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Opinión | Pasado imperfecto

Franco y las cuencas mineras

Medio siglo de la muerte del dictador

No hace tanto tiempo que las cuencas mineras estaban consideradas como el motor más dinámico de la economía regional. Importantes empresarios e influyentes personajes invirtieron en los negocios minero-siderúrgicos cuando su rentabilidad era alta y segura.

Y por su carácter conflictivo e interés socioeconómico, Franco visitó los valles mineros en varias ocasiones como militar y siendo jefe del Estado. Aquí estuvo por primera vez en agosto de 1917 al estallar la fase más violenta de la huelga general revolucionaria.

A las órdenes del general Ricardo Burguete, se puso al frente de una columna que llevó a cabo distintas operaciones de control en las zonas mineras. Y parece ser que no participó en la sangrienta represión ordenada por Burguete para “sofocar a los huelguistas rebeldes”.

Paradójicamente, Franco recordaba años después que en los doce días que “había permanecido en aquellos lugares no recibió más que atenciones de los obreros, alcaldes socialistas y de toda clase de autoridades y personas…”

Por otra parte, el ministro de la Guerra nombró a Franco para organizar la represión del movimiento revolucionario de octubre de 1934 desde el mismo Ministerio en Madrid. Según Enrique González Duro, uno de sus biógrafos, Franco gozó de total libertad para “pacificar” a su modo el territorio vencido actuando como juez. Muchas de las represalias tomadas fueron innecesarias, crueles e indiscriminadas.

El propio Franco declaraba a finales de octubre que el proceso insurreccional asturiano podía considerarse como una guerra de fronteras. Una guerra para salvar a la civilización de la barbarie socialista y comunista. Tras la Guerra Civil, la represión política fue uno de los rasgos más sobresalientes del régimen franquista.

En 1946 tiene lugar la primera de las tres visitas que Franco hace a Langreo (y a otros municipios asturianos) en poco más de una década. Y lo hace ya como jefe del Estado.

Valor estratégico

Ese año, la Asamblea de las Naciones Unidas acuerda no admitir a España como uno de sus miembros. El régimen franquista se tambalea ahora peligrosamente. Por eso, en aquella apremiante coyuntura nacional e internacional para nuestro país, ese viaje a Langreo tenía un valor estratégico excepcional, sobre todo económicamente. 

La visita estuvo precedida de detenciones preventivas y otras extremadas medidas de seguridad. Sin embargo, como cuenta el historiador García Piñeiro, el comité regional del PCE procuró dificultar la visita interrumpiendo las líneas telefónicas, volando el tendido eléctrico en distintos puntos del entronque de las cuencas mineras y difundiendo octavillas en las que se instaba a no acudir a los actos. Acciones ahogadas por la fuerza del aparato propagandístico oficial.

Franco estuvo primero en la fábrica de Duro Felguera.Y luego, desde el balcón del Ayuntamiento de Langreo, se dirigió así a los obreros: “Ya sé cuánta es vuestra inquietud por los problemas del trabajo y por la seguridad social, y os digo que vuestro interés y vuestra inquietud son la de mías, las de mi Gobierno y las del Movimiento Nacional”. Un discurso oportunista apremiado por las graves circunstancias del momento. La guerra de fronteras de la insurrección del 34 parecía una historia pasada.

El 25 de agosto de 1949 vuelve a Langreo, declarándose aquel día festivo en todas las industrias del concejo. Tras almorzar en el comedor de obreros de Duro Felguera, inaugura oficialmente las nuevas instalaciones de la fábrica Ibérica del Nitrógeno (de la que solo quedan las reliquias restauradas) y pone en marcha después la central termoeléctrica de Lada a (después Iberdrola, prácticamente desmantelada). Unos días antes, Franco había sufrido un atentado fallido en Ponferrada cuando se dirigía a inaugurar la central térmica de Compostilla. Un episodio al que no se le dio publicidad oficial.

El 24 de septiembre de 1957, el dictador se desplaza a Asturias para presidir la inauguración de la factoría Ensidesa en Avilés. Por razones económicas, la siderurgia integral se traslada a un puerto marítimo. Una medida que marca el comienzo del desmantelamiento industrial de las cuencas. 

Ese mismo día estuvo en Langreo para inaugurar el reconstruido alto horno de Duro Felguera y conmemorar los cien años de la constitución de la empresa. Asimismo, en una breve alocución anunció entonces el fin de la autarquía, que considera un sistema económico desfasado y propio de los españoles de una mentalidad “raquítica y reducida”, como si la autarquía no hubiera sido una iniciativa de sus primeros gobiernos. 

Atraso

La incorporación de nuevos ministros tecnócratas procedentes del Opus Dei pondrá en evidencia que la autarquía no había permitido sacar al país de su gran atraso económico. Los planes de estabilización posteriores inician una nueva etapa (el llamado desarrollismo), que liberalizo la economía e impulsó su crecimiento. Y fue también un período salpicado de enconados conflictos políticos entre falangistas y tecnócratas por la hegemonía ideológica. Pero esa es otra historia.

Por último, se cumplen ahora 50 años de la muerte de Franco. En muchos de los trabajos publicados estos días sobre su figura y el régimen que acaudilló se incide con frecuencia en que la historia debía servir para conocer y superar las rémoras históricas que arrastramos los españoles. Sin embargo, la misma realidad política presente se encarga de contradecir ese papel magistral de la historia.

Sobre esta cuestión, Hegel escribió hace más de dos siglos: “Se recomienda a los reyes, a los políticos y a los pueblos instruirse ante todo mediante la experiencia de la historia. Pero lo que la experiencia y la historia nos enseñan es que pueblos y gobiernos nunca aprendieron nada de la historia, que jamás han obrado con arreglo a las máximas que de ella hubieran podido sacarse”. 

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