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Opinión | Dando la lata

Cuchara de palo

Los bloqueos creativos y los desbloqueos culinarios

No es que la actualidad sea precisamente rácana en motivos sobre los que escribir, pero el cerebro -que por algo es el órgano humano menos conocido y comprendido- funciona a su antojo, con sus momentos, ciclos e intereses. Va para 27 años como columnista de este periódico y ya antes atravesé crisis de inspiración y estímulo para escribir, temporadas habitualmente cortas en las que dentro de la cabeza se interrumpe la relación entre el departamento creativo y el de redacción, como una especie de tapón que conduce al temido síndrome del folio en blanco, no por ausencia de ideas sino por la ruptura del canal natural de exposición. Pero este estado nunca se había prolongado tanto ni recuerdo haber padecido con la intensidad presente la parálisis de una de mis actividades preferidas, mi terapia personal, este particular modo de manifestación y relación con el exterior.

Hoy me siento ante el ordenador y me fuerzo a juntar estas letras para ver si de este modo, lanzándolo fuera, soy capaz de resolver esta situación de bloqueo. Un bloqueo, por cierto, que ha traído un sorprendente efecto secundario, que tampoco está nada mal, consistente en una exuberante afición por cocinar. Es como si mi cerebro, en vista de que la escritura se atascó, hubiera buscado otra opción para continuar creando y expresándome. Y así es, que me falta tiempo para llegar a casa y anudarme el mandil, con las neuronas cargadas de ideas, olores y sabores en vez de frases y reflexiones. Y Sánchez, Trump, la átona política asturiana y el “dolce far niente” de nuestras cuencas dejaron de interesarme. Es más, ahora mismo es pensar en escribir sobre ello y me ataca una pereza insuperable. Pero con una sartén y una cuchara de palo soy feliz.

Quizá sea que por fin esté llegando a entender la cita del insigne George Bernard Shaw: “No hay amor más sincero que el amor por la comida”. Y más aún cuando cuidas el guiso pensando en que los comensales serán tus seres más queridos.

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