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Opinión | De lo nuestro / Historias heterodoxas

Un bucle en nuestra historia antigua

El polifacético Elías García-Tuñón y Quirós, de origen mierense, militar, arqueólogo, escritor y promotor cultural

La historia de hoy vista por Alfonso Zapico.

La historia de hoy vista por Alfonso Zapico. / Alfonso Zapico

Elías García-Tuñón y Quirós, como verán ahora, fue un personaje polifacético. Siempre se le dio origen mierense, porque de aquí eran sus raíces, vinculadas a la casona de los Bernaldo de Quirós en Santa Cruz, donde nació su madre; pero ahora sabemos que en realidad él vino al mundo en Salas el 21 de enero de 1811. Hizo carrera militar combatiendo en la I guerra carlista con el bando liberal; fue herido y cayó prisionero según contó el erudito Protasio García Solís por culpa de su curiosidad por la arqueología, que le impulsó una tarde a separarse de su compañía para investigar un castillo en ruinas que vio desde el camino. Pero logró fugarse y pasó al Ejército de Reserva de Andalucía estableciéndose más tarde, cuando llegó la paz, primero en Oviedo y luego en Bailén. Allí desarrolló una buena trayectoria cultural antes de fallecer el 23 de febrero de 1885.

Don Protasio dijo de él que "con igual copia de noticias, y con crítica no menos razonada, escribía de agricultura, economía, comercio y fabricación, que de arqueología, cosmogonía, historia, política, filosofía, astronomía y física". Y así fue, ya que Elías García-Tuñón también colaboró habitualmente en diferentes diarios y revistas y escribió libros tan curiosos como el titulado "Nueva teoría sobre la fuerza de la gravedad, relacionándola con las fuerzas atmosférica y explicando de paso como se forma la hulla y de dónde vienen los aerolitos", que no tardó en ser censurado por la comunidad científica porque sus propuestas no se ajustaban al rigor académico.

Teorías

Ahora quiero acercarles otra de sus teorías, que durante muchos años también fue rechazada y en un curioso bucle histórico ha vuelto a ser puesta en valor en el siglo XXI. Me refiero a su relato acerca de las guerras entre astures y romanos y especialmente a lo relacionado con los escenarios bélicos de La Carisa, que las excavaciones han identificado como un gran campamento militar.

García-Tuñón publicó en 1858 un pequeño pero denso ensayo sobre este asunto: "Memoria sobre la guerra que los romanos hicieron en Asturias", basado en la interpretación de los historiadores clásicos y en su propia experiencia tras haber recorrido estos parajes, estudiando el terreno y recogiendo testimonios sobre hallazgos y tradiciones.

En su trabajo, situó el mítico monte Medulio, escenario de la tragedia de los cántabros, en la parte más alta de la cordillera que descendiendo del "Pirineo Ástúrico" circunvalan dos ríos, llamando Caudal y Aller a los que en realidad aún son el Lena y el Río Negro, que tiene su origen en Santibáñez de Murías. Allí vio "tres elipses concéntricas denominadas Curriellos, desde las cuales descienden los vestigios de dos caminos cubiertos a igual número de manantiales, que ocupan la falda", que ya interpretó como fortificaciones anotando como solían estar cubiertos de nieve seis meses consecutivos y en su recinto apenas crecían brezos, arandaneras, y sobre todo genciana.

Homon de Faro

También le llamó la atención a poca distancia el Homon de Faro, y en la misma dirección un bosque en cuyas praderas se veían los vestigios de un gran foso ya relleno en gran parte, pero que aún se podía reconocer fácilmente por el cambio en la densidad de la vegetación.

Elías García-Tuñón se dio cuenta de que la curva de este foso circunvalaba la montaña en un gran perímetro, aunque en aquel momento no pudo medirlo porque la lluvia se lo impidió y decidió dejarlo para otro momento. Era la Vega de la Cava; para él, una obra realizada por los generales romanos Furio y Carisio para bloquear definitivamente los cántabros. Al mismo tiempo, situó en la majada de Bustohumoso, el rancho en que guardaban su ganado los "Asturo-Cántabros" y donde se suicidaron colectivamente envenenándose con ramas de tejo cocidas. Incluso aventuró cómo pudo ser el plan de guerra romano, con los legionarios de Carisio ocupando el campamento del monte mientras Furio permanecía en el cuartel general de Ujo.

