Opinión | Ventana indiscreta
Lenin y la unidad de la izquierda
La siempre compleja unión de los partidos progresistas, desde sus inicios hasta hoy
En Capri, en abril 1908, se tomó la fotografía de Lenin jugando con Bogdanov al ajedrez y Gorky de espectador. Una fotografía total de la época. El oponente de Lenin en el tablero de los 64 escaques, pertenecía a la corriente idealista-filosófica, llamada “Machismo”, por Ernest March, físico y filósofo austriaco (1838-1916). En esa época Bogdanov era conocido por ser un gran camarada de Lenin y por luchar contra el oportunismo de los mencheviques. La posterior disputa ideológica entre los Machistas y los mencheviques “mosquea” a Lenin ya que entiende que se está asociando la teoría bolchevique que él defiende, con la “derechista” menchevique. Surge, pues, la división en el campo revolucionario del momento y se busca, cómo no, la “unidad de la izquierda”. Corría el año 1908. Ahora, corre el año 2026. Y ayer como hoy, la izquierda buscando el grial.
También en aquel momento hay alguien que busca la reconciliación, preocupado por el impacto que tal situación iba a tener en la unidad del movimiento revolucionario. Surge el escritor ruso, a su vez revolucionario, Máximo Gorky, amigo de ambos, que intenta reconciliarlos con el acercamiento imprescindible de las corrientes ideológicas que cada uno defendía. De ahí la fotografía de la partida ajedrecista. La reconciliación no fue posible y Gorky acusa a Lenin de estar actuando con orgullo y le dice que no entiende su fuerte rechazo a la reconciliación. La respuesta de Vladimir Ilich, es terminante.
“¿Qué clase de reconciliación puede haber, mi querido Alexei Maximich? Por favor, es ridículo incluso insinuar esto. La batalla es absolutamente inevitable (…) De hecho, aquí está el daño, la tragedia, si ni siquiera tú, un gran artista y un hombre inteligente, has entendido todavía en qué tipo de pantano se arrastrarán – arrastrando a otras personas después de ellos (…) ¿Es realmente tan difícil de comprender que detrás de todo el montón de sus frases grandilocuentes se esconde, en todo su esplendor, la terrible figura de la pequeña burguesía internacional con sus “complejo de ideas”, (…) Y quieres persuadirme para que colabore con gente que está predicando tales cosas. Preferiría que me descuartizaran.”
Con más o menos similitud a lo expuesto, las organizaciones de la izquierda patria, han dado el pistoletazo de salida para, por enésima vez buscar la unidad-reconciliadora y así plantar cara a una extrema derecha, Vox y PP, en auge en las encuestas y tal vez ganadora en las próximas elecciones generales. Debate ya histórico y siempre recurrente que se suele reabrir cuando hay procesos electorales, pero que pasadas las elecciones, se vuelve a la gresca de quién entiende mejor el “sentir del pueblo. Estamos asistiendo a declaraciones ampulosas, siendo algunas atrevidas y vergonzosas, además de unilaterales y viscerales, que más que unir, dividen, creando en el futuro voto desgana. Una desgana, que se explica porque él o la votante, no siendo estúpido, no está obligado a entender las diatribas falaces de líderes y lideresas que les piden ese voto: “la gente no entenderá que vayamos juntos”, “si vamos juntos mejoraremos las condiciones materiales de la clase obrera”, “no estáis a la altura del momento histórico”, o similares. Todas, en nombre de una clase obrera, que ahora se le llaman “gente” por ser un significante, dicen, que totaliza más a quién va dirigido el discurso. Es sencillamente impresentable este paternalismo e infantilización que de la clase obrera se hace desde algunos discursos.
Las diferencias entre la partida de ajedrez de 1908 y el pacto de los botellines de cerveza de 2016, además de ser más “sano” el primero que el segundo, ambos contextos son distintos y con grandes diferencias en la práctica política. Lenin deja entrever que el contenido bajo el paraguas del concepto izquierda tiene proyectos muy distintos, diría que antagónicos, y que por lo tanto no deben ir juntos o al menos si van que no se solapen.
Lo expuesto, solo quiere reflejar que la “izquierda”, es hija de la desunión y de la siempre larga teorización. Ambas no se cuestionan, pero en mi opinión solapan la realidad social de la gran mayoría de las personas de a pie. Más allá del Sol soberbioso que también, actualmente, entra en el juego dialéctico de la discusión. Esperemos que el futuro pacto, si es que lo hay, se moje con sidra asturiana. Muy diurética.
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