Opinión | De lo nuestro / Historias heterodoxas
Muerte en Sueros
El asesinato a tiros, en 1967, de un militante de Comisiones Obreras en Mieres

La historia de hoy, vista por Alfonso Zapico. / Alfonso Zapico
En 1967 la minería de la Cuenca del Caudal vivía un momento de tensión permanente: en el mes de enero se habían registrado dos paros en Nicolasa; en febrero la huelga ya fue general y el día 18 once mineros se encerraron en el Pozu Llamas en una acción que fue recogida por la prensa internacional; a principios de abril hubo otro conflicto en Polio, y finalmente, en medio de este ambiente enrarecido, el primero de mayo corrió la sangre.
Siguiendo una práctica habitual durante el franquismo, cuando llegaba esa fecha, los obreros que se habían destacado en movilizaciones anteriores eran llevados a la cárcel de Oviedo para evitar que pudiesen participar en las manifestaciones callejeras que cada año recordaban el Día del Trabajo. Al terminar la jornada, dos de esos hombres volvían a sus casas pasando por Sueros, eran Pedro Ingerto y Lito Avín, "El Melandru", quienes se encontraron de frente con A.LL.I., quien venía seguido por su padre y un hermano que le recriminaban a voces algo que acababa de hacer.
Para su sorpresa, al cruzarse con Pedro y Lito sacó una pistola y les disparó dos tiros al grito de «ahí van dos cobardes más». Ellos pudieron salvarse y llegaron hasta el bar del pueblo donde se encontraron con el verdadero drama: allí el arma no había fallado y en el suelo del establecimiento estaba muerto José Luis Espina Arias, un militante de CC OO, a quien ellos conocían bien.
Las agencias oficiales trataron el suceso como una reyerta de taberna: «Un hombre resultó muerto de varios disparos de pistola en el curso de una discusión surgida en un bar del pueblo de Sueros, se trata de José Luis Espina Arias, de treinta y tres años, soltero, metalúrgico y vecino del referido pueblo. La Guardia Civil detuvo al agresor cuyo nombre se desconoce. El Juzgado de Instrucción incoa las correspondientes diligencias. El agresor disparó tres veces sobre la víctima. Uno de los tiros le alcanzó en la mejilla y otro en la región escapular: Rápidamente fue trasladado a la casa de socorro, pero ya ingresó cadáver».
Prensa clandestina
Sin embargo, la prensa clandestina lo explicó de otra manera. Ya en junio, "Mundo Obrero", órgano del PCE lo tuvo claro: «Es “vox populi” en Mieres que el asesinato del obrero metalúrgico Luis Espina, perpetrado el 1 de mayo en Sueros, fue obra de los pistoleros del gobernador civil, deseoso de “dar un escarmiento”. Lejos de aterrorizar y amedrentar a los mineros y obreros del metal, el crimen ha tensado los ánimos. Se recogen firmas abiertamente, al pie de un escrito dirigido al ministro de Justicia exigiendo el cese de los métodos terroristas y el castigo de los culpables».
Finalmente, ateniéndonos al atestado policial, veremos como el asesinato sí tuvo una motivación política, pero no estuvo planificado con anterioridad.
A las 0 y veinte minutos del día 2 de mayo de 1967, el cabo 1º de la Guardia Civil y un número del puesto de Ablaña redactaron su informe por supuesto homicidio reseñando que media hora antes había llegado al cuartel la noticia de que se había producido una agresión o reyerta en un establecimiento de bebidas de Sueros entre dos vecinos a consecuencia de la cual había resultado un herido por arma de fuego. Que, una vez cometido el hecho, el autor acompañado de su padre y un hermano se habían dirigido a Mieres, mientras la víctima, José Luis Espina, fue trasladado a su vez por su padre y por el dueño del establecimiento hasta la casa de socorro donde se apreció que había fallecido tras recibir un disparo en la cara y otro en la parte superior del cuerpo.