Su interpretación de la toponimia ha tenido menos suerte, ya que salvo el acierto de vincular Murias con el latín "mura", como fortificación, lo otro, como verán es pura fantasía: el bosque de Monteladrones sería la guarida de grupos de guerrilleros que atacaban por sorpresa a los invasores; La Romía se llama así por la presencia de romanos; Pendilla, ya en la provincia de León, es el punto en que pendieron de sus cruces los prisioneros que según Estrabón murieron entonando himnos patrióticos; Carabanzo tomó su nombre de Caro-abanze, porque allí tuvieron los invasores pérdidas considerables; Fierros era donde se guardaban las cadenas con que pensaban ligar a los futuros cautivos y Urbiés -Urbi-est- debe traducirse: "Roma es dueña de este sitio".

Don Elías tomó nota de las leyendas que sitúan una gran acción bélica en la zona próxima a la Casa Duró de Mieres, frente al palacio del marqués de Camposagrado "donde se conservaron hasta hace poco tiempo ruinas de un castillo"; otra batalla en Moreda y una más en Campomanes, aunque aquí rechazó la tradición de que el pueblo se llamase así recordando la sangre que manó por su campo y propuso en cambio la derivación de Campusmanium, por la dedicación a los dioses manes ya en la guerra de Agripa.

Época Romana

También hizo un repaso por los hallazgos de época romana de que tuvo noticia: la primera lápida aparecida en Ujo -luego se encontraron otras dos-, que estaba junto a otros restos y pasó a poder del sr. marqués de Canalejas, "persona muy instruida y apreciada en el país"; el descubrimiento de monedas en el mismo Ujo, en Pajares y Santibañez de Murias, en este caso de plata y en gran cantidad, de las que él guardó algunas para su colección; también en Aller un juego de instrumentos religiosos vinculados a sacrificios paganos, que ya estaban en aquel momento en paradero desconocido.

La historia de hoy vista por Alfonso Zapico.

La historia de hoy vista por Alfonso Zapico. / Alfonso Zapico

Elías García-Tuñón reseñó la información que le dio un propietario allerano apellidado Cachero sobre la existencia en el puerto de San Isidro de una inscripción romana grabada en una roca denominada las Piedras, que distaba cuatro leguas aproximadamente hasta Curriechos y dio noticia de la más interesante de estas piezas, la que encontró un vaquero en 1849 en las inmediaciones de Curriellos y que ahora podría ser importantísimo para estudiar la romanización en Asturias. Se trataba de "un casco de cobre lleno de relieves, el cual tuvo la desgraciada ocurrencia de hacerlo pedazos y convertirlo en ochavos".

Descalificado

Pues bien, todo este trabajo fue descalificado sin piedad por el erudito gijonés Julio Somoza, quien se encargó junto con Calixto Alvargonzález de las primeras labores de excavación y documentación de las termas de Campo Valdés descubiertas en un extremo de la playa de San Lorenzo en 1903. Posteriormente otros investigadores más modernos también rechazaron la hipótesis del asentamiento romano en el monte Curriechos identificando los restos de sus fosos como las defensas de un castro astur. Así lo hicieron José Luis Maya y José Manuel González. Yo mismo, siguiendo a este último, recorrí todos los castros del Concejo de Lena en 1979 junto a mi querido amigo Miguel Ángel Castañón, llegando a la conclusión de que se trataba de un emplazamiento utilizado en el verano por los astures para llevar al ganado que en invierno trasladaban a otro punto más bajo situado sobre San Andrés de Parana, a la manera en que durante siglos lo hicieron los vaqueiros en otras brañas de la región.

Sin embargo, ya en el siglo XXI, parece definitivamente demostrado que los trabajos de La Carisa se corresponden con los cercos defensivos de un campamento romano de buenas dimensiones. Así lo afirman quienes se han encargado en estos años de las campañas de excavación, retomando la lectura de Elías García-Tuñon.

En octubre de 2010 los arqueólogos Jorge Camino Mayor y Yolanda Viniegra publicaron un artículo en la revista "Asturies, memoria encesa d´un país" reivindicando a este personaje que al final de su vida dejó su colección de 900 monedas romanas de cobre y plata, junto a otros objetos antiguos, al Instituto de Enseñanza Pública de Oviedo. En este texto se confirma la principal propuesta del viejo militar liberal, pero también se corrigen datos que la tecnología ha ayudado a poner en su sitio, como la identificación de las trincheras de La Cava, datadas efectivamente en el siglo I, pero no como unos trabajos militares, sino mineros, seguramente en busca de oro: la historia es así.

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