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Opinión | Ventana indiscreta

Trump y la "indefensión aprendida"

La sensación de que, haga lo que se haga, no se influirá en el resultado

"La indefensión aprendida" es un estado psicológico que se manifiesta cuando una persona comienza a sentirse incapaz de modificar alguna situación o comportamiento, mediante sus conductas. En román paladino: que estamos perdiendo el tiempo. Y que es igual lo que se haga, ya que la situación continúa sin cambio.

Fue el psicólogo norteamericano Martín Seligman, quien experimentado con perros, mostró que si a un perro encerrado en una jaula, se ejercen sobre él determinadas acciones, y el animal aun realizando comportamientos positivos no se ve premiado, aprenderá que su conducta, sea la que sea, no tendrá consecuencias, positivas. Es la "indefensión aprendida", ya que el perro se marchará a una esquina de la jaula y no hará nada. Se conformará con su situación. Así, el psicólogo traslada a las personas esa indefensión en momentos concretos de la vida social y personal. Siendo, precisamente, no hacer nada, la muestra de la indefensión. Cuando deberíamos hacer todo lo contrario: mostrar nuestra disconformidad con lo que nos ocurra o esté ocurriendo.

Conjeturemos, así, ese estado de indefensión aprendida en la vida personal y social. El poder institucional económico y político, nos dicta y dirige hacia preguntas, que nos hacen en función de unos supuestos valores o bien de una falsa conciencia: ¿Cree que está bien pagado en su trabajo? ¿Cree en este sistema social? Pero, entre otras muchas, destacan por su inmersión en la vida privada de la persona tres: ¿Es honesto y leal con los demás? ¿Es obediente, a las leyes y normas? ¿Vota o no vota? Y la actual, ¿está usted de acuerdo con lo hecho por Trump, en Venezuela? Podemos responder positiva o negativamente, pero nos quedará, tal vez, la sensación de que todo da igual; que es una pérdida de tiempo las respuestas, que demos. Así, el individuo Trump, hará, lo está haciendo, lo que le dé la gana. Secuestrará y bombardeará, cuando y como le apetezca, con la indefensión total del resto del mundo. En nuestra vida cotidiana, los precios subirán, y los salarios bajarán o se estancarán, en comparación con lo anterior. El futuro para los hijos e hijas se verá, gris o negro. La vivienda, será "sine die", un problema…

Da igual que pongamos ganas y honestidad en lo que hacemos, sea desde el trabajo, sea en nuestra vida cotidiana o desde la contestación ciudadana. Y da igual, porque quienes deberían recompensar a las personas, en su devenir social, no lo harán. Los que tienen el poder nos mantienen encerrados en una jaula, cuya parrilla electrificada por el suelo la manejan a su antojo, al igual que el perro de Seligman. Sus descargas las realizan con mando a distancia aumentando o bajando la intensidad en función de sus intereses. Ese poder, que tiene nombres y apellidos, que tiene armas… nos enseña lo que es "la indefensión aprendida". El rincón del silencio, la aceptación de sus normas y sus verdades. Nos dicen que nada importa lo que hagamos o digamos. Que es mejor callar y asumir.

La izquierda, con su "dejar hacer" que está teniendo respecto al auge de la extrema derecha y a la anomia social y política existente, adopta esa indefensión que contagia a la ciudadanía. Ver y oír las insultantes posiciones y peroratas del presidente Trump, desde que está en el poder, atropellando, sin oposición, a la democracia y por extensión al mundo, sin tomar ya una posición crítica con el americano es, también, indefensión.

Hay que romper esta "indefensión". Se puede y se debe empujar hacia las puertas de la jaula, en la que parece estamos. Hay que salir de ella y encerrar en la misma a quienes previamente experimentaron con nosotros. Al menos, tenemos que intentar llegar al cerrojo de la puerta, abrirla y salir.

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