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Opinión

Mónica García Cuetos

Mónica García Cuetos

Historiadora, experta en patrimonio industrial

Cien años de la remodelación de la cárcel de Laviana

Un inmueble del que ahora solo quedan dos vestigios, un círculo de piedra y la antigua campana

En el año 1835 Laviana se convirtió en cabeza de partido judicial al amparo de la ley que reformó las demarcaciones en nuestro país. No era poca la importancia de esta nueva circunstancia para un municipio como el nuestro. Sin ir más lejos, gracias a ello, contamos a partir de 1861 con registro de la propiedad.

Un contratiempo nos hizo perder esa condición durante tres años. La responsable fue otra reforma legislativa aprobada en 1893 que establecía una nueva división suprimiendo el partido de Laviana y, con ello, el juzgado de primera instancia. La prensa local se hizo eco de este hecho, reivindicando su restitución, que finalmente se producirá en 1896. En el número siete de la revista "Laviana" de octubre de ese año, se anuncia la reinstalación del juzgado en La Pola, “renaciendo en la villa la animación y el movimiento que supone un tribunal de tanta importancia” en palabras del redactor de la publicación, Gaspar García Jove Alonso.

Sin embargo, disponer de un edificio de nueva planta destinado específicamente a juzgado y cárcel de partido, no fue posible hasta 1884; el lugar elegido para su construcción fue La popular plaza de La Pontona de la Pola.

En los primeros años de la década de 1920 el lamentable estado en el que se encontraba el edificio movió al juez titular del momento, Alfonso Calvo y Alba, a promover su recuperación. Con el apoyo de la corporación municipal se llevó a cabo una profunda renovación que seguía los dictados de la nueva ciencia penitenciaria, un empeño del propio Calvo. El nuevo edificio contaba con servicios como una escuela-biblioteca, sala de lectura, frontón, jardín y celdas para presos políticos. Rematando la austera fachada abierta a la plaza se dispuso un frontón coronado con reloj y campana, dos elementos fundamentales para marcar ritmos, turnos y rutinas en un establecimiento como el que nos ocupa. La inauguración de la cárcel remodelada tuvo lugar el 11 de abril de 1926.

Cien años después solo conservamos dos vestigios de ese modélico edificio. El círculo de piedra que enmarcaba el reloj mantiene su función, señalando el tiempo, en este caso en formato digital, a los vecinos de La Pontona, con la información añadida de la temperatura ambiental. La campana también ha sobrevivido, en este caso gracias al empeño de un empleado municipal que evitó su venta. Conocida hace pocas semanas su existencia podemos presumir los lavianeses de contar con un ejemplar de la firma Moisés Díaz, una fábrica palentina de campanas y relojes de torre. La noticia publicada en 1907 sobre la partida desde Gibraltar de un gran reloj de cuatro esferas y un carrillón de 12 campanas con destino a Australia, nos da la medida del prestigio mundial de esa marca y de que, de algún modo, esa campana almacenada en dependencias municipales nos hermana con un país casi en las antípodas.

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