Opinión
Medio siglo del colegio Maximiliano Arboleya
La trayectoria del centro lavianés y la evolución de la educación pública
Allá, por los setenta del siglo pasado, concretamente en mayo de 1976, en Barredos, pueblo de la cuenca del Nalón y concejo de Laviana, se inauguró el Colegio público Maximiliano Arboleya. Nombre del sacerdote, nacido en Laviana en 1870 y fallecido en Meres en 1951. Siendo en aquel tiempo una figura religiosa que destacó en el campo social, en España.

Medio siglo del colegio Maximiliano Arboleya
El colegio que este mes cumple sus cincuenta años de vida, tenía unas características sociales que lo hacían singular: un alumnado, hijas e hijos de obreros, en su mayor parte de la minería, que recibirían los primeros compases de la Ley General de Educación (LGE). Ley que vino a modernizar la obsoleta educación que hasta ese momento se impartía. Hablo de aquella famosa Enseñanza General Básica (EGB) que tantos dolores de cabeza dio, en un principio, tanto a docentes como a alumnos y alumnas. El desarrollo de la misma y el trabajo adicional que conllevó a maestras y maestros, fue titánico.
Hubo que pasar de la enseñanza autoritaria y monocolor de un franquismo en decadencia y represor a una enseñanza activa y democrática. Más respetuosa con el ritmo de las niñas y los niños y obviamente, con más respeto hacia ellos. Fue un tiempo que recuerdo con mucho afecto, que junto a las maestras y los maestros que formábamos el equipo de enseñantes del centro escolar, dimos todo lo que sabíamos y podíamos por la educación pública. Seguro, que el que esto escribe, cometió algún que otro fallo. Pero, seguro también, que nunca en detrimento de la niña o del niño, que asistía a clase.
Alguien dijo que "la dedicación a la enseñanza, y a la educación, hace más lento el paso del tiempo". Tal vez esta reflexión no esté descaminada. Si echo la vista atrás y pienso en mis años de maestro en la escuela pública, en este caso en el Colegio Público Maximiliano Arboleya, y reflexiono sobre aquellos cuatro cursos escolares, me viene a la mente que, sin duda y necesariamente, la educación del niño y de la niña consiste, entre otras cosas, en potenciar las capacidades y características esenciales de su evolución desde la niñez hacia adelante, hacia su vida futura. Un camino que requiere sea lento, sin prisa, y hay que recorrerlo con afecto y paciencia, para que no se tropiece en ese trayecto de vida, que muchas veces es pendiente y pedregoso.
La educación y enseñanza en edades tempranas, es decirle a la sociedad que espere, que no tenga prisa, que ahora son niños y niñas. Que mañana llegarán a ser personas de responsabilidad y, precisamente por eso, hay que ir necesariamente despacio. Lo dicho y más, se teorizaba y practicaba en este colegio de Barredos, de cincuenta años de historia, en el que tuve la suerte y el honor de desempeñar mi trabajo de maestro de EGB. Fue desde el 1 de septiembre de 1980, hasta el 31 de agosto de 1984, cuatro años.
Fueron años históricos en la vida de los españoles. El 29 de enero de 1981, dimite el presidente del gobierno Adolfo Suárez. El 23 de febrero, durante la votación para sucederle en la figura de Leopoldo Calvo Sotelo, se produce el asalto al Congreso por una compañía de la Guardia Civil al mando del oficial Antonio Tejero con la intentona de un golpe de Estado. El golpe tuvo consecuencias, entre otras muchas, en el campo educativo. Pero, es otra historia.
Se llega así, al 28 de octubre de 1982 donde un 76, 2% de los españoles y españolas con derecho a voto dimos el triunfo, por mayoría absoluta, al PSOE, siendo posteriormente Felipe González, presidente del nuevo gobierno. Este era el contexto social, en el que nos movíamos en el colegio Maximiliano Arboleya. Un centro escolar muy avanzado pedagógicamente en aquella época. En el que se trabajaba coordinadamente en las actividades tanto por niveles como por ciclos. Así como en otras actividades programadas para la autoformación.
Destacaba el trato democrático y de respeto al alumnado que se dispensaba en el aula y en los lugares de recreo. Fue, en aquel momento, un colegio donde sentíamos que la educación pública, es algo más que la mera enseñanza reglada y académica y que el alumnado es más que un contenedor en el que se deposita "conocimientos". Con esas premisas actuábamos e intentábamos hacerlas realidad. Si se consiguió o no, tendrían que decirlo los antes niños y niñas y ahora adultos. Feliz , pues, y merecido aniversario, este sábado 30 de mayo.
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