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Opinión | DANDO LA LATA

Prohibido cantar

La decisión del Ayuntamiento de Mieres de impedir que los trabajadores al público canten o escuchen música en el móvil

Existió un chigre frente al teatro Campoamor que tenía un cartel detrás de la barra en el que se leía: “Prohibido cantar y ser grandón”.

Ahora nos enteramos de que la autoridad municipal mierense ha decidido cortar de raíz los canturreos, tarareos, silbidos y cualquier clase de emisión musical por parte de los empleados. Como un monasterio cartujo, vamos.

No tenía la menor idea de que el Ayuntamiento se hubiera convertido en una especie de festival de Benidorm o de niños de San Ildefonso. Y mis colegas de tertulia, tampoco. “Al menos, si cantan y silban, se supone que están. Porque el silencio suele significar que no hay nadie”- razonó el administrador.

Pues qué quieren que les diga: a mi no me parece algo tan grave como para tener que prohibirlo, a no ser que cantasen fatal y provocaran daños auditivos a usuarios y mascotas. No se me ocurre lugar más acertado para la difusión de alegría y buen rollo que el ayuntamiento. “Bueno, eso depende de lo que canten, porque si les da por Ismael Serrano, se nos vacía el ayuntamiento y se nos sobrecarga Salud Mental”- reflexionó el vocal tercero, vocal y bocazas.

“Verás, a que éstos conectan el hilo musical y nos aturrullan con los grandes éxitos del coro del ejército ruso. Y se acabó el tarareo”- respondió el gerente, al que siempre rondan en la cabeza las ideas más pesimistas.

Miren que he acumulado impresiones sobre la plantilla municipal a lo largo de los años, casi todas poco favorecedoras, lo reconozco, pero esta novedad, este enterarse de que ahí tenemos una coral polifónica a la que el poder local pretende ahogar me tiene estupefacto. Es más, me sobrevienen impulsos de empezar a tenerlos en la consideración de víctimas. ¡Viva la música, carajo!

“¡Soy mineroooo!, cantaba el médico justo antes de perpetrar un tacto rectal”- apostilló el tesorero. “¿Y esa chorrada qué tiene que ver?” - le pregunté. “Nada, pero me prestaba soltarlo”- respondió. A veces me pregunto qué pinto yo aquí. 

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