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Un roble ataviado con una boina

Tenía la figura de roble. Majestuoso, de porte imponente, longevo y duro. Vicente Gutiérrrez Solís era un roble ataviado con una boina que generaba cariño y respeto. Duro porque los golpes lo obligaron. Pero sin mermar un carácter afable, que transmitía confianza. Y ante todo fue un luchador incansable. Primero por la libertad y la democracia. La represión franquista le dejó numerosas muescas, como hachazos en su consistente madera de militante comunista. El "hoyuelo" de su frente era una de las huellas más visibles de la crueldad de la tiranía. Sufrió cárcel, palizas, torturas, destierros, la prohibición de ejercer trabajo o desarrollar un negocio propio.

Otras señales eran internas, dejadas por ingratitudes, sinsabores, deslealtades, alguna traición política y la merma vital y económica de una vida de lucha con su inseparable Marcolina. Nunca se quebró. Resistió los golpes como hachazos con la fuerza de sus profundas convicciones y su enorme humanidad. Luchó desde el PCE, IU y CC OO por el bien común, por la libertad, la democracia, por trabajos dignos, los derechos laborales, por mejoras sociales y vecinales, nada le era ajeno ni menor.

Hace algunos años, pero no tantos, cuando ya estaba entregado al asociacionismo vecinal local y regional, llegó al periódico. Venía con su humildad habitual a "pedir", como él nos decía, que nos interesáramos por algún asunto que entonces le preocupaba. No recuerdo cuál era, sí que de menor trascendencia. Pero mostraba tal interés y emotividad en su afán por hallar una solución, por que atendieran su reivindicación, que el problema de una calle alcanzaba la trascendencia de la libertad de un país. Recuerdo que me conmovió. Insisto, ningún asunto humano le era ajeno, y mucho menos si se trataba de una injusticia, una desigualdad, una necesidad…

Luisma Díaz decía ayer en estas páginas que los periodistas íbamos a echar de menos a Vicentón. Y toda persona de bien, también. Su amigo Alejandro de Ancos le escribió en la redes sociales: "La inmortalidad la llevas contigo". Notaremos la ausencia de un paisano que se hizo querer y respetar. Y su figura de roble inquebrantable ataviado con una boina perdurará en nuestro recuerdo.

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