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De cómo Mieres apuntaló al Banco de España

Fábrica de Mieres se encargó, a finales del siglo XIX, del suministro de materiales de hierro para construir la edificación de la calle de Alcalá en Madrid

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La década de 1880 fue una época dorada para Fábrica de Mieres que se cerró con el fallecimiento de Numa Guilhou el 22 de octubre de 1890 y su reemplazo por Ernesto, su hijo, un "bon vivant" incapaz para los negocios. Entre los grandes contratos que se consiguieron en aquellos años el más emblemático fue el de elaborar todos los elementos metálicos de la sede del Banco de España, cuya primera piedra se colocó el 4 de julio de 1884 con la asistencia de la familia real, los dirigentes políticos del momento y lo más granado del mundo empresarial y cultural del momento.

En un principio, la idea era levantar dos edificios. El principal estaría destinado a las cajas y a la atención al público y contar al mismo tiempo con las salas necesarias, tanto para albergar los despachos principales, como las reuniones del Consejo de Gobierno y de Juntas Generales; en el segundo se emplazaría la maquinaria necesaria para fabricar billetes nuevos y destruir los viejos o defectuosos y también estarían las oficinas dedicadas a la recaudación de contribuciones. Pero, finalmente se decidió levantar uno solo en el chaflán que hace esquina entre la calle de Alcalá y Paseo del Prado, 

El responsable de aquel proyecto fue Eduardo Adaro Magro, hermano del ingeniero Luis Adaro. El arquitecto, nacido en Gijón en 1848, tuvo primero como colaborador a Severiano Sáinz de la Lastra y más tarde a José María Aguilar y Vela.

El 24 de octubre de 2023 se inauguró en Madrid la exposición "La arquitectura de Eduardo de Adaro y el Banco de España, un mundo en transformación", que iba a permanecer abierta cuatro meses: Con ese motivo también se publicó el libro "Eduardo de Adaro arquitecto del Banco de España", de la profesora de Historia del Arte Esperanza Guillén, que recoge mucha información sobre el papel de Fábrica de Mieres en la realización de este magnífico edificio.

La nueva construcción debía cumplir la doble función de servir de una manera eficaz como recinto dedicado a las operaciones financieras y a la vez mostrar a la ciudadanía la importancia simbólica del Banco de España. Para ello se buscaron materiales que pudiesen combinar la seguridad y el lujo: ladrillo de categoría, granito, mármol, estucos, adornos de escayola, cristaleras alegóricas y sobre todo hierro fundido de la mayor calidad. Se precisaba una enorme cantidad en las vigas, forjados y tragaluces, pero también para rejería, barandillas de las escaleras interiores, columnas, y un patio de caja de efectivo donde se quería evidenciar el poderío de la institución.

El arquitecto asturiano planteó el 28 de agosto de 1884, los pliegos de condiciones para el concurso de obras al que se presentaron catorce empresas entre las que estaban las prestigiosas Maquinaria Terrestre y Marítima y la Sociedad de Material para Ferrocarriles y Construcciones de Barcelona; incluso llegaron propuestas desde Bélgica, Francia, Inglaterra y Alemania.

Pero, entre todas, fue Fábrica de Mieres, avalada por la Medalla de Oro que había obtenido en la Exposición Universal de París de 1878, la que se hizo con el contrato que suponía elaborar la mayor parte de estos elementos metálicos y en muchos casos afinar en sus detalles decorativos; así, la hermosa biblioteca en la que se incorporaron detalles de Art Decó, entonces de moda. Algunas empresas más pequeñas también realizaron algunos trabajos menores, como las piezas más específicas de cerrajería, o las verjas bajas que rodean el edificio, el campanil y las puertas caladas, que se encargaron a la fundición de Bernardo Asins. Para las enormes puertas blindadas que daban acceso a las cajas se recurrió a una empresa de Londres que se comprometió a realizarlas con las mismas características que tenían las del Banco de Inglaterra.

Los planos fueron presentados en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1884 y premiados por voto unánime del jurado del concurso con medalla de primera clase. A la vez, muchos madrileños pudieron verlos expuestos y coincidieron en aplaudirlos.

