Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión | Pasado imperfecto

El centenario de un santo laico

Se cumplen cien años de la muerte del histórico líder socialista Pablo Iglesias

Pablo Iglesias Posse es un referente fundacional y una figura mítica del socialismo español. Cuando en 1879 se constituye el Partido Socialista Obrero, actual PSOE, forma parte de la comisión redactora del programa y dos años después es ya presidente perpetuo del partido. Esta primera organización socialista propugnaba como objetivo primordial “la abolición de todas las clases sociales y su conversión en una sola de trabajadores libres e iguales, honrados e inteligentes”. Una utopía aún inalcanzable.

Pablo Iglesias rechazaba en principio el sistema democrático. Sostenía que votar era una trampa burguesa. Sin embargo, cuando en 1890 se aprueba definitivamente el sufragio universal masculino en España (las mujeres no podrán votar hasta 1933, dos años después de proclamarse la Segunda República), defiende que ese derecho sería un excelente medio de agitación y propaganda del ideario socialista. Pero sigue advirtiendo que los trabajadores no deben olvidar que su acción revolucionaria tiene por fin supremo arrebatar el poder a la clase capitalista.

En las elecciones municipales de 1905 sale elegido concejal por el Ayuntamiento de Madrid. Y en 1910 se convierte en el primer diputado socialista en el Congreso. Y llegó a serlo gracias a la alianza con los partidos republicanos, aquellos a los que poco antes tildaba de burgueses y colaboradores del capitalismo.

Ortega y Gasset le dedicó entonces a Pablo Iglesias un encomiástico artículo en el diario madrileño “El Imparcial". Calificaba al recién elegido diputado de “santo laico”. Una santidad que para Ortega era política, terrenal, enérgica, activa, edificante.

Desde su primer discurso parlamentario, el líder socialista dejó claro que no era un político de medias tintas. Que llegaba bien curtido para enfrentarse en el Congreso a los hostiles embates de sus adversarios. Y lo expresó sin ambages: “Sé bien lo que son los asilos, lo que es el hospital, lo que es la cárcel, la autoridad gubernativa y la judicial. Y lo sé por ciencia propia”.

Pablo Iglesias estuvo varias veces en Asturias, y al menos cinco en Langreo entre 1892 y 1914. De sus intervenciones políticas en esta cuenca destaca sin duda la fiesta-mitin que tuvo lugar en Santo Emiliano el 31 de julio de 1911 organizada por los comités de la Conjunción Republicano-Socialista de Sama y Mieres. En aquel acto, que reunió a más de 15.000 personas, según la prensa regional, afirmó con énfasis que la unión de republicanos y socialistas era más imprescindible que nunca para erradicar definitivamente “cuanto sea de reacción, cuanto sea de clericalismo, cuanto sea de abuso de poder”.

Durante más de medio siglo, Pablo Iglesias desplegó una extensa e infatigable actividad política. En ese tiempo no le faltaron contumaces detractores. Sin embargo, para su compañero de partido, Juan José Morato, representó siempre un modelo de ejemplaridad ética y de radicalidad política: “Hasta el fin de sus días hizo cuanto pudo para no aceptar el servilismo, no tolerar jamás injusticia alguna, ni callar ante los desmanes de los poderosos. Luchó sin descanso para crear ciudadanos conscientes de sus derechos y de su dignidad. ¡Personas, no ceros!”

Se cumplen ahora cien años de la muerte de Pablo Iglesias. Y creo que su mítica figura quedará en la historia como prototipo de un tenaz luchador en defensa de los ideales socialistas.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents