Opinión
Alejandro Álvarez López
No era imposible: la larga lucha en Duro Felguera (1989-1999)
La presentación, este jueves en El Entrego, del libro que recoge esta larga lucha obrera, en un acto organizado por Cauce del Nalón

Alejandro Álvarez, con su libro. / LNE
En noviembre de 1989 Javier Ruiz-Ogarrio llega a la presidencia Duro Felguera con un plan de transformación de la empresa que implicaba el cierre o la reducción drástica en las dos divisiones más tradicionales de la empresa, la de fundición, constituida ese año como empresa filial, Felguera Melt, y las de mecánica y calderería, situadas en el taller de Barros. A lo largo de tres años presenta planes de reducción en ambos talleres, como la fallida operación de Eurometals para Barros o la suspensión de pagos en Felguera Melt. Pero la oposición frontal de los trabajadores a los despidos y su insistente exigencia de planes industriales va frustrando los planes de cierre de Ruiz-Ogarrio hasta que en febrero-marzo de 1993 presenta dos expedientes de extinción de contratos: uno de 83 despidos para Felguera Melt y otro de 149 para Barros.
A partir de ese momento se inicia uno de los conflictos laborales más largos e intensos de las últimas décadas, un enfrentamiento que los trabajadores de La Duro plantean como una lucha de resistencia sin desmayo, que se prolonga durante varios años y que culmina con notable éxito al alcanzar una solución para los 232 despedidos y la vuelta de la mayoría a la empresa. De esta forma la lucha de los de la Duro se convierte en un ejemplo de resistencia y de victoria que no tiene parangón ni en Asturias ni en España en bastantes décadas. Las claves del éxito fueron varias, pero destacan, sin duda, el planteamiento de la lucha como prueba de resistencia hasta lograr los objetivos; la inteligencia en la estrategia y los movimientos tácticos, dirigidos por un grupo compacto; la unidad de la mayoría del colectivo en la lucha contra la empresa, la Administración o, incluso, las direcciones sindicales; la capacidad de generar, con múltiples acciones, una presión sobre la empresa y sobre el poder político que obliga a estos a responder con ofertas cada vez más cercanas a sus objetivos hasta lograr una solución para los 232; el apoyo social logrado en la cuenca del Nalón y en Asturias; la lucha continua y tenaz del Colectivo de Mujeres de Duro, verdadera “mosca cojonera” ante la empresa y la Administración, y la habilidad comunicativa en los medios frente a los mensajes de la empresa y Gobierno regional.
El eje del conflicto se sitúa en el enfrentamiento de los trabajadores con la empresa y con el poder político para recuperar sus puestos de trabajo, con cientos de acciones de todo tipo (marchas andando o en bici, concentraciones, manifestaciones, sabotajes, huelgas, huelga de hambre, encierros -torre de la catedral o ayuntamiento de Langreo-, etc.), con periodos de gran intensidad o intriga sobre el camino que en algunas fases puede seguir el conflicto, con momentos épicos y de un sufrimiento considerable, con victorias parciales pero insuficientes, o con situaciones en las que todo parecía indicar que serían derrotados. Pero el largo conflicto también saca a la luz otros aspectos esenciales directamente relacionados con él. En este sentido, destaca el interés del plano político, pues los trabajadores obligan al Gobierno regional, frente a lo que este pretendía inicialmente, a involucrarse en la búsqueda de solución, obligándole a ser parte de la misma. Asimismo, el conflicto revela enfrentamientos intersindicales e intrasindicales de gran intensidad en algunos momentos. No menos interesante resulta el plano humano, dado el alto grado de sufrimiento personal que el conflicto implicó para los trabajadores en lucha, que tuvieron que soportar una huelga de hambre de 52 días, un encierro de 318 en la torre de la Catedral de Oviedo, un encierro de 75 días en al Ayuntamiento de Langreo y cientos de acciones que los mantuvieron en continua actividad hasta conseguir sus objetivos. Y no deja de ser interesante el aspecto mediático, pues este ha sido uno de los conflictos con mayor presencia en los medios, ya que empresa y trabajadores usaron los medios de comunicación como territorio de la confrontación.
La lucha de los trabajadores de Duro Felguera pasa en esos años por multitud de altibajos, pero ellos, como Sísifo, supieron remontar con una perseverancia encomiable en cada una de las ocasiones en las que todo parecía derrumbarse y las posibilidades de victoria se esfumaban. Por eso es un ejemplo de combate exitoso para los trabajadores, logrando una salida airosa para cada uno de los 232 despedidos, algo que nadie, salvo ellos mismos, creía posible en las primeras fases del conflicto, un triunfo indudable frente a la empresa y la Administración, e incluso frente a las direcciones sindicales, demostrando que “No era imposible”, como dice el título del libro que relata su gesta, en el que se recoge de forma minuciosa la larga trayectoria del conflicto y el resultado del mismo.
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Alejandro Álvarez López es autor del libro "No era imposible", que se presenta este jueves 19 de marzo a las 19.30 horas en la Casa de Cultura de El Entrego
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