Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

A propósito de Europa (II)

El rearme del Viejo continente y las tensiones geopolíticas a nivel mundial

En efecto, tal y como habíamos dicho en la primera parte del artículo publicado en LA NUEVA ESPAÑA (05-11-2025), toca hablar ahora del rearme de la OTAN a cuenta de Europa. Efectivamente el imperialismo yanqui ha dado paso a un imperialismo ultrafinanciarizado y globalista que emplea al Estado, entre otros diversos medios, para imponer su capitalismo extractivo. Hay numerosas bases que este imperialismo reparte por el mundo, más de 800, entre las que se encuentran la Base Naval de Rota en Cádiz y la Base Aérea de Morón en Sevilla, así como el Centro de Operaciones Combinadas de Torrejón de Ardoz, que controla el espacio aéreo del sur de Europa. Todas ellas frente a la docena escasa que mantienen Rusia, China y otras potencias rivales. Es algo que habla por sí mismo.

La propia existencia de la OTAN, una vez desenmascarada su verdadera misión frente a su supuesta función ¡protectora! del Occidente europeo, es ininteligible fuera de estas necesidades del 0,1% de capitalistas de la ultrafinanciarización. Todas las naciones del llamado “imperio occidental” ya no son otra cosa que juguetes de esta secreta, en parte, élite de poseedores de recursos extractivos carroñeros. El deseado rearme de Europa, que más bien será sobre todo rearme de Alemania, representa el loco objetivo de reactivar “las naciones” para someterlas al globalismo y resucitar el nacionalismo guerrero como uno de los trucos para garantizar y aumentar la intensidad de sus procedimientos despreciables. Desde su lógica, los pueblos de Europa occidental pagarán muy caro su pasivo e indiferente comportamiento ante esta burda maniobra de saqueo por parte de sus élites a las “conquistas sociales” arrancadas a sangre y fuego.

¿Qué clase de sociedad tenemos en Europa? Se trata de una generación mayoritariamente adoctrinada en la vida muelle del consumismo cibernético, acostumbrada también a un ritmo raudo a la precarización en todos los órdenes de la vida: ya no más trabajo fijo, viviendo sin casa ni familia propia, transitando de la política del “hijo único” a la del perrito mascota. En definitiva, nos encontramos ante la primera generación de europeos que, en mucho tiempo, exceptuando las posguerras, vivirá peor, mucho peor que sus padres. Se trata de esa generación debidamente adoctrinada en el American Way of Life, que será también la generación a la que le vuelvan a meter entre ceja y ceja la necesidad supuesta de una guerra contra el peligro ruso.

Es notorio y evidente que Europa no ha conseguido esa unidad tan cacareada y una gran parte está percibiendo que esta Europa se ha unido en contra de los intereses de sus pueblos, que añoran de nuevo su soberanía y su propia moneda, arrebatadas en un proceso de “integración” dirigido desde arriba y siempre en provecho de las grandes finanzas y de opacos grupos de presión.

Por otra parte, estos pueblos no podrán identificarse ya con una izquierda imperialista y liberal, versión del siglo XXI de aquella aristocracia obrera denunciada en tiempos de Lenin, porque las clases medias pauperizadas comprueban que el discurso de la izquierda le es totalmente ajeno. Solo se les habla de la transición ecológica y Agenda 2030, entre otras lindezas, siempre reajustando el Estado hacia una gobernanza claramente neoliberal, de tal manera que las clases medias y obreras se hunden en la “liquidez” de un mundo sin contorno ni asideros, donde el miedo les hace dirigir sus votos, en España, hacia charlatanes como Abascal, del mismo modo que en otros lugares se hace lo propio con sus equivalentes autóctonos, tales como Trump o Netanyahu.

Si bien es cierto que George Soros nos está llevando a la ruina con sus pateras–taxi y sus mafias inmigracionistas, haciendo que la Armada y los estados nacionales de Occidente se reconviertan en grandes ONG's especializadas en el tráfico de personas, no menos cierto puede ser el hecho de que el voto anti-invasión migratoria esté también dirigido, justamente como drones y bombas desestabilizadoras, por sectores de ese poder de los grandes financieros carroñeros, donde la estrategia siempre es la misma: destruir, sembrar el caos, para luego hacerse aún más ricos “reconstruyendo”.  Gaza y Ucrania son el mejor ejemplo de lo dicho, antes de que le toque a España.

El panorama actual del comercio mundial de armas refleja una intensificación muy peligrosa de las tensiones geopolíticas en medio de la disputa entre los imperialismos consolidados y los que se encuentran en ascenso. En el mundo, más allá de los conflictos regionales y la lucha entre y contra el narcotráfico, Europa se reconfigura como un nuevo epicentro del rearme. Esta dinámica no solo responde a un contexto de guerra, sino a un viraje en la estrategia económica y militar del bloque.

Ante esto, la Comisión Europea ha aprobado un enorme plan de rearme militar (“ReArm Europe”) de ochocientos mil millones de euros, sin debate ni aval parlamentario, involucrándose la OTAN con el incremento mínimo desde el 2% del PIB, aprobado en 2014, hasta el 3,5%, aunque Trump ya reclama el 5% con amenaza de aranceles a quienes no lo cumplan. Este creciente militarismo se justifica con la propaganda bélica contra la “amenaza de Rusia” y la retórica sobre los “valores europeos” y la “democracia”, pero la realidad es muy diferente. Al criticar la brutalidad de Trump, las potencias europeas, que apoyan el genocidio de Gaza, actúan con la misma lógica imperialista que el líder estadounidense, es decir, se preparan para defender sus intereses y los de sus empresas con armas y cañones.

Lógicamente, esta imparable carrera armamentística está preparando el camino hacia el desastre para las clases trabajadoras, la juventud y el medio ambiente, porque para financiar el rearme e imponer su agenda militarista, los gobiernos de la UE se están preparando para ataques cada vez más brutales contra las condiciones de vida de las clases explotadas y para atacar los derechos democráticos.

Si no somos capaces de forjar una alternativa, tendremos imperialismo de un lado, bloques rebeldes de otro, y en medio una selva europea totalmente distinta de la imaginada por aquel dulce jardinero –un día disfrazado de verde caqui– que no era otro que Josep Borrell.

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS

Tracking Pixel Contents