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Opinión | Velando el fuego

Luces del pasado

La presentación del libro "No era imposible", sobre la lucha obrera de Duro Felguera,

En la vida social hay relaciones lineales y otras que son el resultado de una dependencia mutua, de una causalidad. Por ello, el pasado, el presente y el futuro están inextricablemente relacionados a través de una secuencia continua y cíclica. Las citas de un autor responden a su modo de ver el mundo, por lo que puede compartirse o no esa visión, de ahí que yo disienta del  proverbio árabe según el cual “Lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo”. Por el contrario, creo que el fuego del presente está teñido siempre con los rescoldos del pasado: basta con mirarnos al espejo para observar cuántos pliegues antiguos continúan reposando dentro de nosotros. O lo que es lo mismo: el presente es el resultado directo del pasado, de sus acciones y efectos y, simultáneamente, el punto de partida para arribar al futuro. 

La situación actual de Duro-Felguera me parece un buen ejemplo. Y no se entendería sin la lucha ejemplar que los trabajadores llevaron a cabo hace ya mucho tiempo. Un pasado que se desvela luminoso merced a la defensa unitaria de un colectivo empeñado (y lo consiguieron) en defender sus puestos de trabajo. En la actualidad, la empresa presenta una grave crisis (cualquiera que se asome a las noticias de la prensa o de otros medios de comunicación lo podrá comprobar) que, por lo mismo, hace presagiar un futuro cargado de tintes borrascosos, cuando no de formas inquietantes, de cromatismos tenebrosos y turbios parecidos a las pinturas negras de Goya y que podrían conducir a la desaparición de la misma.

El jueves pasado en El Entrego, en un acto organizado por Cauce, se presentó el libro “No era imposible”, donde su autor Alejandro Álvarez López y uno de los trabajadores implicados directamente en el conflicto, Gerardo Iglesias Campa, expusieron detenidamente el guión de este largometraje que dio comienzo en noviembre de 1989. Entonces, el plan de transformación de la empresa implicaba ya el cierre de divisiones tradicionales y los subsiguientes expedientes de extinción de contratos, que no tuvieron efecto pues, muchos años más tarde, esa amenaza culminó de un modo exitoso para los trabajadores, al conseguirse una importante solución para los 232 despedidos, lo que implicó una vuelta a la empresa.

Si bien la película ha concluido de un modo feliz, y esto es lo más importante, no debemos olvidar que durante la misma se han ido alternando distintos planos, más esperanzadores o lo contrario dependiendo siempre de cada momento. Apoyo popular, tanto comunitario como de afuera; importante participación del colectivo de mujeres; sabiduría en la estrategia empleada … pero también mucho sufrimiento. Entre tantos otros episodios, una huelga de hambre de 52 días o un encierro en la torre de la Catedral de Oviedo de 318 días, sin olvidar las inevitables secuelas psicológicas que deja una lucha de este tipo.

Hay palabras que se las lleva pronto el viento; mas hay otras que aún persisten por su carácter profético. Y cómo no recordar, a este respecto,  las que pronunciaron Terán y Tino, como portavoces del colectivo, refiriéndose siempre a “la falta de planes de futuro de la empresa”. “De aquellos polvos vienen estos lodos”, el refrán  podría, perfectamente, asemejarse a la situación actual. Aquel afán por favorecer las tasas de ganancia y el subsiguiente aumento de capital de la empresa, sin importarle para nada la vertiente humana, ha devenido, de un modo paradójico, en la grave cris actual de Duro-Felguera. De nuevo el pasado, el presente y el futuro frente a frente. Y por encima del horizonte, asoma la radiante luz de una lucha ejemplar y victoriosa, donde aquellos trabajadores eligieron porfiar antes que rendirse. “No era imposible” su gesta. Como así nos lo demostraron. .

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