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El desembarco de nuevos habitantes llegados de otras regiones y países

De un tiempo a esta parte en las calles de Mieres se pueden oír otros acentos y modos de hablar poco habituales en estos lares. Con la mina llegaron leoneses, castellanos, extremeños, andaluces y portugueses. Hoy, atravesando otra enloquecida crisis de vivienda, que ha provocado que la vida en buena parte de España sea económicamente insoportable, la irrupción de las nuevas tecnologías que, por ejemplo, facilitan el teletrabajo, y el evidente cambio climático, de efectos extremos, molestos e incluso peligrosos, parece que un lugar como Mieres, del que la gente solía marcharse como consecuencia de la crisis industrial, está recobrando cierto atractivo. Y es que, a pesar de la pérdida de población, aquí nunca desaparecieron las buenas condiciones ni la razonable calidad de vida, y eso que la comunidad política al mando se esforzó para preservar su cortijo aunque fuera a costa de dejarlo desierto.

Bueno, pues el caso es que, no por nuestros méritos sino porque por ahí lejos no hay quien viva, Mieres se nos está llenando de rusos, caribeños, madrileños, ucranianos, levantinos, baleares y hasta franceses e ingleses, que se unen a los ya establecidos, rumanos, chinos, pakistaníes, magrebíes…

Y como quien no quiere la cosa, parte de la despoblación de aborígenes está siendo compensada con la llegada de forasteros que aquí aún encuentran precios asumibles, condiciones de vida buenas, servicios bastante completos, un clima muy llevadero que cada día se parece menos al que tradicionalmente se asociaba a esta tierra, buenas comunicaciones, no lejos de casi nada y cerca de mucho, donde aún se puede vivir con tranquilidad.

Ahora va a resultar que el tremendo vaciado que hemos sufrido, con el consiguiente abandono de pueblos y aldeas, y la cantidad de viviendas cerradas, se ha convertido en argumento competitivo por mor de la desquiciada hiperinflación que afecta a las grandes urbes y los polos turísticos, y una casina en un pueblín o una colomina de nuestros barrios son ahora objetos de deseo para los que huyen en busca de paz, calma y una vida con menos penurias.

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