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Opinión | Ventana indiscreta

El trampantojo en política

El auge de la extrema derecha y el imparable declive de la izquierda transformadora

Estamos en un ascenso exponencial de la extrema derecha. Y en un declive total, hasta las cenizas, de la izquierda, que se hace llamar transformadora o radical. Entiendo, por la primera  al Partido Popular y a su tutor Vox. Y en la izquierda, IU y Podemos. En este artículo, me ocuparé en la que en mi opinión conforma la extrema derecha.

 PP y Vox, tienen como única idea de programa, es su ADN, y que intentarán que funcione, si es que realmente llegan a gobernar, las posiciones privilegiadas de las clases, digamos “más acomodadas”, condenando a las clases populares a un destino que ellos entienden está señalado: la servidumbre a los privilegiados. Llevan la idea que ignora  cualquier acción contra las desigualdades sociales; contra el desmantelamiento del trabajo asalariado, favoreciendo así, al capital financiero; igualmente, contra las reivindicaciones feministas, su dolor de cabeza.

Aún así, son votadas por las clases subalternas, que una y otra vez están en la recogida de las migajas del poderoso. En este avance de la extrema derecha, ciertos analistas entienden que es en el campo cultural, donde radica su protagonismo. Es posible  que así sea. Sin embargo, no deja de ser una paradoja, que se haga notar  la hegemonía cultural de la extrema derecha como estandarte de su discurso siendo, como es, la negación rotunda, precisamente, de la cultura, si esta la entendemos como espacio de crecimiento individual y colectivo, y que tanto PP como Vox, niegan. Su concepto de cultura es construir “ideología” con las frustraciones y con el malestar, con la sibilina   intención de transformar “el nuevo sentido común”, en su victoria totalitaria y no en el camino del “buen sentido común”.

La hegemonía que la ultraderecha busca conseguir es la que impone, no la cohesión sino la desintegración tanto del individuo como de la sociedad. No una mejor sociedad, sino la destrucción del proyecto social y común de todos y todas.

Este marco conecta con el pensamiento más brutal que hoy está representado vía Isabel Ayuso y su reconocido Milei, en una línea dura que propone jornadas extenuantes, recortes de derechos y un Estado mínimo como receta universal. Es, no nos engañemos, un discurso que se vuelve excluyente y que simplifica la realidad, de tal modo que la sociedad entra en un colapso de empobrecimiento, tanto en lo económico, como en lo cultural y en lo humano.

La hegemonía política de esta extrema derecha, no solo en España, es deudora de la cultura importada de Estados Unidos, del neoliberalismo más basto y grosero, que entiende a la persona, como mero objeto de explotación. Siendo esto así, el Estado sería mero instrumento en favor de los intereses particulares de las élites y el gobierno real del capital financiero. La cultura, sería funcional a la imposición de las élites sobre el resto. Es decir, la regresión social y económica será servida en bandeja de plata.

Me temo, que es el trampantojo el señuelo que se está utilizando como discurso cultural desde la posición ideológica aquí comentada. Al igual que una técnica pictórica centrada en generar una ilusión óptica mediante el uso de la perspectiva y la adecuada ubicación, ofreciendo una visión cuasi real de algo que dista mucho de serlo. Es el trampantojo del discurso de PP y Vox. Son como esas pinturas que mejoran la visión de una estancia, ideal para lustrar lo que resulta falto de brillo, pero que da el pego.

No quisiera finalizar, sin tener un recuerdo para las cenizas de la “Izquierda transformadora”, que aun con sus trampantojos, no levanta cabeza. Si su dios no lo remedia su final está escrito. ¿Qué, seguimos de turismo político?

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