Opinión
El asesinato de un bastardo
Las intrigas que llevaron a la muerte Gonzalo Bernaldo de Quirós por envenenamiento
El Museo Arqueológico de Asturias no tiene el reconocimiento popular que se merece, casi siempre se le ignora en las rutas organizadas para los turistas que visitan nuestra región y tampoco figura en los circuitos que se ciñen solo a Oviedo y sus cercanías. Sin embargo, es magnífico, con buenas instalaciones y colecciones de mérito, sobre todo en las salas dedicadas a la prehistoria y la historia antigua, aunque también la Edad Media está representada por algunas piezas de interés.
Una de las más originales es el sepulcro de Gonzalo Bernaldo de Quirós, un curioso personaje vinculado a la Montaña Central. Este túmulo estuvo en su origen en el ábside del monasterio de San Francisco de Oviedo hasta que en 1898 fue derribado. Se trata de una obra de mérito, que se recuperó muy dañada, pero fue restaurada para restablecer bien su apariencia original.
El monumento funerario consta de un sarcófago que contenía el cuerpo de don Gonzalo y sobre él su representación yacente, apoyando la cabeza sobre dos almohadones, vestido con armadura y la espada entre las manos, con un perro a sus pies y un paje arrodillado sosteniendo su yelmo. La caja está sostenida por tres leones y decorada con escudos de los Bernaldo de Quirós, cada uno de ellos cruzado en diagonal por una barra, que señala así la bastardía del difunto.
El sepulcro no tiene fecha, pero en su borde superior puede verse una inscripción en dos líneas, que llevada al castellano actual se leería así: «Aquí yace Gonzalo Bernaldo de Quirós, hijo de Juan Bernaldo de Quirós, bastardo, el cual gobernó la Casa de Quirós después de la muerte de Lope Bernaldo hasta que Yván Bernaldo fue hombre, y después en vida de Yván Bernaldo hasta que Juan Bernaldo, su hijo, fue hombre, y por mandado de Yván Bernaldo».
Como vemos, fue un hombre importante que a falta de poder heredar directamente la representación de la Casa de Quirós por culpa de su bastardía, la gobernó en dos ocasiones ejerciendo la tutoría de sus representantes legítimos hasta que estos alcanzaron su mayoría de edad.
Don Gonzalo era hijo de Juan Bernaldo de Quirós, quien estaba casado con Aldonza Ramírez de Guzmán con la que tuvo dos hijos llamados Isabel y Lope. Por lo tanto estos fueron hermanastros suyos. Desconocemos quién fue su madre y si tuvo más hermanos, o si ella o su padre le dieron más hermanastros de otras relaciones paralelas, pero sí sabemos que él a su vez se casó dos veces y tuvo un hijo de su primer matrimonio y tres del segundo.
Hay una buena biografía publicada por el historiador Jesús Antonio González Calle en el número 2 de la revista Territorio, Sociedad y Poder, de 2007, con el título "¿Qué fue de Gonzalo Bernaldo de Quirós el Bastardo?" en la que afirma que aunque en la tumba de don Gonzalo se hizo constar su bastardía, mientras vivió no fue conocido con ese apelativo y que está fuera de duda que murió asesinado.
Según esta investigación, el padre de don Gonzalo, Juan, encabezaba una rama de los Bernaldo de Quirós, mientras que su tío Lope representaba otra que había emparentado con los Miranda, otra de los linajes principales de Asturias, y los dos mantuvieron siempre muy buena relación. Pues bien, tras el fallecimiento de Juan Bernaldo de Quirós, la responsabilidad de la casa fue asumida por su primogénito, Lope, quien falleció en 1446, al parecer de una caída de caballo, dejando a su vez un hijo menor llamado Yván.
Gonzalo "el Bastardo" fue su tutor hasta que llegó a su mayoría de edad y después siguieron muy unidos e incluso combatieron juntos en la guerra civil que enfrentó entre 1465 y 1468 al príncipe Alfonso contra su hermanastro el rey Enrique IV. En nuestra región, los Bernaldo de Quirós representaron al bando del monarca, mientras Diego Fernández de Quiñones, conde de Luna, encabezó a los seguidores del pretendiente. Además, Yván Bernaldo de Quirós y el conde se disputaban el cargo de merino mayor de Asturias.
