Opinión
Sotrondio 1935, aniversario republicano a ritmo de bailables
La gran celebración del 14 de abril de 1935 organizada por el Ayuntamiento de San Martín del Rey Aurelio
A cuatro años de haberse proclamado la república en España esta había pasado por una serie de vicisitudes sociopolíticas, algunas de ellas, como la Revolución del 34 -con resonancias nacionales e internacionales- especialmente traumáticas. La historiografía divide el período republicano español en los denominados Bienio Reformista (1931-1933) y Bienio Radical-Cedista o Conservador (1933-1936). Fue en este último, caracterizado por el acceso al gobierno de los partidos más conservadores del ala republicano, cuando se produjeron los hechos que motivan este artículo.
Los resultados de las elecciones electorales del 12 de abril de 1931 habían dejado en el concejo de Samartín del Rei Aurelio (SMRA) una inapelable victoria del bando antimonárquico -así eran apodados, aunque también recibían el nombre de antidinásticos, los socialistas, comunistas y republicanos- frente a los monárquicos. Los socialistas, con un aplastante número de votos, consiguieron quince concejales de los veintiuno con que contaba la corporación.
Tras la Comuna Obrera Asturiana del 34 el ambiente estaba especialmente enrarecido entre los antimonárquicos. La represión -más allá del debate sobre su alcance final- ejercida sobre los insurgentes por el ejecutivo de Lerroux, con el comandante de la guardia civil Lisardo Doval como uno de sus principales responsables, tuvo duros y crueles episodios, especialmente en las cuencas mineras centrales de Asturies. En la primavera de 1935, en la prensa todavía coleaban noticias de juicios -fundamentalmente por rebelión militar- relacionados con dichos sucesos. Así, por ejemplo, la práctica totalidad de los rotativos del país, incluidos los regionales, publicaban el trece de abril que un vecino de Sotrondio en un concurrido consejo de guerra en Xixón, con la presencia de “muchos vecinos” del reo, había sido “condenado a 15 años de prisión y al pago de 9.000 pesetas al Banco de España” por su participación en la rebelión “de Oviedo prestando servicios en el Banco de España” donde supuestamente se apoderó de una importante suma de dinero. La guardia civil hablaba de cuatrocientas mil pesetas.

La Banda de Música de San Martín del Rey Aurelio en 1935. / Cedida por Javier Antuña
El ayuntamiento de SMRA no sabemos si con el ánimo de templar los ánimos, o al contrario, decide celebrar, con la recién creada Banda Municipal -apenas contaba con cuatro años de existencia- el cuarto aniversario de la proclamación de la república “con una serie de piezas bailables en honor de la gente joven”. No se escatimaron recursos para un ambicioso programa que se iniciaba a las ocho de la mañana y se prolongaba durante todo el día poniendo a prueba las virtudes terpsicorianas de la orquesta municipal.
Blimea, Sotrondio y “Ciaño-Santa Ana” se despertaron aquel 14 de abril de 1935 con una “alegre diana” y a las once de la mañana, en la plaza Ramón y Cajal, a la que le quedaban pocos meses para inaugurar el quiosco de la música, habría un concierto de la Banda Municipal. Una hora después “lunch en el Ayuntamiento, en honor de los músicos, señores del Patronato y las autoridades locales”. A la una y media se organizó un banquete exclusivo para los músicos al que también asistieron los integrantes del patronato.
Repertorio
El plato fuerte, si nos atenemos al repertorio programado a ejecutar, se llevaría a cabo de nuevo en la plaza de Sotrondio a las cinco de la tarde y dedicado especialmente a la mocedad. Cuatro pasodobles, tres de ellos a “estrenar”, un tango, una ranchera, un danzón, un vals y una java, igualmente todos “estreno”, cerraban una exhausta jornada de conmemoraciones republicanas con los ritmos latinos como protagonistas centrales del concierto. Estos sonidos gozaban de bastante popularidad por lo que no era extraño que fueran incorporados a la lista de bailables a tocar.
Por supuesto, no podía faltar la correspondiente “cuota” de pasodobles -atávica representación sónica hispana- y que para la ocasión, además de algunos clásicos “Curro Caro”, “Chocolatina” o “Luz de Andalucía”, contó con la primicia de “Vamos por la Alameda” obra de Pedro Echevarria Bravo, primer director de la Banda Municipal samartiniega -si exceptuamos la inicial etapa formativa de José Lozano Ortega- precisamente hasta comienzos de abril de 1935. Posteriormente, y entendemos que en estos fastos filarmónicos antimonárquicos así debió ser, las riendas de la Banda las cogería Juan José García Renedo.
La relación de bailables reseñada no hace pensar en un bolo específicamente reivindicativo, no obstante, la coyuntura era favorable a aprovechar cualquier evento -máxime un 14 de abril- para las soflamas partidistas y la exaltación del credo antidinástico más izquierdista, sobremanera en SMRA, donde estas tenían un considerable predicamento. Apenas transcurrido un año de la efeméride músico-republicana de Sotrondio estallaba la guerra civil, materializándose un enfrentamiento bélico e ideológico de dos formas de gobierno antitéticas que si bien en ambas tenían cabida posiciones más o menos radicalizadas compartían -en tanto facciones opuestas- su rechazo/atracción a la institución monárquica.
Música y política
La música como atrezo de las acciones políticas es una constante desde tiempos inmemoriales. En los regímenes totalitarios o autoritarios conforma un entramado de apoyo hasta llegar a pervertir su idiosincrasia funcional a base de modular sus expresiones materiales (composiciones, arreglos, coreografías, discografía…) supeditándolas a su ideario gubernativo. Las melodías, ritmos y armonías son el terreno abonado para vehicular su mensaje, no sólo facilitando su asimilación sino sirviendo a su vez para crear ilusorios momentos de desinhibición emocional. Hasta ayuda a enmascarar la cruda realidad que se está viviendo por muy enardecidos, y comprometidos, que estén los ánimos.
La Banda Municipal de SMRA protagonizó en el Bienio Radical-Cedista uno de esos capítulos. Después vendrían otros muchos de distinto signo como la militarización bajo el bando republicano durante la fratricida contienda. En el franquismo fueron abundantes, incluido un homenaje a los vecinos alistados en la excéntrica e impúdica División Azul. Luego, con el advenimiento de la socialdemocracia, en múltiples actos sociales y gubernativos de desigual naturaleza. Pero con independencia de estos vaivenes históricos, no podemos olvidar su cometido como profusa, y en ocasiones excelsa, cantera de eximios instrumentistas ad extra de su propio contorno organizativo: orquestas y bandinas de música “ligera”, “de variedades”, “moderna”, actuando en un sinfín de romerías y festejos populares del Valle del Nalón y de Asturies, aun habiendo pagado el “obligado” peaje de participar en estos ideológicos acontecimientos.
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Javier Antuña es coleccionista de música asturiana
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