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Seresmitológicos

Se fue Vicente Gutiérrez Solís, un paisano de Langreo que luchó como pocos por derechos que hoy entendemos inquebrantables, unos derechos por los que hubo gente que llevó somantas de palos, que estuvo en la cárcel y que tuvo que abandonar su tierra. No son seres mitológicos, no son batallitas del abuelo, son personas con las que te cruzabas por la calle. «Era un vecino normal», dirían quienes no le conocían demasiado, pero no era así, su vida no fue normal, en el sentido que lo entendemos el resto, porque él no la entendía de otra forma. Vicente nació en 1933 con una guerra en la que «no hubo elección, murió quien pudo» y el fin de esa guerra incivil dio paso a una batalla en la que el langreano combatió hasta su muerte, un frío y extraño sábado de enero.

Su memoria se irá diluyendo. Nadie se acuerda de nosotros después de muertos. En unos años nadie recordará su boina, su bigote, su biografía. Nadie sabrá si fue deportado a Soria, a Menorca o a la isla de Elba; nadie pondrá como ejemplo su amor a Marcolina. Pero cuando un médico firma una baja laboral, cuando un trabajador disfruta de sus vacaciones, cuando una mujer decide qué hacer con su vida, cuando una pareja de homosexuales pasea de la mano por la calle. Ahí, en cada uno de esos momentos estará el legado de Vicentón, por muchos años que pasen.

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