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Opinión | A contracorriente

Alimentos afrodisíacos

La comida y su vinculación con el apetito sexual

Desde época inmemorial los alimentos afrodisíacos han estado sujetos tanto a los fogones como a la imaginación. Y es que para mí la cocina es una forma de seducción. Desde las ostras de Casanova hasta el chocolate servido en tazas humeantes en los salones barrocos, el ambiente de excitación y deseo ha estado ligado al paladar. Precisamente la palabra afrodisíaco proviene de Afrodita, diosa griega del amor y la belleza. Y en este caso los antiguos griegos y romanos ya atribuían propiedades eróticas a ciertos alimentos.

Plinio el Viejo escribió sobre los higos como “fruta de la fertilidad”, y en la China milenaria se celebraba el ginseng como tónico de la energía y la virilidad. Algo hay de cierto en estas aseveraciones, pero los expertos apuntan que lo verdaderamente afrodisíaco no está en el plato, sino en el cerebro como un proceso psicológico y emocional. La gastronomía sin duda alguna mantiene el poder simbólico y con los nuevos tiempos y la cocina de experiencias los restaurantes de alto nivel ofrecen menús afrodisíacos para parejas por San Valentín donde no faltan el marisco, el cacao o las especias.

Percebes.

Percebes. / C. C.

Aquí entra en juego la puesta en escena en un espacio cálido, sosegado, tiempos pausados, con las velas en acción y mucha complicidad en un trasfondo de sugestión y buenas sensaciones compartidas. Y en relación con los sabores decir que a mediados del siglo XX el gusto humano se describía en cuatro categorías básicas: dulce, salado, ácido y amargo. En 1908, el químico japonés Kikunae Ikeda identificó algo más, un sabor que no se ajustaba a ninguno de ellos. Una sensación de plenitud y persistencia que no venía del azúcar ni de la sal, sino del ácido glutámico presente en ciertos alimentos. Lo llamó "Umami", que en japonés significa sabroso.

Y este hallazgo no supuso una anécdota. Este sabor siempre estuvo ahí. En las algas kombu, en el parmesano rallado, en el jamón ibérico de pata negra, en el excelso queso Gamonedo. Todo un placer sápido que envuelve las papilas, la lengua salivando, uno deja de hablar, respira hondo y libera dopamina y endorfinas. Casi, casi, como un “orgasmo gastronómico”. Y en estos bocados con rango culinario de altura "umami" con toque afrodisíaco, puedo añadir las croquetas únicas de puchero de mi madre y los percebes, ”dedo de carpintero” del occidente astur. Placeres sensoriales que nunca se olvidan. 

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