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Isabel Rivera Onís

Pedro de Silva, un ilustrado partisano

El expresidente del Principado presenta este viernes 13 de febrero en Langreo su libro de memorias, en un acto organizado por Cauce del Nalón

Hace medio siglo aún nevaba en los inviernos asturianos. Como aquel 21 de enero de 1976 en el que, aprovechando una de las fisuras de la bunquerizada dictadura más de mil manifestantes se concentraron en la Plaza Mayor para celebrar que Manuel Hevia Carriles, un socialcristiano al frente de una candidatura vecinal a la alcaldía de Gijón, había puesto contra las cuerdas al posfranquismo. Uno de los responsables de aquella operación, que agrupó a otros demócratas de diferente genio y condición, era Pedro de Silva Cienfuegos-Jovellanos, abogado de 30 años, líder de Democracia Socialista Asturiana (DSA), poeta, autor teatral y articulista hiperactivo. Finalizada la concentración ante la casa consistorial gijonesa, Pedro de Silva se puso al volante de un automóvil setentero, acompañado por el legendario periodista madrileño Miguel Ángel Aguilar, para asistir al homenaje, aún clandestino, en el cementerio civil de La Belonga a Manuel Llaneza, fundador del Sindicato de Obreros Mineros Asturianos (SOMA).

Aquel trayecto entre Gijón y Mieres del Camín, en un domingo de nieve era más que un guiño de fraternidad antifranquista, simbolizaba las esperanzas democráticas que latían tras la muerte, dos meses antes, del dictador Francisco Franco. También mostraba que aquel treintañero barbado ya tenía en mente ideas para la Asturias futura, que exigían asumir la historia y todas sus herencias y ser consciente de que una de las fortalezas de la sociedad asturiana residía en el músculo de la clase obrera organizada, especialmente la de las comarcas hulleras, y su alianza estratégica con el resto de la ciudadanía astur ante los inviernos que se avecinaban.

Este es uno de los pasajes de los que da cuenta Lo que queda a la espalda. Una memorias de Pedro de Silva dialogadas con César Iglesias (Trea, 2025), un voluminoso libro que recoge las conversaciones que el ex presidente de Asturias, escritor y jurista mantuvo con el periodista mierense durante dos años y medio y que va más allá de una biografía al uso, al convertirse en un relato plural de casi más de 60 años de la vida de todos los asturianos. Mañana, a las siete y media de la tarde, el volumen será presentado en la Casa de La Buelga, de Ciaño, organizado por Cauce del Nalón, en colaboración con LA NUEVA ESPAÑA, y con la participación de De Silva e Iglesias, del economista y periodista Melcho Fernández Díaz, exdirector de este diario, y de mí misma, presidenta de Cauce.

No había aún autovía entre Las Cuencas y Gijón, pero aquella vieja carretera que De Silva recorrió bajo la nieve hace 50 años es una metáfora perfecta de la fusión de dos de las almas territoriales y sociales que explican lo que fue y es Asturias, también del proyecto que en 1983 se materializaría con el primer gobierno autonómico elegido democráticamente por los asturianos que afrontaban serios retos en su porvenir. La Asturias del siglo XXI ya no es la de las aguas negras de Palacio Valdés. A ello contribuyeron con beligerancia y generosidad los habitantes de los valles mineros e industriales del Nalón y del Caudal, que a costa de su sacrificio económico y demográfico impulsaron la regeneración de la región. Los gobiernos presididos por Pedro de Silva adquirieron también un compromiso firme para buscar soluciones a los retos que acongojaban a los concejos mineros y que, desde un principio, permitieron definir una línea de acción, con un hito como el Plan de Actuación Integral para las Cuencas (PAIC), que ya en 1986 definió algunas fórmulas que aliviasen los efectos del fin de un modelo heredero de la primera industrialización y favoreciesen su regeneración ambiental, urbanística y económica.

Lo que queda a la espalda es una crónica de un tiempo y de una sociedad, con sus nombres propios, ejecutada con el metal de la verdad, sin aleaciones oxidadas ni ferralla barata. Historia, acontecimientos, anécdotas y reflexiones son los materiales con los que está construido el libro, donde se da cuenta de una vida política, pero también de una biografía intelectual. Pedro de Silva es homo politicus. Primero como partisano ilustrado frente a la dictadura, después como dirigente de banderías en la Transición y parlamentario con una sólida dialéctica de reflexión y restallu y, más tarde, como ejecutor de un programa sólidamente elaborado que permitió “hacer región, hacer país” frente al provincianismo de montera picona y a los localismos de las tribus. Su federalismo socialdemócrata y su asturianismo transitivo es una de las apuestas más serias que le debemos, frutodel matrimonio de la razón y de la acción.

Todo ello es consecuencia de una actitud vital e intelectual estajanovista, que tiene sus orígenes en la inquietud del hacer, pero sobre todo en la exigencia del pensar. Pedro de Silva, sin necesidad de emborronar su rostro político, es primero y más que nada un intelectual librepensador e ilustrado que desde su adolescencia versificadora ha frecuentado todas las geografías de la creación: la poesía, el teatro, la novela, el ensayo, la crónica periodística o ese minuto diario de filosofía, en expresión de Gustavo Bueno, que desde más de tres décadas practica en LA NUEVA ESPAÑA y en el resto de los periódicos de Prensa Ibérica.

Por eso, Lo que queda a la espalda no solo se queda en las andanzas políticas de Pedro de Silva. Aporta una visión mucho más amplia, capaz de otear los horizontes entre la borrina de las prescripciones y, por tanto, facultado para ejercer una rebeldía contra los lugares comunes. Va mucho más allá porque aquí están las narraciones y las reflexiones que configuran a Pedro de Silva como nuestro intelectual orgánico, haciendo uso en un salto alegórico del concepto acuñado por el santo marxista Antonio Gramsci, al trasladarlo a la persona que nos ocupa: un hombre que es capaz de desarrollar, divulgar y organizar una visión del mundo, en este caso del mundo astur, al que dota de un personal sentido común, es decir, racional y comunitario porque piensa y actúa por y para todos.

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Isabel Rivera Onís es presidenta de la Asociación Cauce del Nalón

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