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Opinión | Tribuna

Enrique Pañeda

La Inteligencia Artificial y nosotros que la quisimos tanto

Reflexiones antes de la charla "De la era de la información a la era de la inteligencia", que el lingüista Enrique del Teso ofrecerá este viernes en Langreo

“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, era la época de la sabiduría, era la época de la locura, era la época de la creencia, era la época de la incredulidad, era la estación de la Luz, era la estación de la Oscuridad, era la primavera de la esperanza, era el invierno de la desesperación…” es la famosa frase con la que Dickens inicia su novela “Historia de dos ciudades”. ¿Nos ayuda hoy a situarnos en el escenario que tenemos delante? ¿Es la inteligencia artificial y su revolución en el mundo de la información la puerta de entrada a un mundo donde se expanda el conocimiento y nos volvamos más inteligentes, más comprensivos y empáticos? No hay una respuesta fácil a esa pregunta porque ya vamos sabiendo que más importante que la cantidad de información es la forma en la que esta nos llega. Nuestro cerebro trabaja mejor cuando concentramos la atención en el aprendizaje y un teléfono inteligente es una máquina de distracciones que rompe nuestra concentración y fragmenta nuestra atención.

¿Cómo se está desarrollando hasta ahora el despliegue de todo el potencial que ofrece la inteligencia artificial en nuestras sociedades? ¿Cuáles son los principales actores y cómo se gestionan los contenidos de la IA para que su desarrollo sea compatible con una sociedad justa y buena? Porque son hechos preocupantes ver a esas empresas tecnológicas (Google, Amazon, Meta, Microsoft…) adquirir un tamaño económico que las convierte en las instituciones más poderosas del mundo (¿junto con el Partido Comunista chino?). Tal parece que estemos volviendo a los tiempos de la poderosa Compañía de las Indias Orientales que, bajo el amparo de la concesión hecha por Isabel I en 1600, tuvo la exclusiva para comerciar en la región del Océano Índico y dar comienzo al colonialismo británico.

Guerra

Los actuales tambores de guerra que atruenan Irán y el Medio Oriente se entienden mejor si consideramos la violenta convergencia de tres fuerzas centrales en la sociedad norteamericana: el complejo militar industrial ya denunciado desde los tiempos del presidente Einsenhower, la industria tecnológica cuya base principal está en Silicon Valley y las grandes reservas de capital privado acumulado por las clases capitalistas transnacionales. Tres fuerzas que convergen y se superponen de diversas maneras para producir formas de violencia que son nuevas en su profundidad y su intensidad. La concentración de poder y riqueza en manos de unos pocos oligarcas, algunos de ellos defensores de una suerte de incompatibilidad ideológica entre libertad y democracia donde esta última sería la sacrificada, pone en marcha un círculo vicioso en el que la ideología alimenta el capital riesgo, este captura el Estado que a su vez alimenta los mismos intereses privados que lo apoyaron. Y para complicar más un escenario que ya está lleno de inseguridad e incertidumbre los desarrollos de la guerra en Irán han puesto de manifiesto que la inteligencia artificial y la tecnología bélica también sirve para que el pequeño haga frente al grande y lo haga con un muchísimo menor desembolso económico.

¿Tenemos que aceptar que se han desencadenado fuerzas tan poderosas que nos llevan a un panorama sombrío? No necesariamente. Empiezan a aparecer respuestas que plantean la defensa de una inteligencia artificial pública (Suiza, Canadá). Taiwán presenta un modelo de gobernanza tecnológica más convincente, siendo la idea clave que la inteligencia artificial puede mejorar la participación democrática en lugar de su instrumentalización por el control privado. Requiere algoritmos de código abierto, datos de entrenamiento de los modelos transparente y supervisión ciudadana. Y ya hay una realidad que pasa desapercibida: existen infraestructuras tecnológicas construidas y gobernadas por comunidades sin ánimo de lucro, que funcionan a escala planetaria y que, en muchos casos, superan en calidad y fiabilidad a sus equivalentes corporativos. Estamos hablando, por ejemplo, de Linux (sistema de código abierto que sostiene Internet), Wikipedia (la enciclopedia digital del bien común), guifi.net (Internet como infraestructura comunitaria), Decidim (democracia participativa con código abierto) o Sam Energia (energía renovable y cooperativa).

Un horizonte más prometedor no se conseguirá sin esfuerzo y compromiso individual y colectivo. Como dijo recientemente un activista norteamericano: “cada vez que veo un vídeo en YouTube de un comentarista con una audiencia considerable despidiéndose con la petición de que sus espectadores se suscriban y den “me gusta” a su contenido, me dan ganas de explotar. ¿Y si estos comentaristas pidieran a su audiencia que se unieran a una organización local o sindical o que proporcionara una lista de grupos y movimientos con los que la gente pudiera conectar para detener las guerras, en lugar de analizarlas y denunciarlas sin cesar?”. El camino hacia un mundo más amigable requerirá pasar de una resistencia individual y fragmentada a la creación de espacios donde podamos juntarnos para llevar a cabo debates razonados que nos hagan más fuertes y conscientes de todo lo que esta en juego. Y desde la asociación Cauce del Nalón pondremos nuestro granito de arena en esa tarea con la charla y el consiguiente debate que tendrá lugar el viernes 15 en las Escuelas Dorado de Sama, y para la que contamos con la siempre interesante presencia del profesor Enrique del Teso. ¡Os esperamos!

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Enrique Pañeda es economista, presidente de Amnistía Internacional en Asturias y socio de Cauce del Nalón

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