Opinión
Enrique del Teso, un lingüista en tiempos de cólera
"Relatos, acciones, verdad y movilización", el nuevo acto de Cauce del Nalón para este viernes 12 de diciembre en la Casa de la Buelga
Entiendo que el título que encabeza esta columna pueda dar lugar a equívocos. El sustantivo "cólera", aunque desempeñé la función de complemento del nombre, resulta ambiguo, en este caso, por su ambivalencia polisémica, si no se especifica bien a qué nos referimos. El cólera puede ser una grave enfermedad epidémica de origen bacteriano o, con solo modificar el artículo, un estado de ira, de enojo y de enfado, según señala la primera acepción que nos ofrece la Real Academia Española.
Pero, en este caso —al menos esa es mi intención—, puede significar ambas cosas, la de una enfermedad social que desencadena un estado de enfado, cuando no de virulento encono; es decir, una fusión del cólera como enfermedad y de la cólera como estado emocional. Si el cólera se transmite por la ingesta de agua contaminada o de alimentos insalubres que contienen la "Vibrio cholerae", o por las moscas que se posan por aquí y por allá dejando un rastro infeccioso imperceptible, la cólera social aumenta igualmente la fiebre emocional de los ciudadanos a través de los bulos que se contagian con la misma rapidez, y yo diría que con la misma morbilidad.
La diatriba entre la mentira y la verdad, o la sustitución de la verdad por la mentira, viene de lejos y no es una invención de los atusadores de las rubias ultraguedejas de Trump ni de la nueva gorgona madrileña. Ya Aristóteles, en su "Poética", refiriéndose a la composición creativa, a la tragedia, señalaba que era preferible "lo imposible convincente a lo posible increíble", y, por lo tanto, "la semejanza a la verdad". Es decir, que la mentira, con tal que sea verosímil y se asemeje a la realidad, es mucho más efectiva que la misma verdad, por muy científica y constatable que sea.
La mentira siempre se basa en la verosimilitud, en la que prima la inmediatez de nuestras emociones y sentimientos —por eso todo arte busca emocionar—, mientras que la verdad se fundamenta en la depuración racional, que la mayoría de las veces no es fácil de llevar a cabo sin esfuerzo. El efecto de la mentira es inmediato; el de la verdad es más lento, exige controversia y verificación, mientras aquella solo reclama inquebrantable adhesión a un sentimiento o a una desmedida pasión.
Las democracias occidentales, y entre ellas la española, están en riesgo precisamente por esta proliferación de bulos y mentiras utilizados como armas de invención masiva, que configuran relatos alternativos con los que se intenta subvertir las instituciones y despojar a los ciudadanos de sus derechos.
Son tiempos vidriosos —más que líquidos—, tiempos de zozobra, en los que el espacio público se ve cada vez más asediado por el dominio empresarial de las nuevas tecnologías que, poco a poco, van parasitando todos los medios de divulgación.
Enrique del Teso, como un nuevo don Quijote, se ha echado —diccionario en ristre— al camino a desfacer los entuertos de este tiempo y a combatir los molinos de viento que amenazan nuestra convivencia. Su fisonomía, en cambio, no es quijotesca, sino la de un antiguo trabajador del naval o la de un descargador de muelles de Gijón, siempre con un niqui de manga corta, por mucho frío que haga, indicando su presta disposición a las más pesadas tareas. Y no lo son menos las de desbrozar, como el Brocense, los mórbidos conceptos que día a día nos inoculan —por toneladas y a través de compulsivos dispositivos tecnológicos— los ideólogos del involucionista proceso retardatario.
Enrique del Teso es un profesor universitario, un lingüista respetado en el ámbito académico, que ha decidido, como los antiguos intelectuales, enfrentarse a la mentira y al bulo político en su viscoso predio. Para ello, no solo elabora vacunas semánticas con la intención de salvaguardarnos de la mórbida enfermedad que asola y desuela nuestra democracia, sino que también diseña estrategias partiendo del riguroso análisis de la realidad, lo que le ha convertido en un antropólogo del lenguaje, en un experto en cómo el lenguaje nos moldea en nuestras prácticas —y en nuestras libertades— como ciudadanos.
Este viernes, a las 19:30 horas, estará en la Casa de la Buelga, acogido por la cívica Asociación Cultural Cauce del Nalón. Enrique del Teso disertará sobre "Relatos, acciones, verdad y movilización". No se lo pierdan, escucharlo es todo un antídoto contra la cólera.
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