obrero.
Cuando la caída de Asturias era inminente y los dirigentes regionales decidieron huir, recibió un mensaje para que se presentase con urgencia en Gijón. Allí paró en la sede del Partido Comunista donde solo se encontraba un grupo de mujeres que le dijeron que todos los hombres ya estaban embarcando en El Musel. Luis corrió hacia allí y se subió a un navío que estaba a punto de zarpar para afearles que con su marcha dejaban en el abandono a la población civil. En medio de una fuerte discusión, el barco soltó amarras y un teniente de carabineros le impidió descender, con lo que se vio obligado a partir con ellos hasta Francia.
Allí estuvo un tiempo ayudando a quienes no querían volver a España, porque era el único del grupo que hablaba algo de francés, luego cruzó la frontera para reincorporarse al Ejército de la República. En Barcelona le esperaba su mujer, Esther Álvarez, con quien se había casado en 1936; pero muy pronto volvió a primera línea en el Frente Sur mandando la 71ª División y la 49ª División del XIV Cuerpo de Ejército Guerrillero dedicada a operaciones de sabotaje de comunicaciones y líneas de suministros en la retaguardia franquista.
Una de estas acciones fue la que protagonizó entonces junto con Ramón Pedrosa, jefe de la 55ª Brigada liberando durante la madrugada del 24 de mayo de 1938 en una arriesgada incursión de comandos a más de 300 prisioneros, en su mayoría asturianos, que estaban detenidos en el fuerte de Carchuna y realizaban trabajados forzados construyendo un campo de aviación y una carretera militar en la costa granadina. Este episodio fue celebrado y aprovechado por la propaganda del bando republicano y el Gobierno premió la audacia de los dos jefes concediéndoles la Medalla del Deber.
Finalmente, Bárzana fue hecho prisionero y encarcelado en un campo de concentración cerca de Almería con su hermano Eduardo. Allí fue reconocido y conducido a Oviedo por un grupo de falangistas asturianos que se dedicaba a buscar e identificar a republicanos destacados recorriendo las cárceles de la España franquista
Antes de que lo juzgasen, Esther buscó la influencia del general Emilio Estebán-Infantes, quién debía un favor a familia Bárzana porque tras el conato de golpe de la Sanjurjada les había pedido escondiesen unos papeles que le comprometían. El militar, compañero de Franco y de Yagüe, que más tarde llegaría a ser general de la Wehrmacht con la División Azul, intercedió para que se conmutase la pena de muerte por una condena a 30 años. Luis estuvo en el penal de Santoña y en una colonia penitenciaria en El Bierzo donde conoció a un ingeniero que iba a ir a trabajar en la presa de Barrios de Luna y le ofreció un puesto en aquella obra.
Aceptó la oferta y cuando fue puesto en libertad se trasladó hasta allí para instalarse, primero en la fonda del pueblo y posteriormente en una de las casas construidas por la empresa encargada de la construcción del pantano.
Poco después, a finales de mayo, ayudaba a una medición en un río cuando el teodolito de uno de los topógrafos cayó al agua y él, que había aprendido a nadar con soltura en la playa de San Lorenzo, se lanzó para recuperarlo y quedó atrapado por unas ramas del fondo muriendo ahogado. Entonces, su mujer estaba embarazada y le puso a su hijo póstumo el mismo nombre de su padre. Esther Álvarez vivió hasta los 103 años. Aún no se ha escrito una biografía completa sobre Luis Bárzana.
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