El autor de los disparos se encontraba en el cuartel de la Policía Armada mientras que su padre y su hermano se habían dirigido al de la Guardia Civil para poner en conocimiento el suceso, mientras que se había llamado a declarar a los testigos presenciales del hecho: el dueño del establecimiento y su mujer; cinco clientes que en aquel momento se encontraban allí y otros dos hombres, Pedro Ingerto Gutiérrez y Manuel González Avín, quienes hicieron constar que, a unos sesenta metros del lugar de los hechos, después de cruzarse con A.LL.I., su padre y su hermano, el primero había hecho otros dos disparos contra ellos cuando estaban de espaldas, sin que lograse alcanzarlos. En un reconocimiento posterior se encontraron tanto en la taberna como en lugar del segundo tiroteo un proyectil y los casquillos de todos los disparos que se correspondían con una pistola del nueve corto.

La historia de hoy, vista por Alfonso Zapico. / Alfonso Zapico
Según las declaraciones de uno de los testigos, todo se había iniciado cuando los dos hombres estaban en la barra de la taberna y tras unas palabras fuertes empezaron a forcejear. José Luis Espina cayó al suelo de un puñetazo y allí recibió tres disparos de pistola. Cuando este testigo quiso separar al agresor, este le puso el arma en el pecho diciéndole: «Chaval si no te apartas, vas tú». El testigo pensó inicialmente que la pistola era de restallones, pero cuando vio al caído sobre un charco de sangre, salió a la calle en busca de auxilio.
Otro declarante afirmó que José Luis Espina había llegado al bar sobre las veinte horas y se dirigió a él invitándolo a un vaso de vino; cuando el tabernero lo estaba echando, entró A.Ll.I. que pidió otro vaso para él y le dijo a José Luis: «ten cuidado no te vayas a emborrachar». Este contestó: «yo sé bien que no me emborracho así como así». Pero el otro replicó: «tan pequeño como eres igual te emborrachas» y José Luis respondió «pequeño soy en estatura, pero mayor en edad» o algo así. luego empezaron a discutir, hubo empujones y aunque José Luis quería acabar la pelea, el otro hizo un disparo y la bala le rebotó al testigo sobre la tetilla izquierda por lo que se asustó y salió a la calle sin poder ver más.
Otros testigos
Los otros testigos contaron más o menos lo mismo y uno manifestó que también había sido amenazado con la pistola para que saliese del establecimiento. Por su parte, Pedro Ingerto y Manuel Álvarez Avín manifestaron que, tras cruzarse con el agresor, este les disparó tras gritar «allá van los cobardes» y pudieron oír al padre que iba tras él recriminando su acción.
Cuando más tarde fue interrogado el asesino, manifestó que había sido molestado por la mañana por el fallecido frente a un bar de Mieres y que ya en la taberna de Sueros, José Luis lo había llamado cobarde y pelearon hasta que los separaron; entonces a él lo tenían sujeto sobre una mesa y al ver venir a su contrario quiso protegerse, sacó la pistola, para la que tenía permiso, y disparó, y que también era cierto que había vuelto a disparar en el exterior, pero estaba excitado y lo hizo solo con intención de asustar, ya que además uno de los dos hombres con quienes se cruzó era pariente suyo.
Lo cierto es que aquella mañana de Primero de Mayo se habían registrado incidentes en Mieres cuando la Policía quiso impedir una manifestación bastante nutrida y hubo fuertes enfrentamientos. "Mundo Obrero" informó exagerando lo sucedido «del hecho de que no pocos manifestantes arrebataron las porras a los grises y les sacudieron con ellas durante un buen rato». Esto seguramente nunca sucedió, pero sí tiene más verosimilitud la nota de que «también acometió a los manifestantes un grupo de pistoleros que llevaban la insignia de falange en la solapa».
Aquí estuvo tal vez el origen del asesinato. Dicen que el desgraciado autor del tiroteo, A.LL.I, cuyos datos personales he silenciado intencionadamente para no molestar a terceros, era un hombre de ideología franquista, solitario y con fama de huraño, que solía pasear acompañado por su perro. Fue procesado y falleció tras cumplir años de condena.
Por su parte, la víctima, José Luis Espina Arias, era un joven natural de Sueros, de buen carácter y estimado por los vecinos, antiguo alumno de la Escuela de Aprendices de Mieres, que había estado unos años trabajando en Europa y entonces vivía en la casa familiar junto a un hermano y una hermana. Al día siguiente, el entierro fue masivo y tanto los mineros de Polio y Nicolasa como los metalúrgicos de Fábrica de Mieres volvieron a parar en homenaje a su compañero.
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