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Opinión | Velando el fuego

Merece la pena

La posible unidad de la izquierda política para luchar contra estos tiempos de supremacismo

En un reciente y magnífico artículo, como todos los suyos, “Celebrar la vida”, Leonardo Padura escribía: “Pero, al llegar a esa edad que ahora transito, todo ese pasado debe esbozar un porvenir. Lo peor que puede ocurrirnos a quienes alcanzamos estas cifras es no poseer expectativas de futuro o sentirnos alejados de nuestro devenir…”. Por suerte, matizaba a continuación, ese no era su caso, pues, para el escritor cubano, la vejez es una forma de seguir viviendo.

Cierto es que hay personas que se sienten abandonadas por la sinuosa curva de estos tiempos, o, entre otras asechanzas, por los arriscados tambores de la vejez, y que, por ello, dan por perdidos los viejos sones de siempre, los que quedaron grabados en la canción: “Merece la pena, merece la pena/ que sigas luchando hasta llegar a la meta”.

Mas, del mismo modo, hay quienes no se resignan a que desaparezca la música que acompañó nuestros mejores momentos, esa lucha por volver a escuchar los acordes de la libertad, la sonora armonía de la igualdad y los latidos fraternos del corazón. Un modo, o el mejor modo, de darle gracias a la vida, que nos ha dado tanto, aunque en ocasiones no seamos capaces de distinguir lo negro del blanco.

Resistir en estos tiempos es, además de un homenaje a la inteligencia, una elección sabia para poder combatir el polvo que cubre tantos enfangados discos de la historia. Toneladas y más toneladas de un ácido supremacista que avanza haciendo que cada día se haga más difícil respirar libremente. Lo saben bien quienes llevan muchos años especializándose en tareas de intoxicación, pero, precisamente por eso, se hace cada vez más necesario fumigar el ambiente, unir hombro con hombro y avanzar juntos en los trabajos de saneamiento.

Solo de ese modo, formando una estructura musical indivisible y coherente, que a su vez respete los grados de comunicación de cada órgano, será posible conformar un conjunto armónico donde todas las voces converjan en el mismo objetivo.

Por lo que respecta a los actuales compases políticos de nuestro país, admitiendo, naturalmente, que las resonancias de moda están más cerca de una marcha fúnebre que del amistoso rock and roll, no me atrevería a aconsejar una melodía concreta. Me gusta mucho un arreglo musical de fuerzas a la izquierda del PSOE, como, del mismo modo, no tendría nada que objetar (la situación actual en el mundo se ha convertido en una peligrosa ópera bufa) a que esa pieza unitaria se ensanchara aún más con la presencia del partido del Gobierno. No me guía la cita de que en la variedad está el gusto, sino el convencimiento de que en determinados momentos un diverso rosal democrático puede aportar más oxígeno al ambiente. A pesar de los intentos de tantos jardineros, divididos entre un estribillo miope y un tímpano egocentrista, que siguen convencidos de que solo sus flores son las que están libres de hongos.

En coyunturas excepcionales como esta (antes, la izquierda confrontaba contra un reloj retardatorio y ahora lo hace contra una clepsidra fascista), sobra la rigidez de una música absoluta, interpretada por un repertorio selecto. Por el  contrario, se hace cada vez más necesaria una conjunción de estilos y de tiempos políticos que atrape a los electores. Merece la pena. A veces lo pide el libreto.

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