Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

Necesidad de concordia

El ambiente de crispación en la política y la sociedad del país

La crispación, en todos los órdenes, que vive este país es urgente desterrarla cuanto antes. Hay un ambiente enrarecido en la vía pública, en las tertulias de bar, en la peluquería, en el supermercado. La gente vive con mucha preocupación por el encarecimiento de la cesta de la compra, los malos hábitos de nuestros políticos, los desequilibrios sociales y especialmente por esa malvada corrupción que nos invade con un paro que nos atormenta.

La concordia entre partidos y entre gobernantes y gobernados debe prevalecer por encima de todo. La avenencia forma parte del individuo marcado por su racionalidad y sensatez. Resulta muy amargo que nuestro ruedo ibérico viva en su cotidianidad con duros enfrentamientos dialectales entre unos y otros por la marcha de la “res pública”.

Vuelven las dos Españas en una confrontación absurda y recordando episodios lamentables de otro tiempo. Izquierdas y derechas deberían sentarse a negociar sus planteamientos y alcanzar realidades que beneficien a la comunidad con la intención de avanzar y conseguir un equilibrio de entendimiento con la razón como referencia. Y en este aspecto me gustaría sugerir al presidente del gobierno Pedro Sánchez que en sus largos insomnios monclovitas -barrunto- leyera un libro de mucho interés como es: "Historia de las ideas políticas" del francés Jean Touchard, un politólogo destacado dentro del universo académico galo y que escrito en los años cincuenta tiene una vigencia total. Desde el mundo heleno con la cultura de las ideas y la filosofía existencial de Sócrates, Platón o Aristóteles, pasando por los enciclopedistas hasta nuestros días, este manual de mesita ahonda en la raíz primigenia de la democracia, la polis -ciudad- justa, el equilibrio social y la reflexión política con el objeto de lograr un estado de ánimo que no corrompa al individuo.

Montesquieu y su división de poderes a buen seguro que se enojaría con Sánchez por maltratar a su antojo esas potestades tan necesarias en un estado de derecho. Actualmente vivimos momentos extraños y sujetos a una especie de autocracia que el gobierno central impone a sus anchas con una oposición debilitada para hacer frente con autoridad a esos desmanes. Estamos sin presupuestos, la justicia de momento resiste a los embates de un ejecutivo sin rumbo nítido, la mayoría de los medios de comunicación están al servicio del poder por burdos intereses espurios, las ideas se pierden en un limbo desnortado y la pudrición está presente en cualquier departamento gubernamental.

Un panorama desalentador que afecta al ciudadano y que se refleja en el ambiente público con la tristeza en el semblante de muchos naturales. Lo vuelvo a repetir. Es tiempo de inteligencia, unanimidad, armonía, unidad, convenio. Una concordia que supere obstáculos y convierta a este país, esta España nuestra en ese habitáculo de historia, gestas, emprendimiento y pasión, como lo fue en sus mejores días. Platón habla en su “República” de la ciudad justa que hace hombres justos y sensatos.

Sánchez tiene que meditar a fondo su plan de gobierno y lo que quiere de verdad para un Estado fallido por actuaciones dudosas y apartadas de lo que un día escribió el intenso Maquiavelo. Esa legión de asesores gubernamentales tienen la obligación, es mi opinión, de orientar al jefe del ejecutivo para que se anime a leer "Historia de las ideas políticas". Con su lectura, a modo de terapia cultural y animosa, el país posiblemente tomaría un rumbo más directo con la bandera de paz y de conformidad en un trasfondo de ilusión y fraternidad. 

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS

Tracking Pixel Contents