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Malmenorismo

Las elecciones en Extremadura y las posiciones políticas y sociales

Son varias las frases y metáforas que se podrían citar para ilustrar el término al que aludo en el encabezado. Una sustancia, todo hay que decirlo, que sirve para cualquier época del año y, sobre todo, cuando la temperatura del ambiente se vuelve más gélida, como en los momentos actuales. Y no me refiero, precisamente, a las condiciones meteorológicas, sino al engrudo político que se cuece a todas horas, y cuya expresión más manifiesta, para referirse a unas elecciones, es "el drama de votar una y otra vez con la nariz tapada".

Cualquier elección de alternativas ha sabido de la presencia del "mal menor". Marx, Engels o Lenin, entre otros pensadores importantes, se han ocupado con detenimiento del tema. No ha habido ciclos de república democrática o de constitucionalismo burgués, entre otras etapas, por las que no haya transitado esta disyuntiva, tanto en acciones específicas, problemas generales u orientaciones políticas. "Mal menor" o "bien mayor" continúan batiéndose con ahínco en cada duelo, disputándose la calle pulgada a pulgada, y exhibiendo diversos argumentos que, en la mayoría de las ocasiones solo sirven para agrandar más el nudo del problema. (Me viene al recuerdo la primera frase que pronunció hace años un analista político cuando le preguntaron sobre el tema: "En menudo lío acaba de meterme usted", respondió de un modo amable y sonriente).

Como cualquier cola de tornado, que provoca situaciones donde las fuertes ráfagas de viento generan daños importantes, el tsunami de las recientes elecciones de Extremadura arrasó, con sus grandes olas, edificios y arquitecturas políticas, dejando entre los ciudadanos sensaciones más gratas o ácidas, según el cristal de cada cual. Era lógico, por tanto, que se pusieran en pie medios de comunicación, corrillos habituales y tantos otros instrumentos de crítica que nunca faltan en estas citas.

Y como la lógica camina a veces sobre un empedrado conocido, tenía el pálpito, mientras me dirigía al bar de siempre a tomar el habitual descafeinado, de que los ecos de esa tormenta me aguardarían nada más llegar. Y así sucedió. Fue abrir la puerta y darme de bruces con un mantel que iba más allá del resultado de estos comicios. Pues, como si la resaca de Extremadura hubiera dejado un rastro futurista, los componentes de la tertulia andaban afanados en tareas de prospección de cara a las elecciones generales.

Qué hacer si las fuerzas de izquierda no concurrían juntas, era el interrogante al que cada cual iba respondiendo según su visión. Parecía fuera de duda que esa era la opción preferida por todos, pero, a un tiempo, se abría un saco con varias opciones si no sucedía así. El "malmenorismo" salió pronto a escena. Se trataría de votar al PSOE, a pesar de sus reconocidas deficiencias, dado que lo que podría venir abriría una brecha de proporciones incalculables. Mas después se repasaron otras opciones: desde elegir a alguna formación minoritaria de izquierda que hubiera preferido iniciar la travesía electoral por su cuenta; votar en blanco, para expresar el rechazo al sistema y a los políticos que lo "abanican" (todos reímos la expresión) o incluso quedarse en casa.

Las alternativas se iban sucediendo, sin que acabáramos de ponernos de acuerdo. Por ello, a la hora habitual del mediodía, fuimos desfilando hacia nuestras casas. Por el camino, pensé que, por fortuna, aún quedaba tiempo para decidir en uno u otro sentido, y quién sabe lo que podría ocurrir hasta entonces. En todo caso, me pareció muy razonable el comentario que había deslizado uno de los tertulianos. Más o menos dijo que el "malmenorismno", o cualquier otra alternativa que se eligiera, nunca deberían ser elevadas a verdades absolutas e indiscutibles.

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