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Opinión | Dando la lata

Tómbola

La temática política ha pasado a convertirse en el nuevo cotilleo

A finales de los años noventa nació en Valencia un programa de televisión llamado Tómbola que acabó girando por diversas cadenas autonómicas. Aquel formato de tertulia – debate larguísimo, que duraba horas, sobre asuntos del cotilleo tuvo un éxito arrollador, tanto que fue copiado por muchas emisoras. La cosa consistía en dedicar un rato a entrevistar a un famosete y luego, hasta bien entrada la madrugada, despellejar a los personajes patrios del corazón. Y, como buenos españoles, divididos en bandos: los pantojistas y los antipantoja, los de la Preysler y los contrarios. Y así con todo bicho viviente que asomara en las páginas de la crónica rosa.

Aquella también fue la primera ocasión en que comenzó a tratarse la política como si fuera cotilleo, a partir de la entrada en escena de individuos como Boyer, los Albertos, Conde y tantos otros que lo mismo eran noticia en Expansión como en Semana. Posteriormente, el asunto se perfeccionó con la tropa de Marbella, Gil, Cachuli y demás joyas.

En poco tiempo, las parrillas de televisión se cargaron hasta la congestión de programas del corazón. Y hubo un periodo en que resultaba complicado ver otra cosa.

Hoy nos hallamos en una situación similar, pero con la temática política convertida en el cotilleo del siglo XXI. Pasas de una emisora a otra y lo que encuentras principalmente es la tertulia – debate focalizada en los asuntos políticos, aunque tratados con la ligereza y la falta de rigor del mundo del famoseo. Y con dos posibles formatos: el monocolor, en el que todos los participantes están de acuerdo, a favor de unos y en contra de otros, hagan lo que hagan, y el de trinchera, esto es, dos bandos irreconciliables enfrentados hasta la gresca, en los que sus componentes suelen ser designados por formaciones políticas para que actúen como “la voz de su amo”. Así, un programa tras otro, mañana, tarde y noche, las mismas caras se repiten, saltando de canal en canal.

Qué dirán hoy los que a Tómbola y programas similares denominaron “telebasura”.

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