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Opinión | Pasado imperfecto

Larga vida al Unión Popular de Langreo

La campaña emprendida por el equipo de fútbol para intentar salvarse

Un club de fútbol es casi siempre una organización de masas unitaria y uno de los símbolos distintivos de un pueblo. Capaz también de movilizar a una parte de la población, integrando en su entorno a personas de estamentos sociales, ideologías, culturas o edades más diversas. Y como cualquier organización viva y dinámica está casi siempre condicionado por el contexto social en que se desenvuelve. 

En el caso del Unión Popular esa influencia ha sido recíproca desde sus orígenes. El Unión surge hace sesenta y cinco años como efecto de la fusión de dos de los equipos de fútbol más importantes y rivales del concejo: Racing Club Langreano de Sama y La Felguera, Siderúrgica Círculo Popular. Ambos habían nacido en plena Primera Guerra Mundial, que fue un período de gran expansión económica en las cuencas mineras por la neutralidad de España. 

El 4 de julio de 1961 se reunían las juntas directivas de los dos clubs en el salón de plenos del Ayuntamiento para rubricar el acuerdo de su integración futbolística. Se cumplía así una vieja aspiración de buena parte de la sociedad langreana.

Esa esperada unión excedía el ámbito meramente deportivo. Pues no solo cerraba una enconada rivalidad deportiva en el terreno de juego, sino que contribuiría también a sellar viejos y más nocivos antagonismos localistas.

Al respecto, el entonces alcalde de Langreo, Alfonso Argüelles Eguíbar, declaraba que la fusión reportaría múltiples beneficios a todo el concejo. El primero sería formar un equipo capaz de ascender a Segunda División. Y al ser el fútbol un deporte eminentemente popular, “facilitaría la cohesión de todos los pueblos del municipio, sobre todo a Sama y La Felguera, venciendo antiguas rencillas y pasiones de un sector de la población”. Y años más tarde, otro alcalde de Langreo, Aladino Fernández García, sostenía que el Unión Popular “era ante todo el símbolo de unión de los langreanos y un instrumento de proyección como ningún otro”.

En el aspecto social, creo que las expectativas de la fusión se han cumplido sobradamente, pero no así las metas deportivas. El Unión Popular no lograría consolidarse en la Segunda División como pretendían sus fundadores. Distintas vicisitudes dificultaron ese objetivo. Por ejemplo, la población actual de Langreo es de casi treinta mil habitantes menos que la de 1961 como consecuencia del progresivo declive de su actividad minero-industrial. Y el Unión Popular no fue ajeno a ese ocaso económico y demográfico del municipio. Otros factores fueron asimismo debilitando el arraigo local del equipo langreano.

De todas formas, parece que ninguna crisis llegó a ser tan grave como la que ahora padece el Unión Popular, de cuya situación informó recientemente su guardameta, capitán y presidente de la junta gestora, Adrián Torre, en un video promocional. Así de contundente y casi dramática es su llamada de atención: “El Unión está en peligro y necesitamos a nuestra gente. Nuestro club atraviesa uno de los momentos más difíciles de su vida. Una grave crisis económica pone en riesgo nuestro futuro, por eso lanzamos esta campaña con un único objetivo: salvar al club. Necesitamos ayuda y cada gesto ayuda”. No se puede ser más preciso.

Estamos seguros de que el Unión Popular de Langreo, acaso el nombre más significativo de los clubs que integran las ligas nacionales, y que representa a un municipio que ha sido pionero en muchas cosas, superará este comprometido trance económico y deportivo. Un trance del que saldrá reforzado para abordar metas más esperanzadoras y ambiciosas en un próximo futuro.

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