El 30 de noviembre se celebró una reunión del Consejo de Fábrica de Mieres con solo dos puntos en el orden del día. Del acta firmado por Numa Guilhou, Jerónimo Ibrán y Buenaventura Junquera, transcribimos el segundo: «Aprobar la importante contrata celebrada con el Banco de España para el suministro de materiales de hierro a su edificación de la calle de Alcalá en Madrid». Y efectivamente, este encargo iba a ser uno de los más relevantes en la dilatada historia de nuestra fundición, tanto por el volumen de obra, como por la transcendencia para aumentar su prestigio comercial.

En octubre de 1889, Fábrica de Mieres mandó una carta a la comisión de obras comunicando que ya se había enviado todo el material para las armaduras de hierro y «que habían ordenado a su personal que lo terminara pronto y al ingeniero que se trasladara urgentemente a Madrid», lo que indica que la empresa también se encargó de seleccionar a los montadores que estuvieron trabajando en la capital.

Las numerosas columnas que embellecen las salas fueron decoradas con motivos de los órdenes clásicos y también con otros vegetales, tallos con flores de loto y elementos del Egipto de los faraones que en aquel momento deslumbraba a los europeos. Para Esperanza Guillén, «mención aparte merece la labor afiligranada de hierro fundido que define el antiguo patio de caja de efectivo, o caja general, ya que es el más refinado y monumental de cuantos trabajos de esta naturaleza se realizan en España».

Fábrica de Mieres iba a conseguir en 1888, aún con el edificio sin inaugurar, la Medalla de Oro en la Exposición Universal de Barcelona y en abril de 1892 incluyó en su catálogo publicitario Álbum de hierros especiales y construcciones metálicas, grabados con las diferentes columnas que se colocaron en el Banco y de ese patio de caja de efectivo, de la que sus directivos se sintieron especialmente orgullosos.

El encargo se ajustó al tiempo pactado, que los hombres de Numa Guihou pudieron cumplir porque la apertura del paso ferroviario por el puerto de Pajares en 1884 comunicando definitivamente Asturias con la Meseta hizo posible el transporte de las piezas pesadas hasta Madrid. Solo hubo pequeños retrasos que el Banco de España aceptó con normalidad y el 3 de marzo de 1891 el edificio se inauguró según lo planeado. La misma Esperanza Guillén señala que aunque en el contrato se había previsto una penalización por cada día de demora, no hizo falta aplicarla y Fábrica, igual que otros contratistas, recibió en deuda amortizable al 4%. el reembolso de la fianza que se había exigido previamente.

Sin embargo, ya se sabe que nadie es profeta en su tierra, y por diferentes motivos, entre los que debemos contar la nefasta gestión de Ernesto Guilhou que hemos adelantado más arriba, unos años más tarde Fábrica de Mieres iba a quedar relegada en la mayor obra metálica que se abordó en esta villa: su plaza cubierta dedicada a mercado.

Félix Martín Vázquez firmó en 2002 el artículo "El Comercio tradicional en Mieres: la Plaza de Abastos" para el n.º 2 de la publicación de ciencias sociales "Cuadernos de Mieres", contando la historia de esta instalación inaugurada el 1 de febrero de 1907 con productos de Duro-Felguera. En este texto se relacionan los materiales empleados en el gran mercado, que en su parte metálica lleva diferentes tipos de piezas, angulares de varias medidas, llantas, chapas de enlace, rollones, columnas, hierro dulce y fundido para las verjas y puertas de entrada, entre las que el autor destaca las cubiertas que se apoyan sobre armaduras de hierro descansando en 16 columnas de hierro fundido que, a su vez, cargan sobre plintos de cantería.

Por otro lado, el artífice del monumental edificio que alberga el Banco de España en Madrid se especializó en sedes bancarias: además de esta central que hemos visto trabajó para otras compañías, por ejemplo el edificio del Banco Hispano Americano emplazado en la actual plaza de Canalejas de la capital. También llevan su firma varios recintos penitenciarios, así la Cárcel Modelo de Madrid, del año 1876, o la Cárcel Provincial de Oviedo, según un proyecto de 1888, que alberga hoy al Archivo Histórico de Asturias. Eduardo Adaro Magro falleció en 1906 a los 58 años dejando un buen catálogo de construcciones en las que siempre dio relevancia a los elementos metálicos.

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