Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

El buque insignia del valle de Turón (I)

La evolución del Coro Minero de Turón

También en esta tierra, brotaron de la sima / un grupo de elegidos, compacto de cantores / prendida está en su arte, la imagen de la mina / y cuando lo despliegan, parecen ruiseñores                               

El tema que vamos a tocar hoy y tendrá continuidad en dos nuevos artículos, se refiere a una agrupación artística conocida en la galería nacional, galardonada internacionalmente, que ha representado durante muchos años -y lo sigue haciendo en la actualidad- a un territorio del centro de Asturias que en otro tiempo fue un emporio industrial de singular importancia, una especie de factoría gigantesca que, en el momento culminante de su historia, llegó a disponer de una nómina de ocho mil trabajadores. Una vez concluido el conflicto de 1936, el Colegio de La Salle actúa como hilo conductor en la actividad coral del Valle al crearse un coro que se nutre con algunos de sus alumnos más aventajados.

Serán, pues, los frailes lasalianos los encargados de recoger la antorcha que enlaza con la tradición musical de anteguerra (Orfeón de noventa voces fundado en 1927), de manera que aquella manifestación artística irá poco a poco cuajando en un conjunto de voces varoniles que proporcionará días de esplendor, incluso, allende de nuestras fronteras. En 1944, coincidiendo con las Bodas de Plata del Colegio, se celebró una gran fiesta alrededor de la misa cantada al mediodía (segunda pontifical de Perosi). La formación musical estaba integrada por el Coro de Hulleras de Turón que dirigía Aurelio Pardo, y por algunos de los alumnos del Colegio más cualificados para participar en el evento. Entre los primeros se encontraban los tenores Cotti, Dalmacio y Agapito; los segundos Adolfo y Floro del Visu junto a Vital Pardo; como barítonos Leandro Cienfuegos, Eugenio Fernández, Carrasco y Jesús Vázquez. Finalmente, los bajos Alfredo Rodríguez, Armando Fernández, Enrique Burguet y Santiago Cienfuegos.

Estas actuaciones se repitieron algunos años más, especialmente en las fiestas del Cristo y de Santa Bárbara hasta que, en el año 1948, un grupo de jóvenes llenos de entusiasmo musical, decide formar un ochote con el ánimo de consolidar en el Valle una agrupación como las de antes de la guerra. Estaba formado ese colectivo, que dirige Guillermo "el chato", por "Pepín el tenor", Manolito y Genaro Quevedo, Juan de la Fuente, Félix Vázquez "Pirín". Severino Minas y Jesús Vázquez; luego, a instancias del Colegio, se reunió un grupo de orfeonistas para cantar un triduo (tres días) en las fiestas de San Juan Bautista de la Salle, participando los anteriormente citados junto con otros antiguos alumnos. Interpretaron el “Caro mea” de Mittrer, el “Tantum ergo” de Vitoria y concluyeron con el popular himno al patrono que fue tarareado por el abundante público que estaba presente en el templo.

Ese tiempo, coincide con la llegada de un nuevo fraile que se integra en la comunidad lasaliana de Turón, quien va a influir decisivamente en el devenir de esa corriente musical que estaba resurgiendo en el Valle, superada la Guerra Civil española que lo había puesto todo "patas arriba”. Antes de continuar esta apasionante historia, es obligado que haga un inciso para evitar confusiones y malas interpretaciones. La mayor parte de estas líneas precedente, fruto de la investigación personal, se encuentra en mi libro “Memoria gráfica del Turón industrial (1880-1980)” que vio la luz en 1997. Pues bien, en una revista local publicada unos pocos años después, apareció como un documento sin firma. Así fue copiado, en algunas partes de forma íntegra y sin hacer constar mi autoría en ningún caso. Fue como si lo hubieran obtenido de la nada o como si alguien lo hubiera encontrado casualmente en el interior de una cajita mágica. Lo hicieron sin ningún miramiento, vale decir, sin poner mi nombre como era preceptivo. Yo suponía de dónde vino esa “simpática idea” por referirme a ello de forma irónica o de quien fue esa fea acción por expresarme en un tono más realista. No obstante, un día que pasaba por delante de mi casa el presidente del Coro de esos años, por pura curiosidad, le pregunté, aunque de forma indirecta, quienes estaban detrás de la redacción de aquella revista. Me confirmó lo que preveía: entre ellas se encontraba, efectivamente, la persona de la que yo sospechaba.

Siguiendo la historia del Coro que es lo más interesante, habíamos quedado en 1948, cuando en el valle de Turón como en el resto de la cuenca minera, se trabajaba a un ritmo trepidante para desencallar la economía nacional hundida a causa de la guerra pasada. En Turón había surgido un grupo de personas minoritario, pero con la firme proposición de recuperar aquella brillante etapa coral de la anteguerra. A toda costa pretendía reverdecer los laureles de una época próxima pero que parecía lejana a causa de un conflicto fratricida que en tres años de enfrentamientos había destartalado la nación. Y en esto, llegó el hermano Ginés. Religioso de una gran formación artística, su participación habría de ser determinante para la fructificación del proyecto que se venía intentando desde hacía un tiempo. Las sugerencias e insistencia de Paco el médico con el que entabló una noble amistad, le fueron convenciendo y animando en la dirección de la formación de un coro, pues como base se contaba con una gran afición y una cantera inagotable. Pronto se vencieron todas las barreras y la institución lasaliana de Turón dio luz verde a la idea asistiendo a la primera convocatoria medio centenar de personas a las que pronto se añadieron de forma entusiástica otros valores como Antonio Álvarez del Río, los hermanos Fidalgo, Germán Prieto, hijo del popular “Madrid” que había sido un excelente pianista en el Turón de los años treinta, y el más joven de todos ellos: Arturo Cardiaco con solo dieciséis años.

Así se fundó el Coro de La Salle que debutó el doce de octubre de 1950 en el cine “El Ateneo” y entre los primeros certámenes regionales en los que interviene, figura el de Ujo con motivo de las fiestas de la Asociación de las Escuelas Cristianas, obteniendo el primer premio, así como también en el Concurso de Villancicos de Mieres del Camino. Al abrirse a nuevos horizontes, el grupo se acoge al mecenazgo de Educación y Descanso, pasando a denominarse “Coro La Salle de Educación y Descanso”. También lo patrocina Hulleras de Turón comenzando a ser dirigido por Vital, hijo de Aurelio Pardo. Era el año de 1952. En mayo del siguiente año es invitado a participar en Madrid en la I Feria Internacional del Campo logrando el máximo galardón de masas corales.

Son voces musicales, viriles, melodiosas / que inundan sus gargantas y llevan por bandera / torrentes de armonía, de notas cadenciosas / historias de romances, de gente que es minera.

Al ser presentado por la megafonía existente, se anuncia al amplio auditorio de una forma completamente espontánea, que el conjunto asturiano está constituido en su totalidad por hombres de la mina. Ese es el motivo fundamental por el que, en adelante, ya solo se conocerá como “Coro Minero de Turón”

TEMAS

Tracking Pixel Contents