Finalmente, la guerra terminó con la muerte del príncipe Alfonso, pero hubo un acuerdo y el conde se quedó con el cargo, según Jesús Antonio González Calle «tal vez a cambio de reconocer a Yván los portazgos de Mieres, Lena y Campomanes, que poco antes le había concedido el rey Enrique IV».
Después, la paz se negoció a cambio del reconocimiento de la princesa Isabel y los Bernaldo de Quirós actuaron con inteligencia poniéndose del lado de quien iba ser la futura «reina católica». Sin embargo, Yván contrajo la lepra y antes de morir volvió a nombrar tutor de su hijo Juan a Gonzalo "el Bastardo" y fundó el mayorazgo de los Bernaldo de Quirós hallándose en su casa fuerte de Mieres (la torre del actual IES que lleva este nombre) en abril de 1474.
Cuando Yván Bernaldo de Quirós falleció dos años más tarde, las relaciones de Gonzalo con su nuevo tutorando se deterioraron con rapidez, de manera que buscó el apoyo de los Miranda, parientes de su mujer, enemistándose con el resto de sus familiares.
Durante el reinado de los Reyes Católicos, don Gonzalo había fijado su residencia en el valle de Aller. Desde allí volvió a enfrentarse con el conde de Luna, esta vez por unos derechos sobre propiedades de este concejo, ya que los monarcas en reconocimiento a su apoyo le otorgaron la recaudación de unos tributos sobre fueros, yantares, escribanías, y presentación y patronazgo de iglesias que los vecinos ya venían pagando al conde. Los afectados expusieron la situación a los reyes y estos encargaron en 1478 al corregidor Pedro de Mazariegos que estudiase y resolviese la situación.
El corregidor resolvió a favor del conde de Luna quien ya tenía estos derechos asentados desde hacía dos generaciones y no hubo problema, ya que sabemos que en 1480 se había terminado la rivalidad entre los dos nobles que incluso llegaron a emparentar, y el mismo año los reyes volvieron a pedir la colaboración de don Gonzalo para que se encargase de limpiar los montes de Aller de malhechores, ladrones y asesinos.
En 1483 la llegada a Asturias de un nuevo corregidor, don Luis Mejía, supuso la ruptura definitiva de "el Bastardo" con los Bernaldo de Quirós. Según don Juan Uría Ríu en su libro "Estudios sobre la Baja Edad Media asturiana", para oponerse a la autoridad de este enviado, el 9 de julio de aquel año, Diego de Miranda y Gonzalo Bernaldo de Quirós se presentaron en el convento de San Francisco de Oviedo «con pieza de gente armada de lanzas, escudos y ballestas, espadas y casquetes» hasta en número de ciento cincuenta hombres para presionar en la negociación con el escribano Alfonso Álvarez de Oviedo, que lo representaba.

. / Alfonso Zapico
El tono que llevaron las conservaciones queda claro cuando sabemos que poco después, don Alfonso fue retenido en Aller por "el Bastardo" exigiendo treinta mil maravedíes por su liberación.
Esta acción le convirtió definitivamente en una figura demasiado incómoda para los de su linaje y hacia el mes de septiembre, cuando estaba escribiendo una carta, fue sorprendido por una partida mandada por uno de los hermanos de Juan Bernaldo de Quirós, su homónimo Gonzalo el Mozo, y por Juan de Argüelles, con la intención de darle muerte.
"El Bastardo" pudo huir y se refugió en su casa fuerte de Aller, un lugar cuya ubicación desconocemos con exactitud, pero que, según expone con lógica Jesús Antonio González Calle, tiene que ser alguna de las torres que ya se erigían en este concejo en el siglo XIV: la de Pelúgano, la de Serrapio, la de Castandiello o tal vez el castillo de Soto.
Gonzalo Bernaldo de Quirós ya estaba sentenciado y al poco tiempo falleció a causa de una extraña enfermedad con unos síntomas que fueron identificados por los cirujanos de su época como una dolencia de «yerbas», y que ahora probarían un envenenamiento. Su amigo Diego Miranda se encargó de costear su sepulcro.
Normalmente identificamos con la antigüedad clásica estas intrigas familiares de gente bien en las que corre la sangre y los venenos y abundan las muertes no aclaradas, pero las Edades Media y Moderna tampoco se quedaron cortas y los Bernaldo de Quirós fueron de cuchillo fácil, aunque por su elevada posición casi siempre salieron impunes de sus crímenes. En otra ocasión traeremos algún ejemplo.
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