Opinión
El fatídico y trágico año 1888 en Boo
El rosario de calamidades sufridas por la localidad allerana ese año
En el año 1888 Boo acumuló una serie de desgracias, nevada y epidemia de viruela en noviembre y diciembre del mismo año, que culminaría a los dos días del recién estrenado año nuevo de 1889, con la mayor catástrofe minera registrada en Asturias. Un balance estremecedor de 28 víctimas mortales.
El rosario de calamidades para Boo en aquel nefasto 1888, se inició el 14 de febrero con una imponente nevada, no recordada por muchas generaciones anteriores. Nevó incesantemente hasta el 28 del citado mes y en Boo se alcanzaron, en la plaza del pueblo, espesores de nieve de 1,60 metros de altura y en su entorno se rozaban los dos metros. El pueblo permaneció aislado durante semanas. Los daños causados a la ganadería y pastos fueron incontables, prados y vegas se convirtieron en pedregales y la ruina de las cosechas se prolongó varios años. Hubo que espalar los tejados para evitar derrumbes de viviendas, cuadras, hórreos, etc. Las pérdidas de ganado vacuno y animales domésticos fueron muy elevadas. En definitiva Boo pasó a ser un verdadero páramo al igual que los demás pueblos del concejo.
Siguiendo con la cronología de los acontecimientos demoledores que afectaron a Boo, en la segunda quincena del mes de noviembre del maldito 1888, se desató una epidemia de viruela que afectó en principio a niños y ancianos y se destacaba, inicialmente, que no había afectado a los mineros. Fue una falsa visión porque entrado ya diciembre son muchos los mineros enfermos. Según datos de la época, el número de fallecidos fue de 34 y el de afectados 125. El alcalde de Aller visitó Boo acompañado de dos médicos para comprobar los efectos devastadores de la epidemia que en algunos casos cursaba con el tifus, sin olvidarnos que todas las epidemias tenían como fondo la temible turberculosis.
Otro de los problemas que planteaba la asistencia médica o religiosa era que médicos y sacerdotes por el efecto contagio, eran las primeras víctimas en sucumbir a la enfermedad como sucedería 30 años después en la mortal epidemia de 1918. Se recibieron varios donativos a favor de los damnificados, como las 25 pesetas de Antonio de Llanoponte desde Barcelona o las aportaciones económicas y ropas de cama de Antonio Sarri, Marqués de San Feliz a la sazón residente en Boo y que años más tarde tendría un papel fundamental en el desarrollo de numerosas entidades asturianas.
Finalizado aquel trágico 1888 y como colofón a tanta desgracia, el dos de enero de 1889 se producía la mayor catástrofe de la minería asturiana con una balance de 28 muertos. Como es una tema suficientemente abordado no vamos a extendernos en el mismo y nos circunscribimos al trágico 1888.
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